El acuerdo UE-Mercosur se tambalea: el Parlamento Europeo y Macron imponen nuevos obstáculos
El largo y complejo camino hacia la ratificación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur se ha vuelto a complicar. A pocos pasos de su aprobación definitiva, el Parlamento Europeo y el presidente francés, Emmanuel Macron, han introducido nuevos obstáculos que amenazan con frustrar uno de los tratados más ambiciosos de las últimas décadas entre ambos bloques.
Más de un centenar de eurodiputados de diferentes grupos —entre ellos el Partido Popular Europeo (PPE), los socialdemócratas (S&D), Renew Europe, Los Verdes y La Izquierda— han anunciado su intención de presentar una moción para que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) evalúe la compatibilidad legal del acuerdo con los tratados comunitarios. De prosperar la iniciativa, la decisión judicial podría retrasar la firma del pacto durante meses, incluso más de un año, dada la lentitud de los procesos en Luxemburgo.
Los legisladores planean someter la moción a votación en la próxima sesión plenaria del Parlamento, prevista entre el 24 y el 27 de noviembre. La medida podría frustrar el intento de la Comisión Europea de cerrar el acuerdo antes de fin de año, tal como pretendía la presidenta Ursula von der Leyen. El tratado, negociado durante más de dos décadas, busca crear una de las mayores áreas de libre comercio del mundo, abarcando una población conjunta de casi 800 millones de personas entre la UE y los países del Mercosur —Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay—.
Los eurodiputados piden que el TJUE se pronuncie sobre tres aspectos clave. En primer lugar, sobre el “mecanismo de reequilibrio” del acuerdo, que permitiría a cualquiera de las partes aplicar aranceles o cuotas compensatorias si considera que la otra parte adopta medidas que “anulan o reducen sustancialmente” los beneficios del tratado.
En segundo lugar, sobre la división legal entre los capítulos comerciales y de asociación política, diseñada para agilizar la ratificación sin necesidad de aprobación por los parlamentos nacionales. Finalmente, sobre la compatibilidad del texto con el principio de precaución europeo, que permite actuar frente a riesgos medioambientales o sanitarios antes de que existan pruebas concluyentes.
A estas reservas institucionales se suma la oposición frontal de Francia. Durante una reunión con agricultores en Toulouse, Emmanuel Macron aseguró que “en su estado actual, el acuerdo UE-Mercosur recibirá un no rotundo de Francia”. El presidente francés quiso enviar un mensaje de tranquilidad al poderoso sector agrícola de su país, inquieto por la competencia que supondría la entrada de productos agroalimentarios sudamericanos con estándares menos exigentes.
La ministra de Agricultura, Annie Genevard, reforzó la posición del Ejecutivo galo al afirmar que “sin cláusulas de salvaguardia sólidas ni medidas espejo, Francia no puede validar este acuerdo, porque no protege los intereses de nuestros productores ni de los consumidores europeos”. Estas “medidas espejo” se refieren a la exigencia de que los productos importados cumplan las mismas normas sanitarias, medioambientales y de bienestar animal que los europeos.
El rechazo francés no es nuevo, pero cobra fuerza en un contexto político interno marcado por la presión del campo y de los partidos ecologistas. En los últimos meses, Macron había mostrado cierta apertura al diálogo, sobre todo tras su visita a Brasil, donde se mostró “bastante positivo” sobre la posibilidad de aprobar el tratado. Sin embargo, las protestas agrícolas en Francia y el clima político europeo le han empujado a endurecer su posición.
El acuerdo, validado por la Comisión Europea el pasado 3 de septiembre, debía ser el símbolo del “renacimiento” del comercio birregional. A cambio de facilitar las exportaciones industriales europeas —como automóviles, maquinaria o bebidas alcohólicas— hacia el Cono Sur, el pacto abriría el mercado europeo a productos agrícolas sudamericanos como carne de vacuno, pollo, azúcar o soja. Pero la falta de consenso sobre los estándares ambientales y la protección del sector primario europeo ha vuelto a posponer el desenlace.
Bruselas defiende que el tratado incluye cláusulas vinculantes sobre sostenibilidad, compromisos con el Acuerdo de París y garantías contra la deforestación, especialmente en la Amazonía. No obstante, críticos como Macron y varios eurodiputados sostienen que los mecanismos de control son insuficientes y que su aplicación sería difícil de verificar.
La incertidumbre se cierne así sobre un proyecto que, tras 25 años de negociaciones, se encuentra de nuevo en punto muerto. La combinación de resistencia política en París, presión parlamentaria en Estrasburgo y cautela jurídica en Luxemburgo amenaza con diluir las aspiraciones de ambas regiones de sellar un pacto histórico. En lugar de un cierre antes de Navidad, la UE y Mercosur vuelven a enfrentarse a un horizonte indefinido, marcado por los mismos dilemas de soberanía, sostenibilidad y equilibrio comercial que han frenado el acuerdo desde sus inicios. @mundiario


