Por qué la Estrategia de Seguridad Energética Nacional está obsoleta: una deuda urgente
En un momento crítico para la seguridad energética, España sigue confiando en una Estrategia de Seguridad Energética Nacional redactada hace una década, en 2015. Este documento, diseñado en un contexto político, económico y tecnológico muy distinto al actual, se ha demostrado insuficiente para afrontar las amenazas modernas, desde ciberataques hasta cortes masivos de suministro eléctrico. Pese a que la necesidad de su renovación ha sido reconocida por el propio Gobierno en múltiples ocasiones, la actualización sigue bloqueada, lo que deja al país desprotegido ante crisis como la reciente interrupción del suministro eléctrico que afectó a millones de personas.
La Estrategia de 2015, elaborada bajo el mandato de Mariano Rajoy, remitía a la Estrategia de Seguridad Nacional de 2013, a pesar de que desde entonces se han aprobado dos nuevas versiones de este documento marco, en 2017 y en 2021. Esta desactualización no es menor: el documento vigente no incorpora riesgos evidentes como el uso del gas como arma geopolítica, práctica que ha marcado la invasión de Ucrania por parte de Rusia, ni contempla en detalle las vulnerabilidades del nuevo modelo energético basado en renovables, almacenamiento y digitalización.
El Gobierno de Pedro Sánchez inició en octubre de 2020 el procedimiento para redactar una nueva Estrategia de Seguridad Energética, pero la pandemia, los cambios en prioridades políticas y la falta de impulso político dejaron el borrador en un cajón. Esta inacción contrasta con el mandato explícito recogido en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2021, que advertía con claridad de que el “nuevo paradigma energético” obligaba a revisar con urgencia la estrategia sectorial. Tres años y cuatro meses después, esa revisión sigue pendiente.
El documento de 2015, aún en vigor, incluye advertencias relevantes que han quedado superadas o se abordan de forma genérica. Por ejemplo, reconoce la “insuficiencia de inversiones en infraestructuras energéticas” y el peligro que suponen los “accidentes industriales graves” o los “ciberataques” a sistemas críticos. Pero sus medidas son fundamentalmente preventivas y están lejos de ofrecer un marco operativo para gestionar crisis complejas y de gran escala como la ocurrida recientemente, cuando el país declaró oficialmente una “crisis energética” y tuvo que activar sus reservas estratégicas de gas.
La energía no puede abordarse de forma aislada
En ausencia de una estrategia moderna y adaptada, el Gobierno se ha visto obligado a recurrir al Plan de Preparación frente a las Crisis de Electricidad, un instrumento técnico de gestión que carece de una visión integral. Si bien clasifica las crisis según el nivel de energía no suministrada y su duración, apenas contempla las consecuencias sociales y económicas de un apagón masivo: desde la interrupción del transporte ferroviario hasta el colapso de hospitales y el aumento de la delincuencia por la falta de iluminación y de sistemas de alarma. Estas dimensiones —tan humanas como estratégicas— deberían haberse integrado ya en una nueva estrategia nacional.
Además, los expertos señalan que la actual estrategia no recoge las interdependencias crecientes entre sectores: la energía ya no puede abordarse de forma aislada del cambio climático, la ciberseguridad, las cadenas de suministro o la estabilidad social. Tampoco contempla la dimensión europea del problema, en un momento en que España pretende consolidarse como hub energético del sur de Europa. Las interconexiones con Francia y la transición hacia el hidrógeno verde son retos que simplemente no existen en un documento redactado cuando la realidad energética era otra.
La gestión de riesgos energéticos —desde apagones hasta sabotajes digitales— debe estar amparada por un marco normativo moderno, transversal y proactivo, que permita al país anticiparse a las amenazas y no limitarse a apagar fuegos una vez desatados.
El Gobierno no puede seguir postergando esta tarea. La crisis energética que vivimos ha sido un aviso. Pero el próximo golpe, si llega sin que España haya renovado su estrategia, podría tener consecuencias mucho más graves. Urge pasar del diagnóstico a la acción. Porque en un país cada vez más dependiente de la electricidad, sin seguridad energética no hay seguridad nacional. ¿A qué espera Moncloa? @mundiario

