Bruselas acelera el acuerdo con Mercosur: la UE busca sortear vetos y cerrar su mayor pacto comercial

La magnitud del pacto con América Latina lo convierte en un instrumento estratégico para los Veintisiete, que intentan diversificar sus socios y blindarse frente a las tensiones arancelarias impulsadas por Trump.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / Parlamento Europeo
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / Parlamento Europeo

La Comisión Europea se prepara para dar un paso decisivo en la ratificación del acuerdo con Mercosur, el bloque que reúne a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Pese a la resistencia de varios Estados miembros, en especial de Francia, Bruselas quiere poner en marcha un proceso que lleva años encallado y que, de concretarse, abriría la puerta al mayor tratado comercial en la historia de la Unión Europea. La decisión llega en un contexto de tensiones globales, con un proteccionismo en alza y un calendario político que complica aún más la negociación.

El Ejecutivo comunitario tiene previsto enviar este miércoles tanto el texto revisado del acuerdo con Mercosur como el de modernización del tratado con México a los colegisladores europeos —el Parlamento y el Consejo—, en lo que supone el inicio de la cuenta atrás para una ratificación clave en la estrategia geopolítica de la UE. El objetivo de Bruselas es que el pacto pueda aplicarse de forma provisional antes de finales de 2025, incluso sin la aprobación plena de los Veintisiete Estados miembros, un movimiento que busca evitar nuevos retrasos.

De salir adelante, el acuerdo con Mercosur daría lugar a la mayor zona de libre comercio del planeta, con un mercado de más de 722 millones de personas y un volumen de intercambios sin precedentes entre Europa y América Latina. La magnitud del pacto lo convierte en un instrumento estratégico para la UE, que intenta diversificar sus socios y blindarse frente a las tensiones arancelarias impulsadas por EE UU bajo el liderazgo de Donald Trump. La apuesta de Bruselas es clara: abrir puertas en el sur global para equilibrar las crecientes dificultades con Washington y Pekín.

Sin embargo, las resistencias internas son considerables. Francia lidera el frente de oposición, respaldada por sectores del Parlamento Europeo y por países como Polonia. El presidente Emmanuel Macron ha hecho del rechazo al Mercosur un gesto político hacia el campo francés, un sector sensible y movilizado en un momento de crisis interna que amenaza la estabilidad de su Gobierno. El calendario no ayuda: la votación de confianza al primer ministro François Bayrou coincide con los movimientos de Bruselas, lo que intensifica la presión política en París.

Las reticencias de Francia y Polonia

Varsovia, por su parte, ha elevado el tono. El nuevo presidente Karol Nawrocki, pese a sus diferencias ideológicas con el primer ministro Donald Tusk, ha prometido una “minoría de bloqueo” para frenar el acuerdo, alegando riesgos graves para el mercado agrícola, en especial en los sectores avícola y bovino. Varsovia no descarta sumar apoyos de otros socios reticentes, como Italia, para reforzar su capacidad de presión. Esta inesperada alianza entre conservadores y ultranacionalistas polacos añade un obstáculo adicional a las aspiraciones de Bruselas.

El precedente de 2019, cuando un principio de acuerdo quedó paralizado por las críticas, sigue pesando. Para sortearlo, la Comisión introdujo modificaciones en diciembre pasado con el fin de suavizar los temores de los más críticos, pero la desconfianza persiste. A ello se suma la percepción de que el pacto podría comprometer las metas medioambientales europeas, una objeción recurrente en el Parlamento.

En paralelo, Bruselas también busca avanzar en el acuerdo modernizado con México, un proceso de ocho años de negociaciones que pretende impulsar unos intercambios ya valorados en 82.000 millones de euros. Aunque menos polémico que el de Mercosur, también refleja la estrategia de la UE de cerrar flancos y consolidar su influencia en América Latina como contrapeso al giro proteccionista global.

Sin embargo, el desenlace dependerá de la capacidad de la Comisión para superar los vetos políticos internos y de la habilidad de los Estados miembros para conciliar intereses nacionales con la visión estratégica de la Unión. Lo que está en juego no es solo un acuerdo económico, sino también la credibilidad de la UE como actor global en un escenario cada vez más incierto. @mundiario

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