La ‘lista Epstein’ y el futuro de Ghislaine Maxwell: cómo el caso sigue complicando a Donald Trump
Ghislaine Maxwell, la única condenada con vida por la red de tráfico sexual de Jeffrey Epstein, ha vuelto al centro del huracán político y mediático en Estados Unidos. Esta semana, el fiscal general adjunto, Todd Blanche, se reunió durante dos jornadas –nueve horas en total– con la exsocia y cómplice del millonario pederasta, en un encuentro tan inusual como explosivo. La operación, de alto perfil y casi sin precedentes, se desarrolló en la prisión federal de Tallahassee, Florida, donde Maxwell cumple una condena de 20 años.
Según su defensa, Maxwell aportó un centenar de nombres durante el interrogatorio. El Departamento de Estado le concedió inmunidad parcial para que pudiera declarar sin temor a nuevas imputaciones. Aunque no se ha confirmado oficialmente si estos nombres pertenecen a víctimas, testigos o personas influyentes vinculadas con Epstein, la reunión ha disparado especulaciones sobre los motivos reales del Gobierno de Donald Trump y el posible uso político de esa información.
La sombra de Epstein vuelve a perseguir a Trump
El regreso del caso Epstein a la agenda pública no es casual. En las últimas semanas, la gestión de la Casa Blanca sobre los archivos del millonario –300 GB de material bajo resguardo del Departamento de Justicia y el FBI– ha generado tensiones tanto en el ala demócrata como en sectores del movimiento MAGA, el núcleo duro del trumpismo.
Una de las principales críticas recae sobre la fiscal general, Pam Bondi, quien había prometido hacer públicos esos documentos. Sin embargo, recientemente se comunicó a Trump que su nombre aparece en múltiples ocasiones en esos archivos, lo que podría haber motivado el freno en la publicación y el giro estratégico del Ejecutivo.
La respuesta de Trump, lejos de calmar las aguas, avivó aún más los interrogantes. El presidente estadounidense evitó descartar un posible indulto para Maxwell en dos ocasiones ante la prensa. Primero, antes de volar a Escocia, dijo: “Estoy autorizado a perdonarla, pero no lo he pensado”. Más tarde, en Glasgow, insistió: “No es momento de hablar de perdones”.
El abogado de Maxwell, David Markus, negó que exista una negociación formal para obtener beneficios penitenciarios a cambio de su testimonio, aunque dejó la puerta abierta: “Por supuesto, todos saben que la señora Maxwell agradecería cualquier ayuda”.
Desde que Epstein fue hallado muerto en su celda en 2019, las dudas sobre una posible red de encubrimiento no han dejado de crecer. Aunque el forense y la administración Trump insisten en que se trató de un suicidio, sectores del Congreso y parte de la prensa sostienen que su muerte evitó que se conociera la identidad de figuras poderosas implicadas.
Que un fiscal general adjunto dedique casi diez horas a entrevistar a una reclusa, sin que medie una nueva acusación ni colaboración formal firmada, no tiene precedentes recientes en el Departamento de Justicia. La visita de Blanche ha sido interpretada por analistas y observadores como un posible movimiento político de la Casa Blanca, ya sea para blindarse frente a nuevas revelaciones, como para controlar el relato sobre Epstein antes de que lo haga otro.
Mientras tanto, desde el entorno de Trump se insiste en desviar la atención hacia terceros. El propio presidente apuntó públicamente contra Bill Clinton (“viajó 28 veces a la isla de Epstein”) y otras figuras como el exrector de Harvard Larry Summers, aunque no aportó pruebas nuevas.
¿Una cortina de humo o un giro real en el caso Epstein?
El regreso de Maxwell al foco judicial podría tener implicaciones profundas. Para Trump, que fue amigo de Epstein durante más de una década, cada nuevo dato del caso es un bumerán en potencia. Si decide indultar a Maxwell, corre el riesgo de detonar un escándalo mayor. Si la ignora, podría perder control sobre lo que ella pueda revelar.
Por ahora, la Casa Blanca ha optado por el silencio estratégico, mientras los nombres citados por Maxwell siguen siendo un misterio. @mundiario



