La tragedia y la comedia se visten de “empatía social”

Teresa Ribera. / Mundiario
Teresa Ribera. / Mundiario

De un tiempo atrás se nos apela a la empatía social para atender y comprender muchos de los problemas generados por la ineptitud de unos cuantos. 

 

La tragedia y la comedia se visten de “empatía social”

Hace apenas unos días que la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, soltó una frase antológica apelando a la “empatía social” de las eléctricas para rebajar la factura de la luz. No le faltó razón. Nosotros también tendríamos que apelar al señor creador para que nos conceda más empatía social y superar tanta tragicomedia producida por eléctricos metidos a la política. 

La gran tragedia nacional de este país es que los problemas generados por los que dirigen las riendas del país y hasta sus opositores siempre son culpa de terceros o hasta de la pre-historia. La tragedia tiene penetración y nuestros comediantes ninguna perspectiva del sentido del ridículo.

Por eso empatía social (ES) es lo que deben de tener  los sindicatos cuando convocaron varias huelgas a Rajoy por una subida del 10% de la luz y ahora con la escalada cercana al 200% miran para otro lado, o tal vez esperan convocar un paro cuando la oposición llegue al gobierno. Menos mal que pasamos por alto el alza de la gasolina y el gas en plena campaña de verano. Cuando llegue el invierno y se dispare el consumo, los españoles tendremos que descubrir esa empatía  que tantas veces nos falta para asumir nuestro destino.

¿Recuerdan la poca ES que tenía Europa a la hora de bajar el IVA de las mascarillas o más recientemente de la luz a los españoles? Desde luego tenemos la negra. ES es lo que mostramos cuando con el inicio de la crisis en Afganistán estuvimos escondidos de vacaciones sin dar la cara hasta que el aluvión de críticas fueron contestadas con varios tuits y la involucración de los titulares de Defensa y Exteriores, sin impedir que  tras su evacuación final nos apuntáramos a la foto y a sacar pecho con oraciones como: “Misión Cumplida”y “Lo hemos hecho muy bien”.

EMPATIA POR MINISTERIOS QUE NOS HACEN PARIR EN CASA

ES es lo que todos los españoles tenemos por los más de 100.000 muertos con el Covid aunque el gobierno tuvo los arrojos de explicarnos que había salvado 450.000 vidas en nuestro país gracias a su gestión, aun perdurando  en la retina el caos sobre los registros de ingresados, enfermos, fallecidos, confinamientos y restricciones, cierres de negocios, encargos y suministros de EPIS, vacunas y campañas de vacunación, infracciones sin cobrar antes del fallo de los tribunales y sentencias reprobatorias sobre los cierres perimetrales entre otros.

Quien tiene ES somos todos esos españoles por tolerar tantos embustes y cambios de pareceres, improvisaciones y trapicheos presupuestarios como cuando rescataron las autopistas, aerolíneas sin aviones, empresas del SEPI, subvenciones amiguitas y concesión de ayudas públicas a medios privados afines al ejecutivo, porque a los críticos ni agua, mientras cientos, miles de familias están en la ruina absoluta. O por abrir unos ministerios que vigilan si comemos carne, ensalzar el feminismo más ortodoxo aunque raye lo grotesco, parir en casa o quitar la firma del Rey de los títulos académicos.

Pero para ES, los que en la oposición decían una cosa y exaltaban su moral más elevada pero ahora calientan los  escaños azules de la multi-coalición  emulando a los comediantes de los hermanos Marx, con sus principios: “Si no te gustan, también tengo otros”.  En honor a la equidad, los que estuvieron en el banquillo azul y ahora ocupan la oposición silenciosa, también prometen muchas cosas ahora que en su día se negaron a ejecutar.

Ay cuánta ES  gozamos como nunca de un tiempo para atrás, que nos acordamos de santa Bárbara cuando llueve y casualmente Madrid es culpa de todos los males de este país,  hasta de ser capital del reino, cuando en otros reinos autonómicos no están libres de nubes borrascosas.

Pero el día de los indultos a los golpistas, ese debió ser el día que mayor ES expiramos por la piel los españoles. No se podía saber. Durante muchísimo tiempo pensamos que el PSOE era un aliado en el que confiar en la palabra dada, como cuando dijo que nunca pactaría con Podemos porque le quitaba el sueño y terminó metiéndose en la misma cama con ellos con perdón de sus señoras cónyuges. O  que los indultos eran “out of question” (fuera de todo lugar) y fíjate tú lo que duró el caramelo en la puerta del colegio. Y es que somos unos mal pensados. Los golpistas sin arrepentir se merecen esto y  mucha más ES. Al quite cuando se plantee la amnistía, el regreso sin cargos de los fugados por la justicia y la negociación de la autodeterminación por mucho que la carta magna no lo tolere. O cuando salga a la luz si la repentina normalidad diplomática con Marruecos tiene algo que ver con el futuro de la soberanía de Ceuta y Melilla, mientras damos carpetazo en los sótanos del Archivo Nacional las negociaciones sobre Gibraltar.

Pero para todo ello, habrán creado desde los laboratorios del CSIC de Tezanos si es necesario una vacuna contra la amnesia y un supositorio para todos los españoles que nos permitan comprender que cuando se es presidente de gobierno se tiene unas licencias poéticas que cuando se es soldado raso.

Mucha ES demuestran aquellos/as que exclaman que el sometimiento de las mujeres afganas es similar al que sufren las españolas en el país. O eso, o una supina ignorancia blasfémica más propia del inquisidor Torquemada para justificar la quema de las brujas en las hogueras.

INMUNES A TODA ENFERMEDAD VIROLOGICA

ES es la que sufren millones de especies marinas muertas por la contaminación en el Mar Menor en Murcia, y querer hacer responsable los señoritos de la huerta al inquilino en la Moncloa en Madrid, que no digo que tenga algo de culpa, pero no me digan que los nitratos y demás agentes tóxicos que riegan la huerta murciana desde hace años y años salen de las cloacas monclovitas para desaguar directamente en las orillas del mar chico. Y como estamos acostumbrados a que “quien contamina, no paga”, a tenor de la impunidad de los más graves casos de ecocidio conocidos en este país, al final una comisión de investigación aquí o allá, llenarán de actas y de folios los archivos para no llegar a  ninguna conclusión, exonerar de responsabilidades a los autores con una simple amonestación o a lo sumo una ínfima sanción pecuniaria que no impide la eyaculación precoz.

Asistimos a finales de agosto  al anuncio de la inflación más alta de los últimos tiempos con el 3,3%. Pero nadie se inmuta por el “impuesto de los pobres” que pagamos sin vacilación. Tanta ES nos hace inmunes a toda enfermedad inflacionaria, virológica y socio-estrambótica. En otro frente nos van a llegar los fondos europeos de reconstrucción para afrontar la crisis económica de la pandemia, pero la transparencia para su fiscalización brilla por su ausencia. Le estamos echando tanta ES que hasta nos olvidamos de todos los mecanismos de control públicos para evitar eméritos, pujoladas, barcenadas y erenadas como con los dineros de Europa a Andalucía que se fundieron sindicatos y la junta andaluza. 

Pero donde mucha ES hemos demostrado es por colgar una pancarta de Stalin en el balcón Ayuntamiento de  Valencia y vitorear los millones de asesinatos en gulags, cárceles rusas, tiros en la nunca y violaciones masivas de mujeres como pretendida normalidad democrática con elogios al dictador más sanguinario de la historia junto a Mao. Tanta compasión empática con la memoria histórica  habría sido inimaginable con una pancarta de Hitler.

Con mucha empatía propia y ajena hemos leído en el diario New York Times  que el expresidente golpista catalán Puigdemont y los suyos pidieron  apoyo de Rusia para el procés catalán  y desestabilizar España. Cuánta lealtad. Algo tiene que tener la prensa anglosajona para no mostrar la misma ES que muestra la española para hacer su trabajo de investigación por temor a perder el favor político regado de subvenciones.

Y sobre todo, mucha, mucha ES mostramos por los escandalosos presuntos caudales del emérito en el exterior que se están descubriendo. Para pensar que todos fueron donaciones por parte de  jeques árabes, hay que ser como poco ingenuo. Tanta tragedia griega, ya parece más española que helena.  Y aunque con todo mostremos empatía por contener tanta fatalidad, en el fondo somos personajes con unas tragaderas que ni en la mitología se conoce.

Pero la hipocresía de la ES no puede con todo. Así lo expuso con notoriedad en cierta ocasión un editorialista del Sunday Times cuando escribió que: “No hace falta ser marxista para saber que la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa”. ¿A alguien extraña pues que en nuestra  tragedia española cada momento sea una eternidad pero tan sólo un momento en la comedia? @mundiario 

 





 

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