Vingegaard se levanta del suelo para vestirse de rojo
La lluvia convirtió la segunda etapa de la Vuelta en un escenario de suspense. Jonas Vingegaard, con el codo ensangrentado y el maillot marcado por el asfalto, parecía condenado a un día de supervivencia. Sin embargo, el danés respondió con un pulgar alzado, un beso a la cámara y un mensaje para todos: “Estoy bien”. El pelotón lo esperó, un gesto de respeto que anticipaba lo inevitable: el líder estaba de pie y con hambre.
Los fantasmas del accidente se disiparon en cuanto la carretera se empinó rumbo al Limone Piamonte. Allí, donde el asfalto se cobra siempre su tributo, se libró una batalla de alta tensión. Pidcock lo intentó, Ayuso y Buitrago amagaron, y Giulio Ciccone soñó con la gloria, alentado por pancartas que lo señalaban como favorito. Pero el ciclismo es el terreno del que resiste más allá del dolor, y Vingegaard, curtido en mil gestas, decidió que aquel no sería su día de luto, sino de poder.
La subida, tendida pero exigente, fue el escenario perfecto para el golpe de autoridad. Ciccone parecía tenerlo, el italiano saboreaba ya la victoria, pero la sombra del danés apareció en los últimos metros como una sentencia. Vingegaard, con rabia y orgullo, le arrebató el triunfo sobre la línea, en un esprint agónico que dejó claro quién manda en la ronda española. El gesto final fue puro ciclismo: primero celebró con furia, luego agradeció a sus compañeros, uno a uno.
El último lanzador, Sepp Kuss, fue clave en la emboscada. Neutralizó a Soler cuando quiso sorprender a medio kilómetro, como si supiera de memoria las claves para ganar una Vuelta. Y lo sabe: fue él mismo quien la conquistó en 2023. El Visma, con oficio y jerarquía, blindó el camino de su patrón. El resto fue épica individual, la de un líder que no negocia con el dolor ni con el miedo.
Cuando cruzó la meta, Vingegaard miró sus heridas, comprobó los desgarrones del culotte y sonrió. Todo estaba en orden. Cogió el teléfono, llamó a casa y dejó el mensaje que todos ya intuían: “Estoy bien. He ganado. Ya soy líder”. Así, tras besar el suelo y desafiarlo, el danés vistió de rojo. La Vuelta 2025 ya tiene dueño, y no parece dispuesto a soltar el trono tan fácilmente. @mundiario


