Diego González Rivas: esperanza, verdad y vínculo en la medicina actual
“Yo opero, pero también escucho. También acompaño. Y también lloro.” Así podría resumirse la segunda intervención del doctor Diego González Rivas en el programa Versión Española (TVE), en conversación con Cayetana Guillén Cuervo, tras el visionado de Ma ma, la emotiva película de Julio Medem protagonizada por Penélope Cruz.
La conversación se transforma en una confesión pausada, sincera, llena de ejemplos reales, sobre lo que significa ser médico en un mundo donde no basta con salvar vidas: también hay que saber estar cuando ya no se puede hacer más.
Una película que refleja su día a día
“Eso que se ve en la película… yo lo he vivido muchas veces.”
La emoción del doctor al hablar de Ma ma es evidente. Reconoce en sus escenas gestos, vínculos, situaciones que él mismo ha vivido con pacientes reales. Desde el acompañamiento del médico que canta en quirófano, hasta los momentos íntimos de dignidad, miedo y humor de una mujer que afronta su final con entereza.
“El paciente observa todo. Desde el tumor hasta el pezón. Y hay que estar ahí, de verdad, no de paso".
El valor del vínculo
Uno de los temas que más destaca en esta entrevista es la importancia del vínculo médico-paciente. Diego lo practica de forma radical: da su número de teléfono, responde mensajes, y crea una relación de confianza directa, cercana, sin burocracia.
“Un mensaje a tiempo puede salvar un día. Y a veces, eso es salvar una vida".
Habla con naturalidad de la angustia del diagnóstico, del miedo que se instala entre pruebas, y de cómo la presencia constante del médico puede cambiar por completo la experiencia del paciente.
“No se puede decir a alguien: te quedan tres meses. ¿Y si mañana sale un fármaco que lo cambia todo?”
Cuando ya no se puede curar
También hay espacio para la parte más dura: la pérdida. Diego confiesa que, incluso con años de experiencia, cada fallecimiento le golpea.
“No poder hacer más es lo que más cuesta. Pero la vida sin muerte no tiene sentido".
Mantiene el contacto con familias, habla de pacientes a los que no pudo salvar, pero a los que ayudó a vivir mejor el tiempo que quedaba. En sus palabras hay dolor, pero también aceptación.
La Fundación: operar donde la medicina no llega
Uno de los momentos más importantes de la entrevista llega cuando habla de su Fundación y de la unidad móvil de cirugía mínimamente invasiva —la primera del mundo— que hoy opera en África.
“Gracias a Carla Salgado, nuestra directora, logramos que fuera realidad. Y ya operamos en Ghana. Ahora vamos a Costa de Marfil".
El objetivo: llevar a zonas sin recursos las mismas condiciones que tendría un paciente europeo. Equipos completos, tecnología de vanguardia, y un estándar de calidad sin concesiones.
“En África aprendo más que en muchos hospitales punteros. Porque con nada, hacen todo".
Shanghai, surf y superhéroes
También hay tiempo para hablar del presente: su trabajo en el mayor centro de cirugía torácica del mundo, en Shanghai; del desarrollo de un robot quirúrgico revolucionario; de su amor por el surf como equilibrio mental… y de sus pacientes.
“Una se tatuó mi nombre en la cicatriz. Otro creó un superhéroe: Dievinci. Y las camisetas se venden para apoyar la Fundación".
Son gestos que trascienden la medicina: son agradecimientos que hablan de algo que ninguna técnica quirúrgica puede enseñar.
Una segunda parte necesaria
Si en la primera conversación previa a la película Diego hablaba de técnica, trayectoria y misión, ahora lo hace desde otro lugar: la emoción, la pérdida, la esperanza.
Una entrevista que deja claro por qué este médico no solo cura: repara. Sostiene. Inspira. @mundistyle



