¿Quién está detrás de la estrategia arancelaria de Trump contra el cine extranjero?

El actor veterano Jon Voight respalda una propuesta que incluye gravámenes agresivos para revitalizar la industria cinematográfica estadounidense. ¿Se trata de una solución efectiva o de una medida meramente política?
El actor estadounidense Jon Voight, Embajador especial de Donald Trump para Hollywood. / Facebook
El actor estadounidense Jon Voight, Embajador especial de Donald Trump para Hollywood. / Facebook

El reciente anuncio del presidente de EE UU, Donald Trump, sobre la posible imposición de un arancel del 100 % a todas las películas producidas fuera del país ha provocado una oleada de reacciones en Hollywood. En el centro de esta polémica se encuentra el veterano actor Jon Voight, un ferviente aliado del magnate republicano, quien ha sido señalado como el principal impulsor de la medida. 

En una entrevista reciente, Voight defendió la iniciativa, alegando que se trata de un intento legítimo por recuperar empleos y dignidad para los trabajadores del cine en Estados Unidos. Pero, ¿estamos ante un plan económico serio o ante una jugada política con escasa viabilidad práctica?

Voight, de 86 años, no ofreció detalles logísticos sobre cómo se aplicaría este arancel, pero sí manifestó que “algo debe hacerse, y ya es demasiado tarde”. Según él, la deslocalización de producciones cinematográficas "ha sido devastadora para técnicos", maquilladores, diseñadores de vestuario y operadores de cámara estadounidenses, muchos de los cuales han perdido oportunidades laborales debido a las ventajas fiscales y económicas que ofrecen otros países como Canadá, el Reino Unido, Nueva Zelanda, Italia o España.

El problema de la llamada “producción en fuga” no es nuevo. Ciudades como Los Ángeles han experimentado una caída del 40 % en la producción cinematográfica durante la última década. A cambio, muchas de estas producciones han migrado a territorios con incentivos fiscales y entornos amigables para los estudios, o incluso a estados dentro del propio EE UU, como Georgia o Nueva York. La tendencia responde a la lógica del mercado: producir más barato sin perder calidad.

Frente a esto, Voight sostiene que EE UU debe adoptar políticas similares para recuperar competitividad. Sin embargo, la propuesta arancelaria presentada a Trump —que el propio Voight admite que solo se aplicaría “en ciertas circunstancias”— ha levantado más preguntas que respuestas. ¿Cómo se gravarían filmes parcialmente rodados en el extranjero? ¿Se penalizarían las producciones internacionales de empresas estadounidenses? ¿Qué impacto tendría esto sobre las plataformas globales de streaming?

El anuncio de Trump fue publicado en redes sociales tras una reunión informal con Voight en su residencia en Mar-a-Lago. Sin embargo, el revuelo fue tal que la Casa Blanca tuvo que matizar rápidamente el mensaje, asegurando que “no se ha tomado ninguna decisión final” respecto a los aranceles. Lo que inicialmente se presentó como una promesa firme se ha reducido, de momento, a una mera exploración de opciones.

Voight insiste en que la propuesta no debería ser vista como un ataque político. “Esto no es una cuestión partidista”, afirma, y además sostiene que Trump ha sido maltratado por Hollywood. “Ahora es momento de dejar eso atrás”, dice, tratando de despolitizar lo que inevitablemente se ha convertido en un nuevo frente de confrontación ideológica.

Lo cierto es que, aunque muchas voces en la industria —productores, sindicatos, creativos— han expresado su rechazo o escepticismo, la propuesta no ha sido descalificada por completo. El sindicato de actores SAG-AFTRA, por ejemplo, ya ha declarado que apoya “los esfuerzos para aumentar la producción cinematográfica, televisiva y en streaming en Estados Unidos” y se muestra dispuesto a respaldar políticas que generen empleos y crecimiento económico.

No obstante, la medida planteada por Voight y Trump parece chocar con la realidad de una industria profundamente globalizada. Hoy en día, una película puede rodarse en múltiples países, contar con efectos especiales producidos en la India, música compuesta en Londres y edición final en California. Imponer barreras nacionales a un proceso tan interconectado podría no solo resultar ineficaz, sino incluso contraproducente.

La intención de proteger el empleo en Hollywood es legítima, pero recurrir a aranceles como solución única podría encarecer los costes de producción, generar represalias comerciales y dificultar la distribución de cine independiente o multicultural. Más que cerrar fronteras, lo que necesita la industria estadounidense es una estrategia sólida de inversión, formación profesional e incentivos fiscales equilibrados.

La propuesta arancelaria defendida por Voight y promovida por Trump puede entenderse como un síntoma de una preocupación real: la pérdida de competitividad de Hollywood frente a otros polos de producción. Pero también es, al menos por ahora, una iniciativa poco definida, con muchos tintes ideológicos y escasa claridad operativa. En un sector donde la colaboración internacional es la norma, levantar muros puede no ser la mejor forma de recuperar la grandeza del cine estadounidense. @mundiario

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