Las matemáticas que no se fotografían

Iñaki Urdangarin. / RR SS
Iñaki Urdangarin. / RR SS

Hay tantas matemáticas ocultas de paparazzis que deberían sacarnos los colores. El baile de cifras, estimaciones, encuestas, subvenciones y fondos de ayuda nos atragantan. En todas ellas, permanece la disputa de Pitágoras entre catetos políticos.

Las matemáticas que no se fotografían

Hace años me llamó la atención un singular libro llamado “Fotografiando las matemáticas”. La obra da cuenta a través de imágenes y fotografías que las matemáticas están presentes en todos los insólitos aspectos de nuestra vida cotidiana. Es caro, cierto, pero podría formar parte también de las matemáticas numéricas.

Muchos años después me ha vuelto a traer a la memoria que si somos capaces de fotografiar las matemáticas, cómo no vamos a ser capaces de grabar, pintar, retratar y hasta divulgar los números, las matemáticas más impactantes desde los inicios del nuevo siglo.

Tendemos a simplificar lo abstracto y en esta labor los números juegan un gran rol memorizador. Lo malo es que a veces, muchas veces, son la prueba irrefutable de una realidad tozuda que se resiste a desaparecer pese al encubrimiento político, mediático e institucional. Ocultar una realidad, una verdad en forma matemática, no por ello hace olvidar su existencia. Si somos capaces de fotografiar las matemáticas, seremos capaces también de dejar patente la realidad numérica iniciada en el nuevo milenio (2.000) del veinteañero siglo 21.

El tiempo ha transcurrido con  hitos tan significativos en nuestra historia reciente, pero para llegar al iPhone13 actual hemos pasado por muchos números antes por sus causas y efectos: como el  9/11 (los atentados contra las torres gemelas en Nueva York) en el 2001, el corralito en Argentina, el estallido de la burbuja puntocom en el 2002, el 11M ( Atocha en 2004), la crisis de las hipotecas subprime en el 2008 (ahogando a miles y millones de usuarios en el mundo) con Obama en la Casa Blanca, la Primavera Arabe en el 2010 y la explosión posterior de conflictos en Oriente Medio con guerras y crisis de refugiados. Luego le siguió la crisis del euro y el rescate de los PIIGS (2010), Fukushima (2011) que marcó el fin de la era nuclear posterior en muchos países europeos aunque ahora maldigan haberse pillado los dedos por falta de recursos energéticos. La anexión de Crimea por parte de Rusia (2014) o la llegada de Trump, el despegue de China como potencia mundial dejando de ser país emergente, o el más reciente Brexit que culminó hace un par de años. A todos esos hitos les arropa cifras y datos de toda magnitud. Y si nos apuran hasta miles de fotografías anónimas sobre sus problemas y soluciones.

En el caso de España, las matemáticas se nos atragantan y aunque queramos dar carpetazo es irremediable que nos acompañe por una razón u otra. Unas forman parte de la fotografía colectiva y en otras, un viejo recuerdo que aflora como acto reflejo a lo Pavlov.

LOS NÚMEROS NO DAN NUNCA LA RAZÓN A NADIE

Las sucesivas crisis económicas en nuestro país que culminan con la actual pandémica, política e institucional, están bien rodeadas de números rojos. Una veces esas matemáticas las enjuiciamos a escala macro y otras micro según nos interese argumentar en el estrado pertinente y la audiencia. La memoria tiene las patas cortas cuando queremos pero la desmemoria ya es un mal endémico que se agudizó con la llegada de la COVID19, el estreno de figurantes políticos y los más de 100.000 muertos.

Tras más de 40 años fallecido, con sus 365 días cada uno, hemos exhumado y resucitado a Franco en tantas ocasiones que parece más vivo que entonces. La guerra civil, aún más vieja, sigue instalada en las trincheras de la clase político-mediática y amenaza con contaminar el espíritu de tolerancia democrática que nos concedieron nuestros antepasados con la llegada de la democracia y la constitución. Siempre hay gente que reniega de esta última porque dicen no la votaron. Tampoco hemos votado nominalmente que nuestros padres nos criaran y dieran la mejor educación posible para hacer de nosotros unos seres de binomios responsables y honestos.

Bueno, lo de la honestidad no se casa muy bien con las matemáticas si resolvemos las hipotenusas de todas las tramas catetas de corrupción habidas desde la constitución del 78, con sus convolutos y pelotazos cargados de raíces cuadradas  que han enriquecido ilícitamente a cada vez más indeseables. Algunos por cierto siguen ahí sin haber devuelto la pasta, en libertad matemática y sin reflejo en el teleobjetivo fotográfico.

Pero volviendo a la trama de las ciencias exactas, los números en plena generación millenial, nos acompañan como una losa inquisidora y pese a todo, hay quienes se ganan el pan negando, ocultando, disfrazando y hasta mintiendo que 2+2 han dejado de ser 4

Me estoy refiriendo entre otros al reciente anuncio de retirar  la asignatura de informática del Bachillerato, aún a faltos de cientos de miles de expertos en nuevas tecnologías en España pero dispuestos a invertir  paradójicamente de 3.600 millones de euros en formación digital para digitalizar una parte del país. Esta pésima comprensión de las matemáticas nos sitúa, con razón, a la cola del informe Pisa. 

Tampoco podemos olvidar el caso de las encuestas y estadísticas amañadas. Del 6,5% hemos pasado al 5% de tasa del PIB sin apenas sonrojo pese a su impacto en las previsiones de ingreso en los PPGG.

O el caso olvidado del índice de paro más galopante de nuestra historia que lo sitúa en el 40% de la población juvenil detentando el liderazgo en Europa, aunque haya quienes saquen pecho porque la población activa ha mejorado el dato en su última encuesta. Tampoco sale en la foto el millón largo de familias que tiene a todos sus miembros en paro de larga duración. Cosas de las matemáticas chulísimas. Luego nos saltan con que le tenemos miedo a las mamas según la señora ministra. Lo que le tenemos miedo es a las matemáticas mal explicadas y a las ciencias adulteradas. 

La diluviana cuestión de la cuota porcentual del  25% de enseñanza del español, en una comunidad como Cataluña pero también en Baleares y Comunidad Valencia, se dirime en tribunales y se incumple por narcisismo matemático. Tampoco se cumple el dígito contrario, el 75% de las clases en catalán, cuando comprobamos que es casi el 100%.

Todo el procés surgió en tiempos de Pujol y el 3%, o mejor a la inversa, que era la comisión que cobraba él, presuntamente su familia y el partido fraccionado N veces en siglas variopintas, y nos ha llevado a la crisis de Estado más grave de todos los tiempos. El golpe de Estado, la declaración unilateral de independencia (DUI) y la fuga de sus autores no impidió que algunos denominadores fueran juzgados y condenados, aunque luego llegara el comodín del indulto quebrado a unos numeradores  “no-arrepentidos”.


LAS MATEMATICAS TAMPOCO SON IGUALES PARA TODOS

Imaginen indultar a delincuentes que no reniegan del acto delictivo cometido sino que encima  te esputan en la cara que “lo volverían a hacer”. Aquí falla, como salta a la vista, la lógica de las matemáticas. Las matemáticas, de forma similar a la justicia, tampoco son iguales para todos.

También que el 3% haya servido para crear toda una trama más propia de una república bananera que de una democracia ejemplar y decretar un tímido 155 durante un intervalo de tiempo en una comunidad autónoma que no dió tregua sino al contrario. A esa trama se le unieron otras muchas de todos los colores políticos, sindicales, monárquicos, eclesiásticos,  etcétera que han hecho de nosotros motivo de desconfianza hasta cuando los frugales de las exactas nos regalan el dinero europeo para la reconstrucción.

De no haberse hecho trampas, ni plagiado, ocultado o mentido en los números mientras ejercen los designios del país, tal vez en España habríamos llegado a ser la Suiza o la Dinamarca del Sur, que tanto gustaba a una formación política nutrida de fondos ilegales presuntamente de las peores dictaduras del planeta, aunque se llene la boca de impartir clases de álgebra y aritmética moralistas con el consentimiento del maestro. Ahora que aquellos pitágoras ya no se dedican a la política -dicen- podrán contar la verdad de los números. En matemáticas si no dices la verdad es prueba que nos estuvieron mintiendo.

Durante la pasada semana nos ha abrumado otras cuestiones matemáticas. La sentencia de los tribunales europeos contra España por mantener el formulario 720 de los últimos ministros de Hacienda para declarar bienes en el extranjero vigente desde hace más de una década. Las sanciones abusivas hasta del 150% devuelve cierta justicia fiscal a los ahorradores honrados, aunque desconfiemos de las amnistías fiscales como hemos comprobado porque tampoco salen los números.

Pero la fórmula geométrica más euclidiana  de los últimos tiempos se ha dado con la revelación de las inmatriculaciones de la Iglesia. Al clero se le conoce más de 100.000 propiedades de todo tipo sólo en España exentos además del pago matemático del IBI como cualquier numerario cristiano contribuyente. Que se dignen a reconocer que al menos 1.000 de estas propiedades las devuelve al Estado por haberlas inscrito inadecuadamente, podría dar pie a abrir una nueva disciplina numérica en las reglas de tres y una incógnita a despejar: si 100.000 son el 100% , cuántas de todas ellas pueden acreditar documentalmente su verdadera propiedad. A los mortales nos crujen con los impuestos de sucesiones y las herencias, pero a la institución del derecho y ciencia canónicos se le preserva un privilegio medieval y no es precisamente por falta de números.

 Luego se preguntan por qué pierden feligreses. Que se lo pregunten a los sindicatos y sus mengües afiliados que están para defender los derechos de los trabajadores sólo cuando gobierna la derecha. Con la izquierda pasan el cepillo, miran para otro lado y silencian el escandaloso paro o la subida de la luz de más del 200%. Por un ratio muchísimo menor, cuando se estudiaba matemáticas en este país, incendiaron las álgebras callejeras de protestas. 

Y como prueba de lo que digo vean todas las fotos de las huelgas por las subidas fiscales, del recibo eléctrico y el IVA más alto de la UE en mascarillas, test de antígenos y gasolina, mientras suben las matemáticas del gasto, del déficit, de la deuda y hasta de las apariciones de Iñaki Urdangarín por romper las reglas de los conjuntos (matrimoniales) disjuntos. La presunta fortuna en paraísos fiscales a repartir por ambos, otra cuestión de números en disputa. @mundiario

 

Las matemáticas que no se fotografían