Una hormona del amor contra el odio en el extranjero

Un estudio ha presentado a un spray de oxitocina y los buenos ejemplos como armas contra la xenofobia.

Jóvenes de diferentes culturas. / Abcpedia
Jóvenes de diferentes culturas. / Abcpedia.

Nos encontramos en una época muy difícil en donde la humanidad está pasando por un momento en donde la moral, la ética, los buenos sentimientos y los valores como seres humanos penden sobre una muy frágil tela del juicio. Con tantas cosas malas ocurriendo en el mundo, nos encontramos con situaciones decadentes en donde personajes llenos de odio pintan las mezquitas y tachan a toda una población de terroristas por culpa de extremistas; vemos como en Panamá limitan la llegada de venezolanos con visas y la población pide que sus compatriotas latinoamericanos se vayan porque no los quieren allí; y también vemos que en EE UU están resurgiendo grupos extremistas de la supremacía blanca que pretenden acabar con todos los males asesinando a personas de otras razas y culturas.

Así está el mundo, apenas mencionamos un poco de lo que ocurre y que ha derivado en la aparición de la xenofobia y el racismo descontrolado en muchas partes del planeta. Entonces, ¿Qué podríamos hacer para recuperar la confianza y el sentimiento de cooperación? Es algo complicado de establecer, incluso para los científicos que han estudiado la habilidad que tiene el ser humano para confiar o desconfiar que surgiera hace más 100.000 años.

Con el tiempo, esa habilidad se fue moldeando hasta establecer grupos y sociedades concretas que defendían sus posiciones y creencias, algo que ha derivado hasta la actual problemática de hoy. Puede ser por miedo, egoísmo, odio infundido o pocos valores inculcados, pero lo cierto, es que la xenofobia es un sentimiento que se apodera de las mentes de las personas y evita que no cooperen entre sí.

René Hurlemann, del Centro Médico de la Universidad de Bonn de Alemania, presentó durante la semana pasada un interesante estudio en la revista PNAS, en donde trata de solucionar y reducir la xenofobia que gobierna actualmente en muchas partes del mundo. El experto aseguró a la revista Materia que su objetivo era “caracterizar las condiciones sociales y biológicas que posibilitan el comportamiento altruista con extraños, un fenómeno que ocurre en la famosa parábola del buen samaritano, pero que no se ha estudiado desde la perspectiva neurocientífica”.

Para lograr lo anterior, él en conjunto con su equipo ofreció unos 50 euros a un grupo de voluntarios de nacionalidad alemana blanca, los expertos pidieron que donaran la mitad ese dinero a un grupo de personas necesitadas de su país y la otra parte se la quedaran. Entre las personas necesitadas se encontraban a dos grupos: unos eran alemanes en situación de pobreza, mientras que los otros eran refugiados en situación extrema. Al final, los voluntarios optaron por donar el 20% del dinero al grupo de refugiados, en vez de cedérselos al grupo de alemanes con problemas económicos.

En la segunda fase del estudio, fue realizada la misma prueba, pero esta vez, el equipo científico roció oxitocina a los voluntarios que previamente habían identificado como personas altruistas y xenófobos. Los resultados finales demostraron que la hormona logró que los que ya eran altruistas, redoblaran sus donaciones para ambos grupos de necesitados (refugiados y alemanes), pero en el caso de las personas identificadas como xenófobos, no ocurrió ningún cambio, porque apenas donaron algún dinero a cualquiera de los dos grupos.

La oxitocina incrementa la generosidad hacia los necesitados, pero eso sucede en alguien que ya es altruista, la hormona no puede crear el altruismo”, asegura Hurlemann. Pero el experto también apunta que no solo se trata de altruismo, sino la conducta que otros ven y la presión que eso representa. Porque muchos de los voluntarios, al ver como sus compañeros eran más altruistas, decidían redoblar hasta en un 74% sus propias donaciones. Algo que habla del comportamiento y lo que hacemos por querer parecernos a otros o ser mejores que otros.

El experto no propone que se acabe la xenofobia con ayuda de un spray, pero si comenta que es aceptable apreciar el como la oxitocina tiene efectos tan positivos y puesto que es una hormona que nuestro cuerpo genera naturlamente cuando bailamos o reímos, entonces es posible concluir que mientras más felices, más amables seremos con los desafortunados y por ende, la xenofobia perderá terreno. Si a esto le sumamos el poder de la educación y los buenos ejemplos, entonces es probable que las tensiones se reduzcan y el odio pierda la batalla.

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