Pedro Sánchez intenta contrarrestar las encuestas
Durante las últimas semanas, el presidente del Gobierno ha intentado ofrecer una imagen de permanente actividad y liderazgo frente al desgaste que miden todas las encuestas, mientras el PP se refugia en la crítica distanciada.
Cumbre de la OTAN, rectificación de la política exterior con Marruecos, debate del Estado de la Nación sin contrincantes, remodelación de portavoces, probable crisis de Gobierno… el Presidente ha tratado de capitalizar todas las iniciativas posibles durante el último mes mientras que el PP se refugiaba en la crítica distanciada, llegando a rechazar la participación en el citado debate que de esa forma quedaba devaluado a una comparecencia más. Mientras, Pedro Sánchez asumía las propuestas de Unidas Podemos para forzarlos al apoyo irrestricto al tiempo que desbloqueaba el diálogo con el Gobierno catalán y aceleraba la aprobación de diversas leyes de desigual importancia.
Como broche, varios cambios en la cúpula socialista, anunciados en los medios y ejecutados sin debate alguno. Cuando algunas voces autorizadas advirtieron en su día que el procedimiento de elecciones primarias tal como se había concebido corría el riesgo de caer en el bonapartismo, se referían precisamente a la actual situación en la que el equilibrio de poderes interno ha sido sustituido por la sumisión incondicional. Nadie echará de menos a los cesados como nadie echará de menos a los miembros del Consejo de Ministros que deberán hacer sitio a la savia nueva. El argumento principal, la comunicación deficiente. Parece suponerse que con mejores explicaciones gubernamentales los ciudadanos estarán más proclives a refrendar al Gobierno. Se quiere ignorar que, según las encuestas, los ciudadanos muestran desafección por algunas medidas del Gobierno, o por su ausencia, no por las explicaciones recibidas.
Tensiones en todos los frentes
En el lado popular se ha instalado la creencia de que basta esperar para que el Gobierno caiga como fruta madura, renunciando a formular propuestas constructivas o de futuro. Alberto Núñez Feijóo comienza a parecerse a Pablo Casado al ofrecer una negativa a cualquier problema y rehuir la defensa de su propio programa. Estar silente en el Congreso para delegar en su portavoz puede entenderse como temor a la confrontación pero no como prudencia.
Al mismo tiempo, Sánchez cuida a sus socios pero las tensiones están en todos los frentes. En el nacionalismo vasco, la preeminencia de Bildu en detrimento del PNV, en el caso catalán, se apoya a ERC para desairar a Junts y en el ámbito de Unidas Podemos, la facción de Iglesias-Belarra se encarga de recordar a Yolanda Díaz sus límites. Esta última ya ha adelantado que su reino no es de este mundo y que por tanto no concurrirá a las elecciones municipales y autonómicas. Precisamente lo que se comenzará a discutir a la vuelta del verano serán los cabezas de lista a los citados comicios de cuyo resultado dependerá el color del siguiente Gobierno.
Italia abre graves fisuras en el bloque europeísta
La caída de Mario Draghi en Italia es una pésima noticia, no solo porque deja entrever el interés de la diplomacia rusa en desestabilizar al bloque comunitario, sino por la alternativa que se dibuja como posible, encabezada por la facción más radical de la derecha. De llegar a confirmarse los pronósticos, la alianza de los países comunitarios con Ucrania puede verse seriamente comprometida. La política energética puede abrir otra crisis interna cuando se aproxima el invierno.
Al tiempo Rusia reedita la alianza con Irán y Turquía que en su momento sirvió para sostener al régimen sirio frente a la guerra civil. El conflicto ucraniano está siendo relegado a las páginas interiores de los periódicos pero sus consecuencias se sienten ya en la vida cotidiana. Si se cronifica como un conflicto de baja intensidad, sus efectos pueden ser muy duraderos. @mundiario

