Lula presiona a Macron para dar luz verde al acuerdo UE-Mercosur: diplomacia ante proteccionismo

El presidente de Brasil redobla su ofensiva política para desbloquear la ratificación del pacto comercial entre el bloque sudamericano y Bruselas, frente a la férrea resistencia de Francia y las perspectivas estratégicas de América Latina.
Janja y Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil y Brigitte y Emmanuel Macron, presidente de Francia. / Elíseo
Janja y Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil y Brigitte y Emmanuel Macron, presidente de Francia. / Elíseo

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha vuelto a desplegar su habilidad política con una mezcla de carisma, presión diplomática y estrategia a largo plazo. Esta vez, el objetivo es claro: convencer a su homólogo de Francia, Emmanuel Macron, de que levante su veto sobre el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el bloque sudamericano Mercosur. En una rueda de prensa conjunta en París, Lula no recurrió a tecnicismos ni a gestos institucionales fríos, sino a una apelación directa, casi emocional: “mi querido Macron, abre un poquito tu corazón a esta posibilidad de cerrar el acuerdo con nuestro querido Mercosur”.

Con estas palabras, Lula no solo apelaba al presidente francés, sino también a una Europa dividida entre sus compromisos internacionales y sus miedos internos. El pacto, que lleva más de veinte años en negociación y fue sellado políticamente en diciembre por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sigue bloqueado por los temores del sector agrícola francés y por las exigencias ambientales que Macron insiste en incorporar como “cláusulas espejo”.

El mandatario brasileño, consciente de que la presidencia pro tempore de Mercosur bajo su liderazgo se agota en seis meses, busca acelerar la ratificación del acuerdo en un momento de gran incertidumbre geoeconómica. Lula ve en el pacto una respuesta estructural frente al auge del proteccionismo, la guerra comercial entre EE UU y China, y la necesidad de diversificar socios estratégicos ante la creciente fragmentación global. En sus palabras, el acuerdo “es la mejor respuesta que nuestras regiones pueden dar ante el regreso del unilateralismo y el proteccionismo arancelario”.

Sin embargo, el gesto sonriente de Macron no se tradujo en concesiones. El presidente francés reiteró su exigencia de un protocolo adicional que permita “frenar el acuerdo” en caso de que haya distorsiones de mercado, así como una garantía de que los productos agrícolas del Mercosur cumplirán los mismos estándares que los europeos.

“No sé cómo explicarles a mis agricultores que les pido cumplir con más normas mientras abro el mercado a productos que no siguen ninguna”, sentenció Macron. La afirmación no solo subraya su postura interna frente al poderoso lobby agrario, sino que también lanza un mensaje claro a Bruselas: sin condiciones reforzadas, no habrá ratificación francesa.

El compromiso de la UE con América Latina

El escenario remite inevitablemente a 2019, cuando el entonces presidente Jair Bolsonaro y Macron protagonizaron un enfrentamiento diplomático en pleno incendio del Amazonas. Ahora, aunque el tono ha cambiado y la relación personal entre Lula y Macron parecía haberse estrechado —incluso se habló de una bromance durante la visita del francés a Brasil en 2023—, el fondo del conflicto sigue siendo el mismo: la preocupación europea por el impacto ambiental y comercial de abrir el mercado a los países del Cono Sur.

Francia no está sola. Austria y Hungría se han alineado con París, y sus ministros de Agricultura emitieron un comunicado conjunto reiterando sus reservas. Sin embargo, la resistencia no es tan monolítica como en años anteriores. La guerra comercial iniciada por Donald Trump y la creciente necesidad de Europa de buscar nuevas alianzas comerciales han diluido el frente del “no”. Von der Leyen lo sabe, y por ello selló en Montevideo el preacuerdo con Mercosur, que ahora Macron intenta reabrir con nuevos añadidos.

Lula, mientras tanto, actúa como el portavoz de un Sur Global que busca ser tomado en serio. Su mensaje trasciende lo comercial: es una defensa del multilateralismo, de la cooperación entre regiones y de la necesidad de no dejar a América Latina como rehén de los temores europeos. En un contexto en que China gana terreno en la región, y EE UU busca retomar influencia, el acuerdo UE-Mercosur sería una señal de compromiso europeo con sus socios latinoamericanos.

El desafío es enorme, y el tiempo escaso. Pero si algo ha demostrado Lula es que sabe cuándo insistir y cómo hacerlo. Frente a un Macron firme pero presionado por su propio electorado, la diplomacia afectiva del presidente brasileño podría no ser suficiente. Sin embargo, el gesto —y la insistencia— consolidan su imagen como un estadista global que no rehúye el cuerpo a cuerpo político cuando hay en juego algo más que un tratado: el lugar de América Latina en la arquitectura del comercio internacional del siglo XXI. @mundiario

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