Asturias suspende temporalmente las batidas de lobos tras fallo del Supremo

La paralización de las batidas llega tras una sentencia del Supremo que cuestiona los cupos de caza de 2022 y 2023. Asturias ya había abatido 31 lobos de 345 y ahora debe replantear la gestión de la especie equilibrando conservación y protección del ganado.
Foto de un lobo. / Nicky Pe en Pexels
Foto de un lobo. / Nicky Pe en Pexels

La decisión del Gobierno de Asturias de suspender las batidas de lobos previstas para este año responde a una sentencia del Tribunal Supremo que anula los programas de control de 2022 y 2023. El fallo afecta a un artículo del decreto autonómico de 2015 que regulaba los cupos de caza, un procedimiento que hasta ahora el Principado seguía sin mayores obstáculos. Aunque en la práctica no se realizaron capturas en los años señalados, la sentencia tiene un peso simbólico y jurídico que no puede ignorarse.

El lobo ibérico ha vivido históricamente bajo una regulación cambiante. Hasta 2021 se podía cazar al norte del Duero, mientras que al sur estaba protegido, y solo se permitían capturas excepcionales por conflicto con el ganado. Entre 2021 y 2025 la especie estuvo protegida bajo el Lesrpe, lo que dejó obsoletos los cupos de caza. Sin embargo, en marzo de 2025 se modificó la ley y el lobo salió del listado, reactivando la posibilidad de control al norte del Duero. Esta montaña rusa legislativa demuestra que la gestión del lobo es más que un debate sobre números: es un reflejo de cómo la ley, la conservación y los intereses económicos chocan en el territorio.

Impacto sobre la población y la ganadería

En la campaña actual, paralizada por la sentencia, Asturias ya había abatido 31 de los 53 ejemplares previstos de una población de 345 lobos. A estos se suman otros 11 muertos por accidentes, enfermedades o furtivismo. Esto representa casi un 80% de las capturas previstas. Por tanto, aunque la suspensión parezca un freno, la presión sobre la especie continúa.

Desde el punto de vista de los ganaderos, esta medida genera preocupación. Asturias Ganadera sostiene que los controles son esenciales para proteger la ganadería extensiva, un sector que enfrenta pérdidas económicas por ataques a ganado. Sin embargo, limitar la intervención humana y permitir que la especie se recupere también tiene beneficios indirectos: el lobo contribuye a mantener el equilibrio ecológico, controla otras especies y fortalece la biodiversidad, elementos que a largo plazo benefician incluso a la actividad ganadera.

La necesidad de un enfoque equilibrado

El desafío es encontrar un equilibrio entre conservación y actividad económica. La administración ha anunciado que modificará la normativa para permitir controles con “garantías jurídicas”, pero esto debe hacerse con criterios científicos claros, basados en estudios de población y comportamiento del lobo. La gestión de la especie no puede reducirse a números o presiones políticas: requiere planificación, transparencia y participación de todos los actores implicados.

En este escenario, se podría pensar en alternativas como seguros de compensación a ganaderos por ataques de lobos, tecnologías de protección del ganado o programas de educación para coexistir con la fauna salvaje. La verdadera sostenibilidad no surge de la confrontación, sino de la convivencia informada y regulada.

La suspensión temporal de las batidas no es un triunfo ni una derrota de nadie, sino una oportunidad para replantear la relación entre humanos y naturaleza. Como en cualquier ecosistema, la armonía se construye respetando límites y entendiendo que cada especie tiene un papel insustituible. Asturias tiene ahora la posibilidad de liderar un modelo de gestión que combine protección legal, ciencia aplicada y respeto por la vida silvestre, garantizando que los lobos sigan formando parte del paisaje y de nuestra memoria colectiva. @mundiario

Comentarios