¿Está el acuerdo entre la UE y el Mercosur al borde del colapso o aún tiene futuro?
El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur —el bloque sudamericano compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— lleva más de dos décadas en negociaciones y, pese a haber sido concluido políticamente en 2019, aún no ha sido ratificado. Hoy, con una nueva guerra comercial desatada entre Estados Unidos y Europa por las políticas arancelarias del presidente Donald Trump, se reaviva la urgencia de cerrar el acuerdo. Sin embargo, Francia se mantiene como el principal obstáculo.
El presidente francés Emmanuel Macron ha reiterado que no apoyará el tratado en su forma actual, alegando que sigue sin ofrecer garantías suficientes para proteger sectores agrícolas sensibles, especialmente la ganadería. La preocupación es que una apertura del mercado europeo a productos agropecuarios sudamericanos, sin estándares equivalentes a los europeos (conocidos como "cláusulas espejo"), pondría en desventaja a los agricultores franceses y socavaría el modelo agrícola europeo.
Estas preocupaciones no son nuevas, pero el contexto sí lo es. El regreso de Trump y su enfoque proteccionista han dejado a la Unión Europea con la urgente necesidad de diversificar sus socios comerciales. A medida que las relaciones transatlánticas se deterioran, el Mercosur se presenta como una alternativa estratégica. El acuerdo eliminaría la mayoría de los aranceles entre ambas regiones, creando un mercado de casi 800 millones de personas, una de las mayores zonas de libre comercio del mundo. Para muchos en Bruselas, representa una oportunidad que Europa no puede permitirse perder.
De hecho, la aparente apertura del nuevo canciller alemán Friedrich Merz hacia una alianza con Macron generó rumores sobre un posible cambio de postura en París. Merz incluso aseguró que Macron estaba reconsiderando el acuerdo. Sin embargo, funcionarios franceses negaron rotundamente tal afirmación y subrayaron que “el contenido del acuerdo no ha cambiado” y, por tanto, Francia tampoco lo ha hecho.
No obstante, ciertos matices han comenzado a emerger. El ministro de Comercio francés, Laurent Saint-Martin, admitió al digital POLITICO que los recientes movimientos de Trump representan un “toque de atención” sobre la necesidad de reforzar acuerdos comerciales. Si bien recalcó que Francia mantiene su negativa, también sugirió que con ajustes —como la inclusión de cláusulas espejo o de salvaguardia que limiten las importaciones si causan daño al mercado europeo— París podría reconsiderar su postura.
El problema es que volver a abrir negociaciones con Mercosur para incluir estos requisitos sería políticamente y técnicamente inviable. La Comisión Europea se niega a reabrir un texto que tomó más de 20 años en negociarse y que ya ha sido rechazado por los países sudamericanos si se le imponen nuevas condiciones. Incluso aliados de Macron reconocen que estas exigencias son, en la práctica, “pedir la luna”.
Pese a ello, Francia está proponiendo una "cláusula de salvaguardia" como una vía intermedia que permita limitar las importaciones agrícolas si se demuestra que están perjudicando el mercado europeo. Aun así, si el acuerdo no cambia, París ha prometido votar en contra en el Consejo de la UE este otoño. El problema es que necesitaría una minoría de bloqueo compuesta por al menos cuatro países que representen el 35 % de la población europea, y antiguos aliados como Italia y Austria han cambiado de bando y ahora apoyan el pacto.
Esto deja el destino del acuerdo en una zona gris. Si Francia no logra bloquearlo en el Consejo, aún tiene una última carta en el Parlamento Europeo, donde la ratificación también requiere aprobación. Allí, la oposición al acuerdo sigue siendo fuerte.
En definitiva, el pacto UE-Mercosur no está muerto, pero sí gravemente comprometido. Su viabilidad depende de hasta qué punto Francia esté dispuesta a flexibilizar su postura y si la Comisión logra ofrecer garantías políticas suficientes sin reabrir el texto.
En un escenario global donde la fragmentación comercial se acelera, la Unión Europea tiene ante sí una decisión estratégica. O encuentra una vía pragmática para integrar a Mercosur como socio comercial, o corre el riesgo de quedar rezagada frente a potencias que ya están reconfigurando sus esferas de influencia. La cuestión no es solo si el acuerdo es posible, sino si Europa puede permitirse no tenerlo. @mundiario


