Bruselas pisa el acelerador para cerrar el acuerdo con Mercosur pese al veto de Francia
La Unión Europea se prepara para cerrar esta semana un histórico acuerdo comercial con los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia), tras 25 años de complejas negociaciones. La Comisión Europea ha intensificado los trámites para alcanzar este pacto, que representará el mayor tratado comercial firmado por la UE, abarcando un mercado conjunto de más de 780 millones de consumidores. La cumbre en Montevideo, que reúne a líderes de ambos bloques, busca resolver los últimos obstáculos, pese a la resistencia de Francia y Polonia.
El avance de China como principal socio comercial de América del Sur y el temor a una pérdida de influencia europea han acelerado las conversaciones. Según fuentes comunitarias, el acuerdo es crucial para diversificar mercados y reducir la dependencia de socios tradicionales como EE UU, en un contexto marcado por la victoria de Donald Trump y su política proteccionista, en la que calienta motores para una guerra comercial con aranceles para todos los países. Bruselas también percibe una importancia geoestratégica del pacto al tratarse de un paso de gigante en las aspiraciones de una UE más fuerte y autónoma.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha reiterado su rechazo al acuerdo, calificándolo de “inaceptable en su estado actual”. Francia, junto con Polonia, argumenta que el tratado perjudicará a los agricultores europeos y cuestiona los compromisos ambientales de Mercosur. En respuesta, Bruselas ha propuesto subvenciones agrícolas y cláusulas de salvaguardia para mitigar los posibles impactos económicos, además de que las cuotas de importación pactadas son limitadas y se implementarían de forma gradual, lo que refuerza la viabilidad del tratado.
Pero París no da su brazo a torcer por el miedo de que la llegada de carne y pollo más baratos puedan reavivar las protestas agrarias y dar alas a la extrema derecha euroescéptica de Marine Le Pen
El acuerdo eliminaría unos 4.000 millones de euros en aranceles impuestos por Mercosur, beneficiando principalmente a sectores como el automovilístico, químico, farmacéutico y textil. Además, derribaría barreras para productos como el vino, calzado y maquinaria. Desde Mercosur, líderes como el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva ven el pacto como una oportunidad para diversificar exportaciones y reducir la dependencia de China y EE UU. Lula confía en que el acuerdo se cierre antes de fin de año, marcando un hito político y económico para ambas regiones.
Las tensiones internas en Mercosur
La llegada de Javier Milei a la presidencia de Argentina introduce nuevas tensiones en las negociaciones. Aunque Milei no se opone abiertamente al acuerdo con la UE, su agenda incluye demandas que podrían fragmentar Mercosur, como permitir tratados bilaterales sin aprobación conjunta. Además, su cercanía con Trump podría alinear a Buenos Aires con los intereses estadounidenses, o anteponer los suyos para conseguir que se levante la unanimidad de los socios sudamericanos para permitir que un miembro rubrique un pacto bilateral con un tercer país por cuenta propia, una reclamación histórica de Uruguay y que le serviría ahora para firmar su propio pacto con China. Pero Milei quiere un acuerdo de libre comercio con Washington.
Más allá de los beneficios económicos, el acuerdo representa un mensaje político en favor de la integración comercial y los valores compartidos de democracia y sostenibilidad. En un contexto global marcado por el proteccionismo y las tensiones geopolíticas, este tratado fortalecería las relaciones entre Europa y América del Sur, enviando una señal de estabilidad y cooperación frente al avance de potencias como China y el aislacionismo de EE UU bajo el próximo mandato de Trump.
El acuerdo, cuya firma depende de la ambición de Ursula von der Leyen y la Comisión Europea, será presentado a los líderes de los Estados en el Consejo Europeo. Allí podría ser aprobado por mayoría, dado que no requiere unanimidad. Sin embargo, el complejo panorama político en Francia, sumido en una crisis interna tras la caída del Gobierno de Michel Barnier, añade una gran incertidumbre. Para muchos, la situación de debilidad francesa puede ser una oportunidad para avanzar en el acuerdo, mientras que para otros representa un riesgo que podría frenar su ratificación.
La cumbre en Montevideo marcará un punto de inflexión en las relaciones entre ambos bloques, definiendo no solo el futuro económico de la región, sino también su papel en un panorama global cada vez más competitivo y polarizado. @mundiario


