Philipsen repite la historia: del amarillo del Tour al rojo de La Vuelta

El belga se impone en Novara y confirma su reinado en los grandes sprints.
Una imagen de la primera jornada de La Vuelta 2025. /  @lavuelta
Una imagen de la primera jornada de La Vuelta 2025. / @lavuelta

La Vuelta 2025 no pudo empezar con un guion más reconocible: Jasper Philipsen, rey de los velocistas, se impuso al esprint en Novara y se vistió de rojo, del mismo modo que ya lo había hecho de amarillo en el arranque del Tour de Francia. El belga repite protagonismo en las grandes rondas y confirma que, si hay final masivo, él es la referencia ineludible. La historia se repite con un aire de inevitabilidad.

La salida italiana, octavo país en acoger la carrera española y sexta ocasión en que esta arranca fuera de sus fronteras, ofrecía un marco simbólico: Piamonte, cuna del ciclismo y hogar del Giro. Allí se enfrentaban Pedersen y Philipsen, dos campeones de salidas rápidas, pero el danés quedó mal posicionado y desapareció del duelo. El segundo puesto fue para Vernon y el tercero para Orluis Aular, orgullo de un Movistar que necesita motivos para ilusionarse.

El desarrollo de la etapa no sorprendió: fuga temprana, control férreo del pelotón y neutralización anticipada. Sin embargo, los modestos dieron brillo al día. Joel Nicolau del Caja Rural y Hugo de la Calle del Burgos se filtraron en la aventura, mostrando el espíritu combativo de los invitados. La diferencia fue escasa, apenas dos minutos, porque los trenes de Pedersen y Philipsen no estaban dispuestos a permitir un susto en el estreno.

La imagen entrañable llegó con De la Calle, que decidió resistir en solitario durante cincuenta kilómetros, sabiendo que no había opción de victoria. El joven asturiano de 21 años se permitió sonreír a cámara, consciente de que su gesta era más publicitaria que deportiva. Esa bicicleta rosada evocaba al Giro y dio un toque romántico a una etapa condenada al sprint. Los grandes no tuvieron piedad, pero el debutante ganó su propio espacio.

El cierre, eso sí, fue puro déjà vu: Philipsen levantando los brazos, dueño del presente en las llegadas masivas. La Vuelta comenzó con un final anunciado, pero también con un recordatorio: el ciclismo no es solo cuestión de estrellas, sino también de gestos, de valientes que, aunque sepamos que perderán, se atreven a soñar. Y ahí, en esa mezcla de gloria y sacrificio, reside el encanto eterno de este deporte. @mundiario

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