Trump y Xi compran tiempo: 90 días más para evitar una guerra comercial total

El presidente de EE UU finalmente acepta extender la tregua arancelaria con China para alcanzar un acuerdo definitivo, a pesar de las diferencias entre ambas potencias.
Donald Trump y Xi Jinping. / RR.SS
Donald Trump y Xi Jinping. / RR.SS

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha firmado una orden ejecutiva que amplía en 90 días la tregua arancelaria con China, apenas horas antes de que expirara el plazo acordado en mayo durante las conversaciones en Ginebra. La decisión, confirmada por la Casa Blanca y anunciada simultáneamente por Pekín a través de la agencia Xinhua, suspende temporalmente la entrada en vigor de nuevos gravámenes que habrían elevado las tasas mutuas a niveles sin precedentes.

De no haberse aprobado la prórroga, los productos chinos que ingresan a Estados Unidos habrían enfrentado aranceles de hasta el 145%, mientras que China habría impuesto un 125% a las exportaciones estadounidenses. Actualmente, las importaciones chinas están sujetas a un gravamen del 30%, que incluye un 20% adicional como sanción por lo que Washington considera insuficientes medidas de Pekín contra el tráfico de fentanilo. Pekín, por su parte, mantiene un 10% de arancel general sobre los bienes estadounidenses, con tarifas más altas en sectores estratégicos.

El acuerdo alcanzado en mayo incluía medidas que van más allá de los aranceles: la reapertura limitada del suministro de tierras raras desde China, el establecimiento de un canal permanente de diálogo encabezado por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, así como negociaciones específicas sobre productos estratégicos como los semiconductores. La reciente decisión de Nvidia y AMD de aceptar pagar a la Casa Blanca el 15% sobre sus ventas de chips de inteligencia artificial en China forma parte de este marco de entendimientos parciales.

Las conversaciones entre ambas potencias han sido constantes en los últimos meses. Tras reunirse en tres ocasiones desde mayo, la última en Estocolmo el 29 de julio, Bessent y He coincidieron en que existía margen para prolongar la tregua, aunque subrayaron que la decisión final recaería en la Casa Blanca. La prórroga anunciada ahora confirma que ambas partes consideran viable seguir negociando, pese a las diferencias estructurales que mantienen.

Trump, que en los días previos había evitado adelantar su decisión, se limitó a señalar que la relación con el presidente chino Xi Jinping “es muy buena”. Sin embargo, la Administración estadounidense mantiene demandas firmes, como que China incremente significativamente sus compras de productos agrícolas —especialmente soja— para reducir el déficit comercial bilateral. Pekín, en cambio, insiste en que cualquier acuerdo debe basarse en “igualdad, respeto y beneficio mutuo”, al tiempo que amenaza con las restricciones a la venta de minerales estratégicos.

El estado actual de las negociaciones refleja un delicado equilibrio. Washington ha elevado sus aranceles promedio desde un 2,5% a principios de año hasta un 18,6%, el nivel más alto desde 1933, adoptando una estrategia que busca forzar concesiones. Pero China ha respondido con sus propios mecanismos de presión, como la amenaza de limitar la exportación de tierras raras, fundamentales para industrias como la automotriz eléctrica o la aeroespacial.

La importancia de alcanzar un acuerdo es evidente para ambas economías. Para Estados Unidos, la estabilidad comercial con China podría aliviar tensiones en sectores dependientes de las exportaciones agrícolas e industriales, y garantizar acceso a materias primas críticas. Para China, la reducción de aranceles es clave para sostener su ritmo de exportaciones en un contexto de desaceleración interna y mantener el acceso a tecnología de alto valor añadido.

Un fracaso en las negociaciones abriría la puerta a una guerra arancelaria de gran escala, con impactos significativos en el comercio global. La posibilidad de que los aranceles alcancen niveles del 245% para ciertos productos, como ha amenazado Trump, supondría un golpe para cadenas de suministro internacionales ya tensionadas por la extensiónn de sus conflictos comerciales.

En este escenario, la prórroga de 90 días no solo congela temporalmente la escalada, sino que ofrece un margen para explorar concesiones recíprocas que eviten medidas extremas. La presión es elevada, pero también lo es la necesidad mutua de encontrar un punto de equilibrio que, al menos de forma parcial, estabilice la relación económica entre las dos mayores potencias del mundo. @mundiario

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