Historias de las Copas del Mundo: Todo comenzó en París en 1924

Selección de Uruguay de los Juegos Olímpicos de París 1924. / www.auf.org.uy
Selección de Uruguay de los Juegos Olímpicos de París 1924. / www.auf.org.uy
Uruguay ganó las medallas de Oro en París y Ámsterdam sucesivamente, cuando el torneo olímpico lo organizaron conjuntamente la FIFA y el COI. 
Historias de las Copas del Mundo: Todo comenzó en París en 1924

Los Juegos Olímpicos de París 1900 y de San Luis en 1904 , fueron la primeras justas de la gran fiesta del deporte mundial, donde apareció el fútbol como un torneo de exhibición. En aquellas ocasiones, los países estaban representados por clubes. El Reino Unido primero y Canadá después, se alzaron con los triunfos.  A partir de Londres 1908 hasta Amberes 1920, el Comité Olímpico Internacional (COI) montó un torneo de selecciones absolutas, para diferenciarse de las dos primeras experiencias, aunque siempre amparándose en el amateurismo. Posteriormente con la entrada de la FIFA en la ecuación, las cosas iban a cambiar. 

El Reino Unido había dominado la era previa al ingreso del ente rector del balompié mundial, adjudicándose dos medallas de oro (Londres 1908 y Estocolmo 1912) y el torneo de exhibición de 1900, pero a pesar de ello siempre han sido considerados esos triunfos como victorias en el ámbito aficionado. El punto de inflexión ocurrió en los Juegos Olímpicos de París 1924.

Con Jules Rimet a la cabeza, la FIFA se hizo cargo del fútbol conjuntamente con el COI en las justas olímpicas. Aquella experiencia y la de Ámsterdam 1928 fueron tan exitosas, que llevaron al dirigente francés a visualizar la idea de una Copa del Mundo, organizada por el propio organismo que él presidía.

Ambos torneos en el marco de los Juegos Olímpicos fueron considerados como Campeonatos Mundiales de Selecciones Absolutas, restándole el carácter aficionado, que reinaba desde 1914, cuando el propio Rimet, cuando era representante de la Federación Francesa propuso lo siguiente: "Bajo la condición de que el Torneo Olímpico de Fútbol se organice en concordancia con el Reglamento de la FIFA, la competición será reconocida como Campeonato Mundial de aficionados".

A partir de 1924 y con la puesta en marcha de las Copas del Mundo a partir de 1930, a Uruguay se le considera como el primer gran campeón del mundo del fútbol y por esa razón, figuran cuatro estrellas alrededor del escudo de la Asociación Uruguaya de Fútbol, por las dos medallas de oro (1924 y 1928) y los Mundiales de 1930 y 1950. 

Selección de Uruguay de los Juegos Olímpicos de París 1924./ www.auf.org
Selección de Uruguay de los Juegos Olímpicos de París 1924./ www.auf.org

¿Fueron subestimados?

La selección celeste se impuso con autoridad, amparándose en su calidad técnica, fuerza y dinamismo, pero también porque los europeos subestimaron su capacidad. Radio Bío Bío recogió unas antiguas declaraciones hechas por el entrenador uruguayo de aquel entonces, Ernesto Fígoli, quien habló sobre este tema.

“No sabían de nosotros porque nuestros roces internacionales eran muy reducidos, y habíamos competido sólo en Río de Janeiro, Viña del Mar, Buenos Aires y Montevideo (...) No sabían que en nuestro equipo era tan importante el entrenador como el doctor y el experto en condición física. Queríamos jugar a todo ritmo los 90 minutos de cada partido. Nos concentramos en el torneo. Por eso evitamos la tentación de vivir en París y escogimos la paz del pequeño Argenteuil”.

Entretanto la publicación Medio Tiempo se hizo eco de una anécdota contada por el propio Fígoli, cuando se enteró que un grupo de ojeadores de Yugoslavia, selección a la que enfrentaría en la fase preliminar, se presentaría a los entrenamientos de los sudamericanos.  

"Los espías yugoslavos, entre los que se encontraban varios reporteros de aquel país, informaron sonrientes: Dan verdadera pena estos muchachitos que vinieron de tan lejos, serán presa fácil de los nuestros y de cualquiera que se les ponga enfrente." dijo el estratega.

¿Qué fue lo que ocurrió después? Uruguay le endosó un 7-0 a sus rivales de los balcanes; el pequeño país desconocido para Europa dictó cátedra de principio a fin "con jugadas llenas de garra, gambetas, pases precisos y un toque diferente, que los yugoslavos no conocían". 

El camino hacia el oro

Aunque Uruguay venía de consagrarse como el mejor de América del Sur, después de su victoria en la Copa América de 1923, su llegada a Francia fue una auténtica travesía. La publicación Vice Sports la describe como un viaje de perseverancia sin lujos, porque tomaron “un vuelo de tercera clase, sus jugadores durmieron en bancas de madera” y de paso tuvieron que jugar una gira en España para “poder cubrir sus comidas”.

A pesar de ello, el camino para la celeste fue sencillamente perfecto, empezando con buen pie aniquilando a los yugoslavos y despachando después a los Estados Unidos con relativa facilidad con un 3-0. Ante los locales de nuevo mostraron su modo aplanadora, con un imponente 1-5; el encuentro en semifinales ante los Países Bajos, fue el más difícil pero aún así se impusieron 2-1, en un partido que remontaron a partir del minuto 62, con tantos de Pedro Cea y de Héctor Scarone respectivamente. 

La gran final en el Estadio Olímpico de Colombes (a partir de 1928 sería llamado Estadio Olímpico Yves-du-Manoir), puso frente a frente a suizos y uruguayos. La máquina perfectamente engrasada por Ernesto Figoli no encontró resistencia en su rival de turno. Uruguay ganó 0-3 y consiguieron la anhelada medalla de oro. 

¿Quiénes fueron los grandes protagonistas?

Todas las líneas uruguayas disponían de futbolistas impresionantes. Comenzando con el guardameta. Andrés Mazali estaba dotado de unas condiciones increíbles para practicar casi cualquier deporte: fue campeón sudamericano en la especialidad de los  400 metros vallas (incluso tenía la marca continental) y  también fue campeón en baloncesto con el Olimpia de Montevideo. 

Mazali, conocido como El Buzo, dominaba el juego por alto y tenía unos reflejos increíbles. En cinco partidos permitió dos goles; era un seguro bajo los tres palos que venía de ganar diez títulos locales con el Nacional uruguayo. Ese mismo año también fue el titular en la victoria de su país en la Copa América

La defensa estaba comandada por el capitán de la selección, José Nasazzi. El hombre apodado como el Mariscal, tenía una gran ascendencia sobre sus compañeros, que no solo estaba sustentada por su fuerte carácter porque era fuerte, veloz y con gran potencia de salto, que le permitió imponerse en los duelos aéreos.

 A pesar de no tener una técnica individual distinguida, Nasazzi era un perro de presa y un seguro de vida para sus compañeros. Es considerado como el fundador de la garra charrúa y para la prestigiosa revista El Gráfico fue “el más famoso futbolista uruguayo de todos los tiempos” y el hombre encargado de capitanear a su país desde 1924 hasta 1935.

Después estaba José Leandro Andrade. El un joven de 22 años  considerado el primer gran afrodescendiente de la historia del fútbol mundial. Era apodado como la Maravilla Negra, porque en Europa nunca antes había visto un futbolista con su tono de piel, aunque ya era algo habitual en Uruguay.  

Para L'Equipe, Andrade era un virtuoso con el balón, que dominaba todas las facetas del juego amparado en su gran técnica y potencia física. No anotó goles durante los Juegos Olímpicos de 1924, pero su juego provocó la admiración entre el público y los periodistas, quienes lo distinguieron como el mejor futbolista de aquel torneo.

Otro que brilló con intensidad en tierras galas fue Héctor Scarone. Conocido como El Mago,  este futbolista era un jugador que explotaba su potencial sin importar en cual parte del terreno en la zona ofensiva lo colocaran, porque dominaba ambas piernas y no tenía problemas, para tocar la pelota en corto o conectarse con otro compañero a través de pases largos.

Según explica el comunicador Alex Couto Lago, sus bondades se extendían aún más porque además tenía gol, “bien por disparo o bien por su excelente remate de cabeza." y asegura que "una de sus aportaciones al fútbol fue la pared, junto con su compañero y amigo Pedro Petrucho Petrone”.

Precisamente amparándose de esa conexión con Scarone, el goleador de este equipazo fue Pedro Petrone. El delantero fue un auténtico depredador del área y marcó 7 de los 20 goles de su selección.

Petrucho anotó en cuatro de los cinco partidos de la justa olímpica. Comenzó con dos tantos ante Yugoslavia, posteriormente le endosó otro par a los Estados Unidos, anotó otros dos ante Francia y cerró su brillante actuación con un tanto en la finalísima contra Suiza. Petrone se convirtió en uno de los atacantes más prolíficos de su generación, tanto con su selección como en el ámbito de clubes. Durante su carrera totalizó  232 goles en 208 partidos, dejando un promedio de 1.01

De París a Montevideo

Todos ellos junto con otros excelentes jugadores, fueron la base para continuar el dominio uruguayo en los Juegos de Ámsterdam en 1928, el mismo año  y en la misma ciudad en el que se efectuó el Comité Ejecutivo del 28 de mayo, en el marco del Congreso de la FIFA nro. 17, que sirvió para aprobar la creación de la Copa del Mundo. Ya en 1929, en el Congreso nro. 18, el Comité Ejecutivo del 18 de mayo en Barcelona, le entregó a Uruguay la organización del primer Mundial de la historia, a pesar de que Hungría, España, Países Bajos, Italia y Suecia también presentaron sus respectivas candidaturas. 

Aunque el principal argumento que se utilizó, era que Uruguay celebraría en 1930 el centenario del Juramento a la Constitución, probablemente sin las gestas charrúas en Europa en los años veinte incluyendo las Copas América de 1920 y 1923, más las exhibiciones en el Estadio Olímpico de Colombes en 1924 nada de eso hubiese ocurrido, y algún país del Viejo Continente estaría en los libros de historia del deporte, como el primero en organizar el mítico campeonato que visionó Jules Rimet. @mundiario

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