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Maduro avisa a los venezolanos de que deberán volver a pagar la gasolina

"La gasolina que hemos traído de otros países, de nuestra hermana Irán, la hemos pagado en dólares. Mucha gente me propone, y yo estoy de acuerdo, que hay que cobrarla", dijo el mandatario.
Maduro avisa a los venezolanos de que deberán volver a pagar la gasolina
El presidente (de facto) de Venezuela, Nicolás Maduro / Diario Las Américas.
El presidente (de facto) de Venezuela, Nicolás Maduro / Diario Las Américas.

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Ricardo Serrano

Ricardo Serrano

El autor, RICARDO SERRANO, colaborador de MUNDIARIO, es un periodista venezolano especializado en política y economía con experiencia en diversos periódicos de Venezuela y un portal web de Argentina. @mundiario

Durante 20 años, en el país más económicamente volátil e inestable de América del Sur, Venezuela, se ha instaurado un esquema socioeconómico que, desde el poder político de la cúpula del régimen neocomunista, primero de Hugo Chávez y actualmente de Nicolás Maduro, ha generado la percepción colectiva y cultural interna de que la energía debe ser casi que obsequiada por el Estado. El sistema de vida en el país ha sido condicionado y modificado progresivamente durante dos décadas por un contexto de paternalismo y regalías desde el Gobierno con base en la premisa ideológica del ‘socialismo del siglo XXI’. La gasolina podría ganar fuerza como el nuevo agravante de la crisis económica de Venezuela.

En una nación donde, ahora más que nunca, la economía se mueve por y para el monopolio de un limitado recurso que ya es incluso más preciado que el petróleo –el único producto que solía exportar Venezuela desde 1999–, es la gasolina el elemento que ha configurado una suerte de para-economía en la cual actualmente existe un monopolio acendrado en el Estado mismo por el férreo control que la Guardia y la Policía nacional venezolana ejercen sobre el suministro del escaso combustible que el régimen de Nicolás Maduro debe ahora importar debido a dos factores clave que juegan en su contra: la corrupción que desfalcó y descapitalizó a la estatal petrolera Petróleos de Venezuela SA (PDVSA), y la confiscación de la filial refinadora de crudo y productora de gasolina del Estado venezolano en Estados Unidos, Citgo Petroleum, por las sanciones del Gobierno de Donald Trump. He ahí las razones por la que hoy el combustible está ausente en los vehículos de aproximadamente un 80% de la población venezolana.


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Un ‘regalo’ muy caro del Estado

Y es que tras años de evidentes regalías de un recurso que al Estado le ha costado una inversión de 300.000 millones de dólares en PDVSA durante los últimos tres años, de los cuales no se tiene registro contable por un aparente desvío a redes de corrupción interna con ese mismo monto y la pérdida de 30.000 millones de dólares debido a la caída en la producción de PDVSA de 2 millones a 670.000 barriles diarios de forma progresiva dese 2014, la gasolina volverá a ser un producto de pago en Venezuela.

El régimen chavista subvencionó el combustible durante años con un gasto promedio de 16.000 millones de dólares anuales en subsidios indirectos al precio de la gasolina. Tanto así, que el litro llegó a costar apenas 1 bolívar, equivalente a 0,000005 dólares (la millonésima parte de un dólar), como hace con la mayoría de los servicios públicos; agua, electricidad y gas, todos financiados con las reservas de capital de PDVSA, hoy agotadas, y ahora con las mermadas reservas internacionales del país, que promedian un bajo saldo de 7.000 millones de dólares (se ubicaron en US$40.000 millones durante el gobierno de Chávez), pero además, gracias a las ingentes reservas de la nación petrolera (309.000 millones de barriles de petróleo sin explotar en el subsuelo) y, sobre todo, al endeudamiento del Gobierno de Maduro con Rusia (por 20.000 millones de dólares) y China (por 60.000 millones de dólares) la compañía estatal PDVSA pudo mantener la refinación de gasolina y logró mantener su regalía energética a los venezolanos. Sin embargo, el grifo se ha cerrado y la factura comienza a ser expedida.

La desastrosa y negligente gestión económica del Gobierno (de facto) de Nicolás Maduro y las sanciones internacionales, que tienen represados 5.000 millones de dólares del Estado venezolano en cuentas del país en bancos corresponsales del sistema financiero internacional (entidades de EE UU, Inglaterra, Suiza y Europa) controlados por el gabinete gubernamental del chavismo, provocaron un colapso del sistema.

La otrora potencia PDVSA y la crisis de la gasolina

El régimen que detenta el poder en Venezuela ya no tiene recursos para financiar el subsidio a la gasolina (PDVSA les pagaba a los proveedores externos y le transfería dividendos a Citgo para compensar el inexistente pago real del combustible al que los venezolanos se acostumbraron durante los años de bonanza y ahora durante los años de crisis. La producción es hoy insuficiente incluso para el consumo interno, por lo que Caracas no solo pidió ayuda a Irán, uno de sus aliados, sino que ha tomado una decisión que echa por tierra el modelo adoptado: la gasolina tendrá un precio de mercado, aún por definir, y dejará de tener un valor simbólico.

De esta forma, el subsidio ya será solo cosa del pasado y quedará en los libros de historia venezolana como la política económica-energética que, en buena parte, fue causante y agravante de los problemas de caja que llevaron a la estatal PDVSA a la bancarrota, a destruir miles de empleos y provocar la migración de una mano de obra capacitada que cayó en la espiral de pobreza socioeconómica en la que, al dejar PDVSA de producir la renta con la que el Gobierno financiaba a las empresas, industrias y comercios del país, generó el ciclo de hiperinflación y devaluación monetaria que hundió el valor del trabajo y de la actividad económica de los venezolanos, provocando así la más grave crisis interna y migratoria de este siglo en América Latina, llevando también a Venezuela a ser el país con la inflación más alta del mundo (50.000% acumulado hasta mayo de 2020).

Llenar el depósito del automóvil se había convertido en una especie de trueque. El precio era simbólico y solo bastaba con un billete de 100 o 500 bolívares (los de más alta denominación equivalentes a 0,0005 y 0,0025 dólares, respectivamente) para que los usuarios cancelaran el suministro a los empleados de las más de mil estaciones de servicio que hay en el país. La hiperinflación y la brutal devaluación de la moneda nacional, el bolívar, hacían prácticamente imposible pagar por ese servicio, que de facto era gratuito.

No había efectivo incluso para satisfacer un precio ínfimo. Un camión cisterna de 40.000 litros costaba el año pasado, antes de que se agravara la crisis de combustible, apenas 1,78 bolívares, esto es, 0,0002 dólares, pero la mafia de contrabando de combustible a través de la frontera de Venezuela con Colombia, que durante años ha configurado una economía oscura y subrepticia en esa peligrosa zona occidental del país, solía trasladar esas ingentes cantidades de gasolina a territorio colombiana para vender un camión totalmente cargada en 20.000 dólares, pues en el vecino país sí existe un sistema de cobro de combustible a precio internacional (entre $0,5 y $1 por litro).

En ese contexto, Maduro dio un giro radical en su deficiente gestión del suministro de energía y de la economía nacional al aclarar que la gasolina enviada por Teherán (Irán) deberá pagarse.

Un nuevo esquema de cobro, ¿más gasolina al fuego?

“La gasolina que hemos traído de otros países, de nuestra hermana Irán, la hemos pagado en dólares. Mucha gente me propone, y yo estoy de acuerdo, que hay que cobrarla. Estoy dirigiendo un equipo para evaluar el precio y pido mucha colaboración y entendimiento sobre todo después de haber pasado roncha estos dos meses en los que el imperio nos quitó la gasolina”, dijo este pasado jueves en una alocución retransmitida por televisión.

No obstante, el impacto de esa eventual e inminente medida será perjudicial para una economía en la que el 70% de la población se desempeña en el ámbito informal por la vía del comercio y, por ende, todas las estructuras de costos y precios en el país dependen del costo que los distribuidores, inversores y dueños de negocios deban pagar por la monopolizada gasolina que, en medio de su racionamiento impuesto por el Gobierno con la justificación de suministrarla solo a personal médico y de seguridad por la crisis de la pandemia de coronavirus, ahora ha sido apoderada por las redes de contactos que inician con altos funcionarios militares y policiales que la revenden a terceros y estos la comercializan a los usuarios comunes en un excesivo precio final de 50 dólares en efectivo por tan solo 20 litros, que no abarca la capacidad del tanque de un vehículo pequeño (40 litros).

El indudable golpe que el alza del combustible y la eliminación de los subsidios a la gasolina tendrá en la inflación, el sistema de precios y la movilidad interna de un país donde se ha paralizado 1 millón de unidades del parque automotor a causa de la crisis de inflación, pobreza de ingresos y escasez de gasolina, podría generar una convulsa tensión social en Venezuela similar a la que estalló en Ecuador en octubre de 2019 tras la derogación de los subsidios a los combustibles.

Según el economista y ex director de PDVSA en 1999, José Toro Hardy, los cargamentos por 1 millón 400 mil barriles de gasolina que el régimen de Maduro le compró a Irán con oro, no abastecerán la demanda interna por un mes y medio como se creía inicialmente, sino por aproximadamente 16 días debido a la urgencia que tienen cientos de empresas, comercios y hospitales en movilizar sus mercancías, trabajadores y pacientes.

El pasado jueves circuló en las redes sociales en Venezuela una imagen en la que, presuntamente, el Banco Central (BCV) publicada el nuevo precio de la gasolina en $0,50 el litro de 91 octanos y $0,75 el de 95 octanos. Sin embargo, es información fue desmentida y tildada de falsa por voceros del chavismo y el propio canal oficial del Estado.

Aun así, no se descarta la posibilidad de que, según Toro Hardy, los nuevos precios lleguen a establecerse en $0,50 el litro de gasolina de 91 octanos y $0,60 el de 95 octanos. Es decir que, si efectivamente, Maduro llega a anunciar en las próximas semanas un ajuste y liberación de los precios del combustible, un venezolano necesitará 20 dólares cada dos o tres días para abastecer su vehículo. El salario mínimo oficial del país equivale a tan solo 2,25 dólares al mes (400.000 bolívares).

La crisis ha entrado en una fase de estancamiento y, con todo un país paralizado por la pandemia del coronavirus y la ‘pandemia de escasez’ de combustible, la economía y la sociedad venezolana volverán a mutar de forma negativa, es decir, van a involucionar. @mundiario