Cao sitúa la UDC en el centro del tablero político gallego con su apuesta por Medicina
Cuando el rector de la Universidade da Coruña, Ricardo Cao, anunció la voluntad de su institución de impartir el grado de Medicina, probablemente sabía que removía aguas estancadas. Lo que no podía anticipar con certeza era la magnitud del oleaje político que provocaría.
La Xunta, desconcertada por el anuncio de la Universidade da Coruña de que impartirá Medicina, critica –al menos de entrada– que se rompa el acuerdo de mantener una única facultad en Santiago con docencia descentralizada.
En cuestión de días, el debate sobre la enseñanza de Medicina dejó de ser un asunto universitario para situarse, de lleno, en el corazón de la disputa política gallega. No es habitual que una iniciativa académica obligue a BNG, PSdeG-PSOE y PP a pronunciarse con tanto cuidado, pero lo cierto es que la UDC ha logrado algo insólito: colocar su demanda en el centro de la conversación institucional y forzar a los actores políticos a elegir entre prudencia, alineamiento o replanteamiento estratégico.
El juego de equilibrios del PSdeG
La posición del PSdeG resulta especialmente reveladora. Su líder, José Ramón Gómez Besteiro, se ha esforzado por mantener un delicado equilibrio: reconocer la legitimidad de la propuesta coruñesa sin comprometerse explícitamente con ella. Su discurso, centrado en la necesidad de “aproveitar todos os recursos docentes e asistenciais”, apunta a una estrategia de ampliación y descentralización sin romper con el acuerdo de 2015 que instauró una única facultad de Medicina en Galicia, bajo el liderazgo de la USC. No es un apoyo rotundo al rector Cao, pero sí una crítica velada a la pasividad de la Xunta, a la que se le achaca haber dejado enfriar un acuerdo que, en teoría, debía reforzar la cooperación entre las tres universidades del sistema gallego.
Más clara ha sido la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, que no dudó en calificar de “incomprensible” la ausencia de una facultad de Medicina en la ciudad herculina. Rey llevará al pleno municipal una moción para oficializar su respaldo al rector de la UDC, poniendo sobre la mesa el argumento más sólido a favor de la implantación: el CHUAC, hospital de referencia del área sanitaria coruñesa y uno de los centros con mayor actividad investigadora y asistencial de Galicia. En su razonamiento, cobra especial importancia una idea recurrente: la ciudad ya ha cedido demasiado en nombre del equilibrio territorial, y ahora reclama lo que considera justo y lógico.
El Bloque entre la cautela y la ortodoxia
El BNG, por su parte, juega su partida desde la prudencia. Ana Pontón evitó posicionarse de forma tajante, pero dejó claro que los acuerdos de 2015 no son papel mojado. Su intervención, acompañada por la alcaldesa compostelana Goretti Sanmartín, apeló al diálogo y a la necesidad de salvaguardar lo pactado: una única facultad, con ramificaciones prácticas para los últimos años de docencia clínica en los hospitales de Vigo y A Coruña. Sanmartín, como era previsible desde su posición institucional en la capital, defendió sin matices la centralidad de la USC, su tradición y su papel rector dentro del sistema universitario gallego.
Pero en esta postura late también un cierto inmovilismo. Apelar al acuerdo de 2015 sin plantearse su posible agotamiento es ignorar la transformación del panorama sanitario, académico y poblacional en Galicia. Lo que entonces parecía una solución sensata para evitar duplicidades y garantizar calidad, hoy puede ser visto como una camisa de fuerza que impide a universidades con capacidad y ambición –como la UDC– desarrollar todo su potencial.
Vigo se sube al carro, pero en dirección contraria
La reacción de Abel Caballero fue tan previsible como disruptiva. El alcalde de Vigo, del PSOE, ha recuperado su vieja demanda para una facultad de Medicina propia, aprovechando el contexto generado por A Coruña para reabrir un frente que, a efectos prácticos, relega el debate académico a un pulso político entre ciudades. Caballero nunca aceptó el pacto de 2015 y ahora, al ver que este puede estar en crisis, redobla su ofensiva: “Vigo es la única gran ciudad española sin facultad de Medicina”, clama, en un tono inequívocamente reivindicativo.
La presidenta local del PP en Vigo, Luisa Sánchez, fue incluso más explícita: si A Coruña rompe el acuerdo, Vigo debe recibir el mismo trato. Este tipo de razonamiento, de corte comparativo, convierte el debate sobre Medicina en un conflicto territorial. Lejos de pensar en términos de sistema, se reproduce una lógica de agravios cruzados que aleja cualquier posibilidad de consenso racional.
¿Un sistema con una sola facultad?
El fondo del asunto es tan técnico como político. ¿Tiene sentido, en 2025, mantener un modelo con una única facultad de Medicina para toda Galicia, cuando otras comunidades autónomas más pequeñas tienen dos o más? ¿Puede la USC absorber por sí sola la creciente demanda de estudios médicos sin comprometer calidad ni accesibilidad? ¿Está desaprovechando Galicia infraestructuras sanitarias de primer nivel, como el CHUAC o el Álvaro Cunqueiro, por aferrarse a un modelo pensado en otro tiempo?
El rector Ricardo Cao no ha hecho sino exponer con claridad una aspiración que muchos en A Coruña consideraban legítima desde hace años. Al hacerlo, ha obligado a los partidos a pronunciarse, ha puesto de relieve las limitaciones del acuerdo de 2015 y ha dado visibilidad a una reivindicación que, hasta ahora, se debatía en círculos académicos. Su propuesta ha tensionado el marco, sí, pero también ha activado un debate necesario.
La pelota, en el tejado de la Xunta
La Xunta, presidida por el popular Alfonso Rueda, apenas ha movido ficha. Su cautela institucional puede interpretarse como una estrategia de contención, a la espera de que las aguas se calmen, pero corre el riesgo de ser leída como dejación de funciones. Si algo ha quedado claro tras este episodio, es que la planificación universitaria no puede permanecer anclada en viejos equilibrios.
La creación de nuevas plazas de Medicina –y eventualmente de nuevas facultades– no puede depender únicamente de razones históricas o de equilibrios territoriales. Se impone una reflexión de fondo sobre las necesidades sanitarias de Galicia, la evolución del sistema universitario y la equidad en el acceso a la formación. Y, sobre todo, se impone una decisión política valiente que deje de esconderse detrás de pactos agotados.
Ricardo Cao ha movido ficha. Ahora le toca a la Xunta decidir si quiere seguir jugando la partida o dejar que el tablero se lo repartan otros. @mundiario




