Cinco lobitos, la ópera prima de Alauda Ruiz de Azúa, pura desesperanza

Ruiz de Azúa ha huido conscientemente de la edulcoración del relato y ha optado por un hiperrealismo que convierte a este drama en una película poco amable y de grandiosas interpretaciones, sobre todo femeninas, a cargo de Laia Costa y Susi Sánchez.
Cinco lobitos.
Cinco lobitos.

Triste y desesperanzadora podrían ser algunos de los adjetivos para calificar la ópera prima de la directora española, Alauda Ruiz de Azúa, Cinco lobitos. La película que estuvo a punto de ser seleccionada por la Academia de cine español para luchar por la representación de España en los próximos Oscar, finalmente se quedó sin su puesto que fue para a Alcarràs de la que ya hablamos aquí. Ambas son películas con poso pesimista, pero albergan una gran diferencia: el guión de Ruiz de Azúa en Cinco lobitos vive un desarrollo, una evolución visible con unos personajes bien definidos y maravillosamente interpretados, mientras que el guión de Carla Simón se queda en la superficie de lo que podría haber sido, lanzándonos postales de momentos, a veces de nulo interés, con unos actores no profesionales que hacen lo que pueden y lo hacen bien, pero que no deja de ser una obra menor.

Cinco lobitos ha sido calificada por buena parte de la crítica especializada de “prodigiosa”, “notabilísima”, “realista”, “desarmante”. Desde luego, el debut de Ruiz de Azúa sí ha sido muy notable pero el espectador debe saber que no se va a enfrentar a una película agradable ni esperanzadora. El drama al que asistimos no provocará un torrente de lágrimas (eso lo saben hacer mejor en Hollywood) sino, más bien, un desconsuelo interior al introducirnos en la vida de esa madre primeriza de 35 años que no encuentra los ánimos que necesita en una madre rígida y fría a la hora de expresar sentimientos de cariño o aliento, ni en un marido que a los pocos días de ser padre decide aceptar un trabajo que lo mantendrá lejos de casa durante semanas o un padre que si bien es cariñoso también es un hombre ausente. De igual modo se verá sobrepasada por su nueva realidad que la alejará cada vez más de poder continuar con su trabajo, el cual, aunque se trate de un teletrabajo, requiere de cumplimiento de plazos y ciertos compromisos que no será capaz de cumplir.

De regreso a casa de sus padres al verse superada por los acontecimientos, la vida se tuerce cuando su madre enferma y deba hacerse cargo, no solo de su hija, sino también de su madre. No hay esperanza o quizá la haya en esa niña pequeña si es capaz de no cometer los mismos errores que su madre y su abuela, pero eso no lo sabremos porque la película termina con la muerte y la soledad que impone la vejez.

Ruiz de Azúa ha huido conscientemente de la edulcoración del relato y ha optado por un hiperrealismo que convierte a este drama en una película poco amable y de grandiosas interpretaciones, sobre todo femeninas. Laia Costa en el papel de madre e hija y Susi Sánchez como madre y abuela son lo extraordinario de este filme sobre una familia que pocos querríamos que fuera la nuestra. @opinionadas en @mundiario

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