Gaza, bajo el asedio mortal del hambre
Más de 100 organizaciones humanitarias, entre ellas Oxfam y Médicos Sin Fronteras, denunciaron la hambruna masiva en el enclave palestino.
Gaza está muriendo de hambre, de hambre forzada. Literalmente. Es una realidad pavorosa transmitida en vivo y en directo, que podemos ver en las pantallas de nuestras computadoras y de nuestros televisores. Una tragedia que se desarrolla ante los ojos del mundo, sin que el mundo haga gran cosa, salvo contadas excepciones.
El ejército israelí ha sometido a la población civil palestina a un asedio despiadado, bloqueando el paso de alimentos, medicinas, fórmulas para bebés, ayuda humanitaria. Israel cerró los numerosos centros de ayuda de las Naciones Unidas en el enclave, y en mayo abrió solamente cuatro centros de asistencia de una entidad privada que organizó con Estados Unidos. Esos centros se han convertido en lugares peligrosos, en emboscadas: los soldados israelíes han abierto fuego frecuentemente contra los que acuden en busca de comida para ellos y sus familias.
Hambruna masiva
Este miércoles 23 de julio, más de 100 organizaciones humanitarias, entre ellas Save the Children, Oxfam y Médicos Sin Fronteras, denunciaron en un comunicado conjunto la “hambruna masiva” en Gaza. Y el martes, la ONU declaró que las tropas israelíes han matado a más de 1.000 palestinos que buscaban ayuda en los controvertidos centros de asistencia organizados por Israel y Estados Unidos.
Las imágenes de niños famélicos, de madres desesperadas, de civiles asesinados por las mal llamadas Fuerzas de Defensa de Israel, de hospitales colapsados, deberían impulsarnos a una acción colectiva para que nuestros gobiernos detengan el horror.
Esto no es una guerra, es una limpieza étnica con el fin perverso de exterminar a un pueblo para robarle su territorio, su hogar; un genocidio. Las pruebas son devastadoras: el enorme número de víctimas civiles –más de 60.000, según el conteo más conservador–; la destrucción sistemática de viviendas, escuelas, hospitales y panaderías, y las declaraciones de altos funcionarios israelíes que deshumanizan a la población palestina. Las víctimas civiles que han perecido bajo la metralla israelí, y los que hoy sufren hambre, no son daños colaterales. Son dos millones de personas, incluyendo niños y ancianos, a quienes Israel los ha privado del acceso a agua potable, alimentos y medicinas. Es un castigo colectivo por el ataque terrorista de Hamás en el sur de Israel, el 7 de octubre de 2023. Pero un castigo colectivo es un crimen contra la humanidad.
Estas acciones despiadadas ocurren a diario con pleno conocimiento de los gobiernos más poderosos del mundo. Estados Unidos, el mayor aliado de Israel, no deja de enviarle armas y miles de millones de dólares, y lo apoya con su poder de veto en los foros internacionales, aun cuando en ocasiones ha denunciado la catástrofe humanitaria en Gaza. La Unión Europea, con honrosas excepciones, no ha tomado medidas decisivas mientras manifiesta su “preocupación”. Cierto: España, Irlanda y Noruega reconocieron al Estado palestino el pasado 28 de mayo. Pero hay que hacer más para salvar a bebés de morir deshidratados o de desnutrición en incubadoras sin electricidad.
Alto el fuego ya
La comunidad internacional debe actuar ya. El alto el fuego tiene que ser inmediato. Es urgente abrir todos los pasos fronterizos para que entren los camiones con alimentos y medicinas sin restricciones. Hay que proteger a los trabajadores humanitarios, y también a los periodistas, que han sido atacados y hasta asesinados por las IDF pese a que están bien identificados con emblemas reconocidos internacionalmente. Y se necesita poner fin a la impunidad. Los crímenes de guerra no se pueden repetir.
No se puede justificar a Hamás ni los crímenes que cometió el 7 de octubre. Pero la represalia israelí tampoco tiene justificación. Es preciso defender un principio básico del derecho internacional humanitario: los civiles no deben ser un objetivo militar. Ni en Gaza, ni en Israel, ni en Líbano, ni en ningún otro lugar.
La historia juzgará con dureza a los asesinos, a los genocidas, y también a los que callaron. No ignoremos el horror. Debemos alzar nuestras voces por la justicia, por la dignidad, por la vida. Ahora. @mundiario
MUNDIARIO invita a leer las novelas de este autor El ocaso y La espada macedonia y su ensayo Biden y el legado de Trump, libros publicados por Mundiediciones. @mundiario
