El origen asiático del perro: la primera domesticación pudo suceder en el Este

El lobo gris, ancestro común de los perros. / RR.SS.
El lobo gris, ancestro común de los perros. / RR.SS.

Un nuevo estudio genético sugiere que los perros actuales tienen ancestros comunes en Asia, tras el final de la última Edad de Hielo, que originaron la primera especie doméstica.

El origen asiático del perro: la primera domesticación pudo suceder en el Este

En la antigüedad se produjo un acontecimiento que cambió para siempre el curso de la humanidad, cuando los lobos pasaron de ser amenazas para las aldeas a convertirse en una especie domesticada que acompañaría al hombre por miles de años: se trata del perro. Este acontecimiento es bastante antiguo y tiene una especulada datación de 15.000 años, cuando el mundo venía saliendo de la última Edad de Hielo.

La humanidad ha cambiado drásticamente desde entonces, pero la presencia de estos animales en nuestras vidas no ha hecho más que aumentar. De animales de trabajo, vigilancia o caza han pasado a ser mascotas, y finalmente parte de cada familia. No obstante, aunque se especule cuando ocurrió ese cambio, no se sabe a ciencia cierta en qué momento, dónde y cómo ha sucedido.

El origen de los perros está claro, proceden de los lobos. Pero aun así la ciencia quiere profundizar acerca del inicio de esta milenaria relación. Por ello un nuevo estudio científico, que involucra 38 instituciones de 16 países diferentes, ha indagado en el origen genético de los lobos, logrando identificar que los perros están bastante emparentados con sus ancestros euroasiáticos.

La novedosa investigación, que encima demostró que es posible rastrear la ascendencia de los perros, determinó que los perros actuales tienen orígenes en común, específicamente de dos manadas de lobos que habitaron en Asia y en Europa, al final de la Edad de Hielo, aunque la mayoría presentó vínculos genéticos con los lobos del Este, lo que sugiere que la primera domesticación ocurrió allí.

La primera domesticación de lobos pudo ser en el Este

Un equipo internacional de genetistas y arqueólogos dirigido por el Instituto Francis Crick, en el Reino Unido, pudo localizar dos manadas originarias de los perros, una oriental y una occidental, sin determinar específicamente en qué países se encontrarían cada una. Lo que sí se sabe es que los genes asiáticos perduran en la mayoría de las muestras, mientras que otras tienen rastros europeos también.

Para esto hay dos posibles explicaciones bastante intrigantes. La primera es que, al igual que el pan, por ejemplo, la domesticación de los lobos haya surgido espontáneamente entre las sociedades sin necesidad de que mantuvieran contacto entre ellas, en diferentes partes del globo.

La otra es que el proceso de domesticación surgiera originalmente en el continente asiático, y que años después algunos perros se mezclaran con los lobos europeos, dejando descendencia con ambos grupos de genes. Esta información ha sido colectada a través de un estudio genético de más de 100.000 años, equivalentes a 30.000 generaciones, con 70 fósiles de lobos de Europa, Siberia, Oriente Próximo, América del Norte y África.

“Nuestro hallazgo de que los perros están más relacionados con los lobos prehistóricos de Asia, que con los de Europa, sugiere que el proceso de domesticación habría ocurrido en algún lugar de Asia. No podemos decir con más precisión en qué lugar exacto, porque no tenemos genomas de lobos antiguos de gran parte del continente”, dice Anders Bergström, coautor principal del trabajo, publicado en la revista Nature.

El lobo gris es el ancestro común del perro

Lo que se sabe con certeza es que fue el lobo gris (Canis lupus) quien dio paso al perro (Canis lupus familiaris). Esta especie de cánido estuvo presente en el hemisferio norte al final de la era glacial, cuando muchos grandes mamíferos se extinguieron. Eso data la domesticación a unos, precisamente, 15.000 años atrás.

Y es que, tras el rastreo genético, se detectaron vestigios de la selección natural como la eliminación y adopción de genes obsoletos o necesarios, alrededor del Pleistoceno tardío, unos 129.000 o 11.000 años atrás. Esta información surgió a partir del estudio de la secuenciación genética de los fósiles, de las cuales unas cinco ya habían sido realizadas. El equipo secuenció cerca de 66 genomas a partir de cráneos, pelaje o dientes de lobos, y los restos de un dhole, un perro salvaje asiático.

El misterio de la doble ascendencia

Las pruebas sugieren que muchos de los lobos tienen ancestros europeos y asiáticos por igual, si bien la mayoría parece ser de ascendencia asiática. Los restos de los lobos originarios de Europa, Siberia y América del Norte parecen tener un origen único y compartido con la fuente oriental. Mientras que los lobos africanos y de Oriente Próximo los comparten, así como genes que derivan de la población del sur de Europa y del Oriente Próximo.

La mayoría de los fósiles arrojaron tendencias relacionadas con el Oriente, lo que quizá, según apuntan los investigadores, se deba a que es realmente difícil que los restos de lobos conserven su ADN, principalmente en las regiones meridionales, como África, o Andalucía, por ejemplo, debido a los factores ambientales. De hecho, muchas muestras han sido brindadas por la Estación Biológica de Doñana, adscrita al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Dogor, un cachorro de lobo de 18.000 años de Yakutia, Rusia. / SINC
Dogor, un cachorro de lobo de 18.000 años de Yakutia, Rusia. / SINC

Además de esto, también se determinó que hubo mutaciones en el gen IFT88 hace entre 40.000 y 30.000 años, que pudo haber contribuido a la supervivencia de la especie canina a través de la Edad de Hielo. “Sabemos, por estudios en ratones y humanos, que el gen IFT88 interviene en el desarrollo del cráneo y la mandíbula”, sostienen los investigadores.

“Aunque no podemos estar seguros de por qué la selección natural se dirigió a este gen en los lobos de la Edad de Hielo. Especulamos que podría haber reflejado algún tipo de adaptación morfológica, quizá en respuesta a los cambios en la disponibilidad de presas o en las estrategias de caza”, afirma Bergström.  @mundiario

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