Crías en movimiento: los lobos grises priorizan el alimento sobre la seguridad al seguir a sus presas

Un estudio realizado en el ecosistema de Yellowstone revela que algunos ejemplares transportan a sus crías indefensas por terrenos montañosos para acompañar la migración del wapití, alterada por el cambio climático.
Lobo gris en Wyoming, EE UU. / Departamento de caza y pesca de Wyoming
Lobo gris en Wyoming, EE UU. / Departamento de caza y pesca de Wyoming

Una observación inesperada en las montañas que rodean el Parque Nacional de Yellowstone (EE UU) ha cambiado la forma en que los científicos entienden la movilidad de los lobos grises. Biólogos de la Universidad de California en Berkeley documentaron por primera vez a lobos trasladando a sus cachorros—con apenas semanas de vida—por más de 20 kilómetros a través de terreno escarpado, todo con el objetivo de acercarse a las manadas de wapití (también conocido como ciervo canadiense), su principal presa.

La investigación, publicada en la revista Current Biology, se desarrolló entre 2019 y 2021 y analizó el comportamiento de 19 lobos y 99 wapitíes mediante el uso de collares GPS. El hallazgo es relevante porque contradice una premisa ampliamente aceptada: que los grandes depredadores como los lobos están anclados a sus madrigueras durante la época de cría y, por tanto, no siguen las migraciones primaverales de sus presas.

Pero las pruebas apuntan en otra dirección. En lugar de esperar a que las presas regresen o limitarse a desplazamientos cortos, algunos lobos adoptan una estrategia activa: migrar con ellas. A este comportamiento los investigadores lo denominaron “migración” cuando implica un cambio completo de territorio, y “desplazamiento” o “commuting” cuando los lobos hacen salidas temporales fuera de su territorio base.

El riesgo de estas maniobras es significativo. Las crías de lobo nacen ciegas, sordas y dependientes, y su traslado a nuevos lugares supone exponerlas no solo a un entorno incierto, sino también a amenazas como otros lobos rivales. “Es sorprendente que este comportamiento ocurra incluso en un entorno donde se sabe que la competencia entre manadas es una fuente importante de mortalidad para los cachorros”, comentó Avery Shawler, autora principal del estudio.

El detonante de esta estrategia parece ser la necesidad de seguir de cerca a las manadas de wapití, que en primavera se trasladan a zonas de mayor altitud en busca de alimento. Los lobos que dependen de estos grupos no pueden permitirse esperar; si se quedan rezagados, corren el riesgo de ver comprometida la alimentación de todo el grupo, incluidas las crías. De ahí el esfuerzo extremo de movilizarse con todo el grupo familiar.

Aunque hasta ahora se sabía que los lobos del Ártico podían realizar migraciones asociadas al movimiento de sus presas, esta es la primera vez que se observa ese comportamiento en poblaciones fuera de esa región. Además, el estudio proporciona evidencia empírica de la flexibilidad conductual de los lobos en ecosistemas mixtos, donde se combinan áreas silvestres y terrenos ganaderos.

Este último punto es clave. En Estados Unidos, cada vez más lobos viven fuera de parques nacionales o reservas protegidas, lo que genera fricciones con las actividades humanas, especialmente la ganadería. Comprender cómo y por qué los lobos se mueven en el paisaje, y cómo responden a cambios en el comportamiento de sus presas, puede ayudar a prevenir conflictos, planificar mejor el uso del suelo y anticipar comportamientos que afectan tanto a la fauna silvestre como a las comunidades humanas.

El estudio se enmarca dentro de una línea de investigación más amplia sobre los efectos del cambio climático y el uso del suelo en la ecología de los grandes mamíferos. Trabajos previos del profesor Arthur Middleton, coautor del estudio, ya habían demostrado que el calendario migratorio del wapití se ha alterado en las últimas décadas, con animales llegando a sus áreas de invernada hasta 50 días más tarde que a principios del siglo XXI.

Estos cambios obligan a los depredadores a ajustar sus patrones de caza, crianza y desplazamiento. En el caso de los lobos grises, ese ajuste puede incluir la reubicación de toda la manada, crías incluidas, hacia zonas donde el acceso al alimento esté garantizado. Es una adaptación que, aunque arriesgada, puede marcar la diferencia entre el éxito reproductivo y el fracaso.

La relevancia del hallazgo no se limita a Yellowstone (en Wyoming). Con la expansión natural de las poblaciones de lobos en estados como California, donde ya se han establecido al menos diez manadas desde 2011, los investigadores esperan aplicar este conocimiento en nuevos contextos. El California Wolf Project, dirigido en parte por Middleton, busca entender cómo la disponibilidad de presas como ciervos y wapitíes influye en el comportamiento de los lobos, incluyendo su relación con el ganado. @mundiario

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