¿Por qué el retorno de los borbones acaba siempre siendo un espectáculo?

Juan Carlos I. / RR SS
Juan Carlos I. / RR SS
En lugar de una vuelta discreta, como fue la salida, el retorno del rey honorífico, ha derivado en un espectáculo que no beneficia a la Casa Real.
¿Por qué el retorno de los borbones acaba siempre siendo un espectáculo?

Es curioso. A lo largo de la historia, cuando los Borbones se van (o los echamos) y retornan suelen dar un cierto espectáculo o se monta un cierto espectáculo por parte de sus más leales súbditos. Como ahora. La fecha del 19 de mayo de 2022 habrá que sumarla a otros tres episodios: Cuando retornó el rey abyecto Fernando VII, aquel que felicitaba a Napoleón por sus victorias sobre los españoles que morían para devolverle el trono, cuando se largó su hija Isabel II y demostró lo poco que le importaba el país, y el retorno ditirámbico de los restos de aquel rey perjuro que se pasó por el forro la Constitución que lo hiciera rey, cuando uno de sus generales se alzó contra ella, y al que gustaba llamar “Mi Mussolini”.

En el caso de Fernando VII es conocido el episodio de que al grito de “Vivan las caenas”, cuando volvió de su cómoda estancia en Francia, desengancharon las mulas que tiraban de su carro y varios españoles entusiastas se ungieron en su lugar. Algunos son así, y es conocida la anécdota del regreso de Alfonso, hijo de Isabel II y de Enrique Puigmoltó, donde Galdós anota que los que gritaron a la salida de la madre jaleaban con el mismo entusiasmo la llegada del hijo. Es lo mismo.

Tal parece que ese espíritu prevalece en algunos leales súbditos que prefieren serlo a ciudadanos por el modo en que ha sido recibido por algunos el mal llamado rey emérito, cosa que no existe, sino honorífico. Porque pese a las evidencias de su comportamiento, sus enredos y trapacerías, cubiertos por la inviolabilidad o el aviso a tiempo para ponerse al día con Hacienda de sus deberes contributivos, el desvergonzado uso de los servicios de seguridad del Estado para tapar la boca o meter miedo a sus barraganas, según el caso, y el resto del repertorio de conductas no ejemplares, para algunos estas son cosas de los reyes, pecadillos sin importancia, despistes de estar en las alturas. Pero sectores monárquicos más seros y significativos están criticando que el primer acto del rey honorifico a su regreso de su estancia en Abu Dabi no sea presentarse ante su hijo, sino apuntarse a unas regatas que no dejan de ser un asunto menor y festivo ante los motivos que provocaron su salida del país, precisamente, para distraer los efectos que sobre la Corona pudieran causar su conducta. Dicen, hasta sus partidarios, que una vez exonerado (yo digo impune) debería ante todo presentarse ante su hijo el Rey como va a hacer como segunda parte de este retorno.

El Gobierno, y en este sentido creo que expresa el sentimiento de millones de españoles, ha reiterado su postura de que debe darnos explicaciones, o por lo menos, como la otra vez, cuando lo de Botswana, disculparse al modo de aquello: “Me he equivocao. No volverá a ocurrir”. La lectura de lo que estos días se escribe deja a uno perplejo, pues se insiste en que está limpio de polvo y paja, obviando que no es que no cometiera los actos que cometió, que el resultado de su impunidad se debe a que cuando en el caso de otro ciudadano sería un delito, él era inimputable, lo avisaron para regularizar sus cuentas con Hacienda y no se pudo especial empeño en llegar al fondo de sus actos, aparte del vodevil de sus tratos, regalos y disputas con más de una de sus mancebas, en su caso, bien retribuidas y amparadas con fondos y prebendas públicos.

La Casa Real, se mantiene a distancia

Ante todo esto, la Casa Real se mantiene a distancia. ¿Pero hemos olvidado que el rey Felipe VI, al conocer su conducta, primero renunció a toda herencia o beneficio que trajera causa de los enredos de su padre en paraísos fiscales y finalmente le retiró la soldada que percibía? ¿Hace falta alguna prueba más de reconocimiento de que Juan Carlos no actuaba dentro de los parámetros de la honestidad exigida a un jefe de Estado? Pero es que, además, como en su mensaje del 24 de diciembre de 2013 se comprometía a mantener una conducta ejemplar que requería a los demás, lo que une a la amoralidad el cinismo. Por lo visto, el retorno de Juan Carlos I va a ser una cosa intermitente, y ya se anuncia que vuelve en junio a Sanxenxo con causa semejante a este primer retorno. O sea, que el asunto se va a normalizar, en tanto va y viene del lugar donde no está estado exiliado, sino con una estancia algo más larga que las que hasta ahora solía pasar en ese paraíso medieval en no pocos aspectos, que tanto le gusta. Desde que abdicó ha pasado tres cuartas parte del año de viaje permanente. O sea que nada nuevo.

¿Se atreverán por fin los dos grandes partidos dinásticos, o sea, PSOE y PP, en afrontar la necesaria “Ley de la Corona” que está pendiente desde tiempos de Zapatero? Y el asunto de revisar lo de la inviolabilidad queda definitivamente aparcado.  De momento, Felipe VI ha puesto en marcha un código ético sobre regalos y actividades de la Casa Real, que por cierto han ignorado al aceptar el regalo de unos pendientes de 100.000 euros a Letizia y que se omite con trampa al pasarlo al Patrimonio Nacional, pero el regalo se acepta. El CIS lleva siete años sin preguntar a los españoles qué pensamos sobre la monarquía. Total para qué. @mundiario

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