Lo que asfixia a Medicina no es la calidad, es la dispersión
Las decisiones universitarias deben responder a un proyecto estratégico, no a impulsos coyunturales. Deben servir al país en su conjunto, no a intereses de oportunidad. Y deben apoyarse en datos, en modelos de éxito contrastado, y sobre todo, en la responsabilidad de saber que trabajamos con fondos públicos, que no son ilimitados y que exigen resultados.
Desde hace años, Galicia cuenta con un modelo singular, eficiente y reconocido: una única Facultad de Medicina en la Universidade de Santiago de Compostela (USC), que ha consolidado un ecosistema académico-sanitario de referencia nacional e internacional. La Facultad no está sola: se integra con una red asistencial potente, con resultados sólidos en el examen MIR, con una trayectoria investigadora reconocida y, sobre todo, con instituciones como el IDIS (Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago), que ha situado a Galicia en la élite de la biomedicina española.
¿Puede este modelo mejorarse? Por supuesto. ¿Debe abrirse a más talento y más innovación? Sin duda. Pero ¿fragmentarlo sin planificación? ¿Duplicarlo sin análisis de impacto? ¿Multiplicarlo sin estrategia? Eso no es avanzar, es desandar el camino.
Algunos han calificado la situación actual de “asfixia”. Pero lo que realmente asfixia es convertir la Universidad en un mapa de equilibrios políticos, donde cada ciudad debe tener su facultad como quien reclama una estación de tren. Lo que de verdad impide crecer es confundir descentralización con dispersión, y equidad con uniformidad improductiva.
Lo que verdaderamente preocupa
El “café para todos” aplicado a la educación superior es una receta conocida. Ya la vivimos en otras titulaciones, en otras décadas. El resultado: facultades sin recursos, sin masa crítica, sin prestigio. Centros que nacieron con entusiasmo pero sin horizonte, y que hoy sobreviven con enormes dificultades para retener profesorado, captar proyectos o atraer a los mejores estudiantes.
En el contexto actual –económico, demográfico y académico–, cualquier decisión de esta envergadura debería estar avalada por informes de viabilidad técnica, por proyecciones presupuestarias, por evaluaciones independientes y por debates institucionales reales. Nada de eso ha ocurrido. Y eso es lo que verdaderamente preocupa.
Galicia no necesita más facultades. Solo una mejor
Los países con sistemas universitarios de excelencia –Países Bajos, Dinamarca, Irlanda, incluso Portugal tras la reforma de Mariano Gago– no han basado su progreso en multiplicar facultades, sino en concentrar talento, profesionalizar la gobernanza y priorizar calidad sobre cantidad. Galicia no necesita más facultades. Necesita una mejor. Y ya la tiene: toca ahora reforzarla, abrirla aún más al exterior, asegurar su financiación, atraer y retener talento de cualquier origen.
Porque esta facultad –como la sanidad y la ciencia que la rodean– no es de Santiago, ni de la USC. Es de todos. Y los recursos que la sostienen también. Gestionarlos con rigor no es una opción: es una obligación ética y social.
Reclamamos ambición, sí. Pero una ambición responsable, que no confunda visibilidad política con mejora educativa. Que entienda que competir no es dividir, sino fortalecer lo que ya funciona. Que reconozca que el talento, hoy más que nunca, necesita estructuras sólidas, estímulos adecuados y estabilidad.
Y eso no se logra improvisando una facultad. Se logra consolidando un proyecto. @mundiario
Mari Luz Couce Pico, Enrique Domínguez Muñoz, José Ramón González Juanatey, Rafael López López y Federico Martinón-Torres son catedráticos de la Universidade de Santiago de Compostela (USC).
