Solo el 7% de los inmigrantes venezolanos consideran regresar a su país

Migrantes venezolanos descansando tras llegar a pie a una calle de Bogotá, Colombia. / RCN
Migrantes venezolanos descansando tras llegar a pie a una calle de Bogotá, Colombia. / RCN
“A pesar de la creciente precariedad económica, la mayoría de los migrantes todavía prefiere permanecer en esos países antes que regresar a Venezuela”, según ACNUR.
Solo el 7% de los inmigrantes venezolanos consideran regresar a su país

Donde sea, menos en Venezuela. Esa es la lamentable premisa de los inmigrantes venezolanos esparcidos, mayoritariamente, en América Latina. Unos refugiados, otros ciudadanos extranjeros ya establecidos en sus países de acogida. Así de polarizada está la comunidad migrante de la nación que hoy protagoniza la crisis económica más grave del continente americano y que ostenta el récord de tener la inflación más alta del mundo. 

Más de cinco millones de venezolanos han optado por emigrar, empujados por el colapso económico y social que se agravó en su país desde que Nicolás Maduro llegó al poder, en 2013. La hiperinflación (3.000%), la pobreza de ingresos (96% de la población) y la extrema pobreza (71% de la población) son los tres factores que detonaron la bomba de tiempo en que se ha convertido el país petrolero. De los 5 millones, 4,6 millones de migrantes venezolanos están en la región. La saturación de los sistemas fiscales, sanitarios y laborales de las naciones sudamericanas es un hecho abarcado por la extendida demanda venezolana. Emigrar ahora se ha vuelto una tendencia social en Venezuela, pues el instinto de la subsistencia se ve cada día más comprometido en ese país. 

Aunque las cifras varían constantemente, 1,7 millones se han asentado en Colombia, seguida por Perú, Chile, Ecuador y Brasil, que albergan migrantes y refugiados por cientos de miles. Si bien también hay migrantes venezolanos en Estados Unidos, Canadá, Argentina, España y otros países de la Unión Europea, el verdadero impacto, la carga financiera para esos Estados, recae sobre los países latinoamericanos por obvias razones geográficas. 

Una migración fundamentalmente económica

No importa la informalidad que hay en Perú, la saturación laboral en Chile, la inestabilidad de Ecuador o la incertidumbre económica latente en Brasil, ni siquiera la inflación de 50% en Argentina; los venezolanos ven cualquiera de esos países como un lugar donde el valor de su trabajo aún existe, una realidad muy diferente al 1$ que equivale el salario mínimo de un mes en Venezuela con una canasta básica alimentaria de más de 200 dólares al cambio de la moneda local. 


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Con tal de sobrevivir con lo básico (comida, alquiler, servicios públicos y algo de dinero para remesar a sus familias), esos temerarios inmigrantes prefieren soportar los vaivenes de los países en desarrollo de la región en lugar de retornar a la empobrecida nación bolivariana, sumida en la peor crisis de su historia por el régimen socialista de Nicolás Maduro. 

El problema es que las cuarentenas y las medidas de confinamiento decretadas por los Gobiernos de esos países para contener la covid-19 les han dificultado ganarse la vida en sus comunidades de acogida. El empleo es escaso, y en medio de una recesión producida por una pandemia de proporciones gigantescas, la evidente prioridad del empresario o inversionista nacional es contratar a sus propios conciudadanos en lugar de emplear al migrante, aunque en muchos casos la mano de obra venezolana sea infravalorada por los tenedores del capital en países con mucha proliferación del sector privado y del libre mercado como Colombia y Chile. 

Las adversidades de los venezolanos en el exterior

Precisamente, en la vecina Colombia, por ejemplo, donde nueve de cada diez venezolanos alimentan la economía informal, a pesar de una política de acogida y flexibilidad migratoria elogiada internacionalmente tras el anuncio de un estatus legal permanente por parte del Gobierno de Iván Duque, los medios de comunicación colombianos han informado de que al comienzo de la pandemia se han registrado muchos casos de expulsión de familias migrantes venezolanas de habitaciones en alquiler que no podían pagar, en plena cuarentena nacional, con un desempleo rampante y un acelerado repunte de contagios de covid-19 pese al inicio del programa de vacunación.

“A pesar de esas adversidades y la creciente de precariedad económica, la mayoría de los migrantes todavía prefiere permanecer en los lugares donde se han asentado antes que regresar a Venezuela”, señala un estudio sobre el desalojo de migrantes en la región, publicado este miércoles por la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). 

Por lo tanto, con un foco de extrema desigualdad surgido en Venezuela producto del fenómeno de la hiperinflación y de la corrupción, que a su vez ha derivado en el fenómeno de la dolarización de facto, solo el 15% al 20% de la población venezolana tiene acceso a ingresos suficientes para contar con un nivel de vida aceptable sin salir de su país. Este factor es uno de los que más cohíbe el retorno de sus compatriotas en otras latitudes. El desgaste social avanza en el país mientras la dictadura de Maduro se aferra más y más al poder. @mundiario

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