Crecimiento y empleo brindan luces, amenazadas por las sombras del déficit y de la deuda

Sede del Banco de España en la plaza de Cibeles, en Madrid.
Sede del Banco de España en la plaza de Cibeles, en Madrid.
El PP lleva semanas insistiendo en su ofensiva contra el reparto de los fondos europeos de recuperación, pero Bruselas desoye sus quejas y da muestras de apoyo al Gobierno de España.
Crecimiento y empleo brindan luces, amenazadas por las sombras del déficit y de la deuda

Menos mal que la Unión Europea provee de fondos de recuperación a España, a cambio de que haga reformas. Mejor no imaginar cómo sería si España tuviera que generar por sí sola esos recursos y, además, afrontar reformas mucho más duras.

Visto lo visto, la clase política española no es capaz de ponerse de acuerdo ni para repartir lo que le ofrecen ni, menos aún, para hacer las reformas estructurales que todo eso lleva consigo, ya que gratis –lo que se dice gratis– no hay nada. Menuda tropa, que diría Mariano Rajoy. Y en este caso no refiriéndose tan solo al PP, sino a prácticamente todos.

España tiene la inmensa suerte de que Francia está contra las cuerdas y de que Alemania no puede dejarla caer, ya que si lo hiciera lo que se caería sería la propia Unión Europea, con Alemania dentro. Pero si Francia no llega a estar como está, endeudada hasta arriba, Alemania no iba a consentir las chiquilladas de España, un país grande que transmite a veces una imagen más propia de un estado bananero que de un miembro importante de la eurozona y de la Unión Europea.

Lo sucedido con el esperpento de la reforma laboral, si se repite con las pensiones, los impuestos o la transición energética, tal vez encuentre menos comprensión en Europa, desde donde no solo actúa la Comisión Europea con los fondos Next Generation EU, sino también el Banco Central Europeo (BCE), que maneja el grifo del dinero y dice a qué precio lo presta.

 

Da la impresión de que algunos partidos políticos de ámbito estatal y otros de escala nacionalista creen que España es un Estado plenamente soberano en el que el dinero nace en los árboles y en el que, por tanto, solo se trata de ver cuánto se reparte y cómo. Pero esa idea de España es falsa.

España es hoy un estado que no sería sostenible por sí solo, ya que ingresa mucho menos de lo que gasta y tiene tal montaña de deuda que si no llega a estar en la Unión Europea se parecería más a Argentina que a Francia. Sin el BCE, ¿quién le iba a socorrer?

Un poco de humildad no vendría nada mal. A todos. Por fortuna, dentro de la Unión Europea hay salida, que pasa por aprovechar los fondos europeos de recuperación, aplicar las reformas estructurales pendientes (trabajo, pensiones, impuestos, etcétera) y desarrollar un plan que haga viable esa recuperación con la sostenibilidad financiera. Pero ojo, porque hay cambios a la vista: menos líneas de crédito desde el BCE y tipos de interés al alza; máxime una vez que el bono alemán vuelve a cotizar en positivo y abre la puerta al fin de era de los tipos negativos.

Hay luces (en el crecimiento y en el empleo) y sombras (en el déficit y en la deuda). Hay expectativas (con los fondos de recuperación) y hay reveses importantes (en la inflación y los costes energéticos). Y parece que hay salida, pero más despacio que otros socios de la UE.

Lástima que no haya más consenso político, al menos a la altura del consenso social que protagonizan empresarios y sindicatos, con la mediación de Yolanda Díaz, porque en España ni todo va mal cómo dice la Oposición, ni todo va bien como quiere aparentar el Gobierno.

El PP lleva semanas insistiendo en su ofensiva contra el reparto de los fondos europeos de recuperación, pero Bruselas desoye sus quejas y da muestras de apoyo al Gobierno de España. De puertas adentro, PP y PSOE están dando un espectáculo que, lejos de mejorar sus maltrechas situaciones y de levantar el país, puede alimentar la antipolítica. A Vox, un partido sin más méritos que su populismo, se lo están poniendo en bandeja. ¿O no se dan cuenta? @J_L_Gomez

Juan Carlos Escotet. / Mundiario
Juan Carlos Escotet. / Mundiario

AL ALZA

La banca

Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell y Bankinter, los cinco bancos del Ibex 35, obtuvieron en 2021 unas ganancias de 19.866 millones de euros, las mayores desde 2007, el año anterior a la gran crisis financiera e inmobiliaria. A su vez, Abanca, que se propone seguir creciendo –piensa en Ibercaja–, ganó 323,3 millones de euros en 2021 y duplicó los 160 millones del año anterior. Menos provisiones y más actividad explican gran parte de esta mejoría general de resultados en la banca española.

A LA BAJA

La renta

Hay problemas económicos que saltan a la vista –el precio de la luz cerró 2021 en máximos históricos y los aumentos salariales no compensan la inflación, con el que baja la renta–, pero también los hay más de fondo, macroeconómicos, ya que España sufrió una caída del PIB en 2020 del -10,8%, de la que aún hoy no se recuperó –está a más de cinco puntos–, a pesar de que el gasto, el déficit y la deuda aumentaron por encima de las medias europeas. Los socios de la UE van muy por delante.


Pedro Sánchez y Yolanda Díaz en el Congreso. / Twitter.
Pedro Sánchez y Yolanda Díaz en el Congreso. / Twitter.

PROTAGONISTAS

Pedro Sánchez

Presidente del Gobierno

Es comprensible que un jefe de Gobierno no pueda estar en todo. Lo es menos que no tenga a su lado personas competentes para saber negociar y darse a respetar, en España y en Europa. Hacen falta más “nadiascalviño” en el Gobierno y en el PSOE.

Yolanda Díaz

Vicepresidenta del Gobierno

El riguroso trabajo político de todo su equipo con líderes de las patronales y los sindicatos alumbró una reforma laboral realista que puede mejorar la situación de mucha gente. Una tarea así merecía un sobresaliente y no un aprobado vergonzante. 

Pablo Casado

Presidente del PP

El expresidente Aznar habló de un “nosequién” que quiere llegar a la Moncloa. Después matizó sus palabras, pero todo el que quiso entender, entendió lo que quiso decir el exjefe de Gobierno. Hoy, el PP es un partido serio en Galicia, en España no.

Nadia Calviño

Vicepresidenta del Gobierno

Está bien su defensa de que haya mujeres arriba y abajo en las empresas y en las instituciones, claro que sí. Pero su mensaje estilo 8-M justo el día que lo hizo este 4-F –con las instituciones tambaleándose– sonó a otra cosa. Y lo suyo no es el postureo. @mundiario

 

 

 

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