Los Neurofactores: la avalancha imparable que arrasa

Emociones del ser humano. / Pixabay
Emociones del ser humano. / Pixabay
Nuevas investigaciones han permitido conocer cómo se forman las emociones a través de los Neurofactores. Así, todo lo conocido hasta ahora mantenía el foco puesto en la observación.
Los Neurofactores: la avalancha imparable que arrasa

Sabemos que para buscar algo, primero hay que saber qué es ese algo y después, dónde se podría encontrar. Por ello, cuando exploramos el territorio de la excelencia emocional no nos referimos a alcanzar las más altas cotas de los Neurofactores que la componen, sino a conseguir una mezcla útil que nos permita estar “a las duras y a las maduras”. De hecho, paradójicamente, en esta excelencia también participa el “muteado” o silencio sináptico, incluso más que el portentoso despliegue de los recursos moleculares que poseemos.

Pero claro. Es necesario recordar qué es un Neurofactor y también cuántos poseemos. Primero, lo segundo. Todos poseemos 7 Neurofactores. Ahora, lo primero. Un Neurofactor es la asociación específica y coordinada de los 9 principales neurotransmisores que rigen el comportamiento, posicionados en un orden concreto, con una diferente intensidad, con una diversa dominancia y con un irrepetible movimiento oscilatorio. Algo muy similar a la conformación de las proteínas y su relación con los aminoácidos.
Así, los 7 Neurofactores son únicos a la vez que combinables. Únicos porque poseen sus propias rutas psicogénicas, y combinables porque al estar compuestos por los mismos elementos (neurotransmisores) pueden entrelazarse y así transferir su potencia a otro Neurofactor diferente y así, modificar el comportamiento.

Le pongo un ejemplo. Los Neurofactores Nt (Naturalidad) y Mn (Manipulación) poseen una carga similar del neurotransmisor norepinefrina, pero intensidades muy diferentes de los neurotransmisores histamina y adrenalina. Así, un comportamiento embaucador (Mn) puede derivar en un comportamiento creativo (Nt) al realizar un trasvase de noradrenalina de un Neurofactor a otro.

La Saturación Emocional

Cuando una señal acústica se satura, el resultado es una distorsión que hace ininteligible su significado original, así como el resto de matices que acompañaban a dicho sonido. Igualmente, cuando un Neurofactor se encuentra saturado, su despliegue contamina de tal manera que su intensa presencia hace que el resto de Neurofactores, no sólo no se aprecien, sino que incluso éstos rehúsen participar en esa estridente e infructuosa combinación.

Así, cuando la intensidad aplicada en un Neurofactor concreto sobrepasa la señal máxima que el modelo sináptico del individuo es capaz de manejar, se genera la distorsión y con ella, el inicio del colapso.

Para evitar estas “puntas” de exceso, los 7 Neurofactores que determinan el comportamiento emocional poseen diferentes recursos. Entre ellos, se encuentran la polivalencia y la flexibilidad en su señalización. Actúan como el sistema inmune de la actividad mental que evita la distorsión, paliando, dulcificando y hasta desactivando los Neurofactores saturados, utilizando la recombinación.

Por ejemplo, si combinamos los Neurofactores de la Rebeldía con la Naturalidad, obtendremos dinamismo en vez de la agresividad latente en dicha Rebeldía. De igual manera, si a la Naturalidad le asignamos una porción de Objetividad, pasaremos de mostrarnos imprudentes y fantasiosos, a planificar la exploración de terrenos desconocidos.

Como intuye, una saturación del Neurofactor Rebeldía (violencia, celos, posesión, etc…) resulta aberrante cuando se combina con un déficit del Neurofactor Protección (egoísmo, mezquindad, etc…). Lo mismo ocurre con una saturada intensidad en el Neurofactor Naturalidad y un déficit en el Neurofactor Objetividad, que nos indicaría una extrema irresponsabilidad acompañada de una peligrosa y desafiante imprudencia.

Debe saber que cualquier persona saturada emocionalmente encuentra una excusa para justificar su comportamiento. Lo más usual es declarar ruidosamente “Yo soy así”, cuando en realidad se trata de “Desconozco mis recursos“.

Como puede apreciar, las saturaciones son negativas además de malas consejeras. Se presentan como un alocado y resbaladizo descenso desde la cima, después de haber conseguido su conquista a través de una planificada y esforzada escalada.
Como le decía, un Neurofactor saturado no permite mezclas ya que obstaculiza la recombinación neurotransmisora, haciéndose dueño y señor de todo el espacio disponible, modificando dramáticamente el centro de gravedad de las emociones. Así, el Neurofactor Ob (Objetividad), al distorsionarse, se transforma en intransigencia. El Pr (Protección), en fiscalización. El Ad (Análisis) se convierte en aislamiento, mientras que el Nt (Naturalidad) se traduce en irresponsabilidad. Así mismo, la saturación en el Neurofactor Rb (Rebeldía) determina la violencia y el Mn (Manipulación) destila un comportamiento tóxico y aprovechado.

En términos psicogénicos, estas saturaciones son descritas como síntomas de diferentes desórdenes y trastornos. Así, estas “red flags” son claras advertencias sobre la aparición de comportamientos patológicos, a la vez que precursores de graves molestias en terceras personas.

Las Dimensiones de la Excelencia Emocional

Tengamos en cuenta que la excelencia emocional juega en un campo de 3 dimensiones similar al establecido en un poliedro irregular y dinámico de 7 caras, donde los límites se encuentran en el espacio ocupado en su desplazamiento.

Así, al igual que los priones y proteínas defectuosamente plegadas, las emociones que no se configuran tridimensionalmente, generan errores degenerativos en su manifestación.

Sabemos que no todo el mundo puede alcanzar la excelencia emocional absoluta, ya que las intensidades de los Neurofactores son diferentes en cada individuo, así como su capacidad de hacerlos oscilar de forma combinada. Por ello, personas igualmente creativas presentan grandes diferencias en su capacidad de análisis o en su pensamiento estratégico.

Así mismo, en recientes investigaciones, se ha concluido que la intensidad que posee un individuo en sus Neurofactores no es el único elemento que le define emocionalmente, sino que la relación existente entre las intensidades de dichos Neurofactores, juega un papel fundamental.

Le pongo un ejemplo. Piense en un individuo que posee una intensidad del 87,14% en el Neurofactor Sm (Aprendizaje) y un 63,89% en el Neurofactor Pr (Protección). Bien… el caso es que su comportamiento oscilante será el resultado de la distancia entre estos 2 Neurofactores (23,25%), en relación con la intensidad liberada por ambos (87,14% y 63,89% respectivamente).

Si le sirve de ayuda, esta dualidad viene marcada por su similitud con la Ley del equilibrio de Erwin Chargaff (bioquímico judío que descubrió el equilibrio existente entre las bases o nucleótidos del ADN biológico).

En definitiva, hablamos de las distancias entre los valores de los 7 Neurofactores que todos poseemos y que forman una especie de malla elástica, en la cual las moléculas se van asociando y disociando de forma aparentemente aleatoria.
Así somos, elásticos... hasta que nos rompemos. @mundiario

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