Alfredo García: "La energía nuclear no es rival de las energías renovables, sino del gas natural"

Alfredo García y su libro La energía nuclear salvará el mundo.
Alfredo García y su libro La energía nuclear salvará el mundo.
Entrevista al divulgador nuclear más reconocido en España, @operadornuclear (en Twitter): "Necesitamos que los políticos analicen pros y contras de la nuclear en base a los informes científicos proporcionados por organismos internacionales".
Alfredo García: "La energía nuclear no es rival de las energías renovables, sino del gas natural"

¿El gas y la energía nuclear son energías verdes? El debate se ha abierto en Europa después de que la Comisión Europea confirmará a principios de año que busca fórmulas para calificar como “verde” estas energías con el fin de captar inversiones del sector privado. El Gobierno de España ya se ha opuesto, pero el debate, que aquí, en el Congreso, no parece haberse abierto, está candente en el resto de Europa, tanto es así que la Comisión Europea ha decidido extender del 12 al 21 de enero el plazo para consultar a los estados de la UE sobre su propuesta de clasificación como "sostenibles" para invertir en ellas.

Al hilo de esta actualidad, entrevistamos a uno de los operadores nucleares españoles de mayor renombre, Alfredo García (@operadornuclear en Twitter), y que, en las últimas semanas, está en el punto de mira de detractores y defensores de esta energía. Su labor divulgativa y su libro, La energía nuclear salvará el mundo, publicado en 2020 y editado por el Grupo Planeta, es, también, el arma arrojadiza entre unos y otros.

— ¿A qué te dedicas? ¿Cuál es tu profesión?

— Soy supervisor de la central nuclear de Ascó, en Tarragona, con dos reactores de agua a presión de más de 1000 MW eléctricos cada uno. Mi labor consiste en dirigir y supervisar la operación segura de los dos reactores nucleares durante mi turno, como Ayudante del Jefe de Turno, y en cualquier circunstancia, tanto en operación normal como ante cualquier tipo de incidente o accidente.

— ¿Por qué decidiste publicar La energía nuclear salvará el mundo en 2020? Supongo que en las últimas semanas has vivido una avalancha de menciones al mismo.

— En el verano de 2019 todavía divulgaba en las redes sociales como anónimo y ya tenía pensado escribir un libro recopilando mis hilos en Twitter. Como no tenía prisa, esperé a que alguna editorial se interesase por mi forma de divulgar. Recibí cinco ofertas de editoriales pequeñas, pero decidí esperar a tener un altavoz algo mayor. Mi sorpresa fue cuando contactó conmigo mi editor, Oriol Alcorta, para pedirme un libro para la editorial Planeta. Tras convencerme de que no se trataba de una broma, comenzamos a planificar el libro y lo escribí muy rápido, en apenas 4 meses, gracias a que la mayor parte de la labor de documentación ya estaba realizada para publicar los hilos. Efectivamente, en las últimas semanas se está hablando mucho y muy bien de mi libro, y eso para cualquier escritor es maravilloso. Lo más gratificante que me dicen es que se trata de un libro muy fácil de leer y de entender, y que es autocontenido, es decir, que engloba todos los aspectos relacionados con la energía nuclear y que el lector resuelve todas sus dudas en el propio texto.

Cada vez más ciudadanos son conscientes de que la energía nuclear no es la rival de las energías renovables, sino del gas natural. No hace falta que recuerde qué ha significado estos últimos meses quemar gas cuando no soplaba el viento.

— Planteas en tu libro una teoría interesante, y muy política, sobre el motivo de que en España no se apueste por la energía nuclear con la misma fuerza que en otros países. ¿Se equivocan nuestros políticos al no facilitar inversiones en este sector?

— Más que una teoría, es la constatación de un hecho: en España tradicionalmente se ganan votos estando en contra de la energía nuclear, y se ganan pocos o se pierden estando a favor. Por eso, unos partidos la han denostado y otros la han apoyado con un perfil muy bajo. Sin embargo, algo está cambiando en los últimos meses. Cada vez más ciudadanos son conscientes de que la energía nuclear no es el rival de las energías renovables, sino del gas natural. No hace falta que recuerde qué ha significado estos últimos meses quemar gas cuando no soplaba el viento. Si Felipe González no hubiera paralizado los 5 reactores que se estaban construyendo cuando llegó al poder en 1982 (Lemóniz I y II, casi terminados; Valdecaballeros I y II; y Trillo II), prácticamente no habríamos quemado gas natural durante 2021. La Agencia Internacional de la Energía, en un reciente informe cuyas conclusiones son muy claras, dice, entre otras cosas, que “sacar a la energía nuclear de la ecuación da como resultado un aumento de precios de la electricidad para las emisiones”, o que “sin inversión en energía nuclear, lograr un sistema energético sostenible será mucho más difícil”.

— ¿Te parece que falta un debate maduro en el Congreso sobre esta cuestión entre todos los grupos políticos?

— Sin duda. El debate político es muy necesario, puesto que son nuestros representantes los que deben tomar las decisiones sobre el futuro energético del país, y el Gobierno es quien debe autorizar la instalación o renovación de licencia de centrales nucleares, previo preceptivo informe del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Sin embargo, el debate debe tener una base científica, no ideológica como se ha producido hasta ahora. Los ciudadanos comienzan a estar cansados de argumentos infantiles y pueriles, necesitan que nuestros políticos analicen los pros y los contras en base a los informes científicos proporcionados por los organismos internacionales. Eso es precisamente lo que está haciendo la Comisión Europea al proponer a la energía nuclear para ser considerada una energía verde, basándose en el informe publicado por el JRC, el servicio asesor científico y tecnológico de la Comisión.

— Según datos de Greenpeace, la contaminación por la quema de carbón, petróleo y gas provoca 4,5 millones de muertes al año en todo el mundo. Por otro lado, los residuos nucleares son el caballo de batalla de esta energía. Y, por último, la comunidad científica ya ha alertado del grave riesgo que corre la biodiversidad si el despliegue de renovables previsto en el PNIEC (Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 se del Gobierno de España) se lleva a cabo como hasta ahora, sin una adecuada planificación y evaluación de su impacto. ¿Qué hacemos entonces?

— Los datos de Greenpeace sobre muertes debidas a los combustibles fósiles están en línea con lo que dice la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, esta organización es mucho más vehemente con la energía nuclear que con otras. La OMS también dice que no se causó ninguna muerte por radiactividad en el grave accidente de Fukushima, y que está considerada una de las energías que han causado menos muertes por unidad de energía generada. Sea como fuere, todas las energías causan un impacto en el medio ambiente, no existe ninguna tecnología de producción eléctrica absolutamente limpia, pero sin duda las energías renovables y la nuclear, siempre que se implanten según los estándares de seguridad, son mucho más limpias que los combustibles fósiles, y según el JRC, no causan un daño significativo en las personas y el medio ambiente. Por lo tanto, la respuesta a la pregunta es sencilla: diseñar y apoyar financieramente un mix equilibrado entre energías renovables y nuclear para garantizar el suministro eléctrico que nos permita reducir las emisiones y la contaminación atmosférica.

Todas las energías causan un impacto en el medio ambiente, no existe ninguna tecnología de producción eléctrica absolutamente limpia, pero sin duda las energías renovables y la nuclear, siempre que se implanten según los estándares de seguridad, son mucho más limpias que los combustibles fósiles, y según el JRC, no causan un daño significativo en las personas y el medio ambiente.

— Seguir poniendo el accidente de Chernóbil, ocurrido hace 36 años, como argumento para oponerse a la energía nuclear ¿es algo vintage?

— En mi opinión, utilizar a Chernóbil contra la energía nuclear es un irresponsable ejercicio de demagogia, una muestra de ignorancia supina sobre la tecnología nuclear, o ambas cosas a la vez. Comparar Chernóbil con un reactor actual, aunque se construyeran en la misma época, es equivalente a comparar un utilitario barato de la Europa del Este con un modelo de alta gama alemán que además ha incorporado múltiples sistemas adicionales de seguridad en todos estos años.

— Desde el sector ecologista argumentan en contra de que los avances tecnológicos en el sector nuclear hagan posible resolver el problema de los desechos nucleares e indican, cito textualmente, que “con la tecnología de cuarta generación todavía será necesario un método para gestionar los desechos nucleares a muy largo plazo”. Me remito a tu libro La energía nuclear salvará el mundo porque en él indicas que la tecnología de cuarta generación permitirá un método para dicha gestión que es el reciclaje total de los residuos. ¿Esto es así? ¿No harán falta almacenes tipo ATI, ATC o AGP o sí?

— Efectivamente, los reactores de IV Generación se están diseñando para ser capaces de utilizar cerca del 100% de la energía del combustible, tanto del nuevo como del usado. Sin embargo, permanecerán los productos de fisión, que ciertamente son residuos de alta actividad. Sin embargo, donde se equivocan desde el sector ecologista es que esos residuos no serán de larga duración, como los residuos actuales, que son radiactivos durante al menos 10.000 años, sino que estos residuos tendrán un volumen mucho menor y serán radiactivos durante 200 o 300 años. Debemos tener en cuenta, además, que la peligrosidad de estos residuos decae exponencialmente, es decir, mucho más rápido durante las primeras décadas, y más lentamente las siguientes. La solución final pasa por construir un Almacén Geológico Profundo, como está haciendo Finlandia con un amplio consenso social. Esta solución cuenta también con el consenso de toda la comunidad científica y tecnológica, que la considera una solución segura para los residuos radiactivos. Es importante decir que estos residuos no pueden explotar por su bajo enriquecimiento y no pueden fundirse como en los accidentes nucleares, porque ya han sido refrigerados antes de almacenarse. Es decir, que el único requisito para mantener la seguridad es que estén aislados en lugares con una geología estable, sin necesidad de supervisión ni de mantenimiento. Por lo tanto, una vez sellado un AGP, no causará gastos. El planteamiento fundamental en la gestión de los residuos radiactivos es no traspasar nuestra responsabilidad a las generaciones futuras; sinceramente, me gustaría que los promotores de todas las otras energías e industrias tuvieran la misma premisa.

Comparar Chernóbil con un reactor actual, aunque se construyeran en la misma época, es equivalente a comparar un utilitario barato de la Europa del Este con un modelo de alta gama alemán que además ha incorporado múltiples sistemas adicionales de seguridad en todos estos años.

— El yodo-129 no se menciona en tu libro, pero sin embargo parece ser un residuo bastante característico de las centrales nucleares que se vierte al mar. En Europa, por ejemplo, se mapea desde hace años dicho radioisótopo en el Atlántico Norte y el Ártico, y las conclusiones son que este elemento va en aumento como consecuencia de la emisión, desde distintas plantas de reprocesamiento de combustible nuclear, pero que la concentración disminuye con la profundidad. Te pregunto precisamente por este yodo-129 porque es otro de los argumentos ecologistas más difícilmente rebatibles. ¿Qué opinas?

— Es complicado hablar en un libro de todos los isótopos radiactivos de la tabla periódica, por eso preferí hablar por un lado de los que se utilizan para fisionar (isótopos del uranio y del plutonio) y también de los que suponen una mayor dosis radiactiva a las personas en caso de accidente, concretamente el yodo-131, el cesio-137 y el estroncio-90. El yodo-131 es el isótopo radiactivo más temido durante un accidente, porque su periodo de semidesintegración es de unos 8 días, es decir, que en 8 días se desintegran la mitad de los átomos, liberando por tanto la mitad de su energía. Sin embargo, el yodo-129 tiene un periodo semidesintegración 16 millones de años, es decir, que tarda todo ese tiempo en ceder la mitad de su energía. En consecuencia, es muy poco radiactivo. Tan poco radiactivo que no se han detectado aumentos en la incidencia del cáncer de tiroides en el entorno de ninguna central nuclear del mundo debido a este isótopo. Recordando lo que comentábamos antes, la limpieza absoluta no existe, pero en este caso no supone un daño significativo.

— Es curioso que en foros de comunidades ecologistas se escriban cosas como “la energía nuclear es un mal menor a la producción normal (gas, carbón, hidroeléctricas…) de energía”. ¿Algo está cambiando?

— Efectivamente, algo está cambiando y especialmente en los últimos meses. Los ingenieros sabemos que no existen soluciones perfectas para todos los problemas a los que nos enfrentamos. Tenemos que poner en una balanza todos los aspectos positivos y negativos, y elegir la opción más adecuada, más equilibrada, más ponderada, o la menos mala, si lo prefieres. En este caso, la energía nuclear, con todos sus defectos, está demostrando ser la mejor aliada de las renovables para el triple reto al que nos enfrentamos: garantizar el suministro eléctrico en todo momento, teniendo en cuenta que aumentará el consumo inevitablemente con la electrificación de toda la economía, y al mismo tiempo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y la polución atmosférica.

— Fukushima y el cáncer. En tu libro escribes que “no se espera un incremento en la incidencia de cáncer en el futuro” tras el accidente nuclear. Pero en el informe de la OMS del 2013 se indica que, cito textualmente, “para las personas de la zona contaminada, las estimaciones del aumento del riesgo con respecto a los que cabría esperar normalmente son: un 4% más de neoplasias malignas sólidas (tumores sólidos) en mujeres expuestas durante la lactancia; un 6% más de cáncer de mama en mujeres expuestas durante la lactancia; un 7% más de leucemia en hombres expuestos durante la lactancia; un 70% más de cáncer de tiroides en mujeres expuestas durante la lactancia. Para las personas de la segunda zona más afectada de la prefectura de Fukushima, la estimación de riesgo es de aproximadamente la mitad”. ¿Por qué incluiste en tu libro esa afirmación?

— El informe de la OMS de 2013 se basaba en unas estimaciones de aumento de riesgo de diferentes afecciones realizadas en 2011, justo después del accidente. En posteriores informes, la OMS se refiere siempre a UNSCEAR, el Comité Científico de las Naciones Unidas sobre los Efectos de las Radiaciones Ionizantes, que ya en 2013 dijo que no esperaba esos aumentos de incidencia, confirmándolo en un nuevo informe en 2015. En su reciente informe de 2020, UNSCEAR vuelve a reafirmar su predicción y constata que no se han producido dichos aumentos, salvo en algunas afecciones muy concretas que atribuyen a cambios en la precisión de los métodos de detección, mejorados tras el accidente.

— ¿La divulgación de temas complejos como este puede caer en el error de simplificar en exceso el mensaje?

— Sin duda, los divulgadores estamos siempre buscando el equilibrio entre precisión y sencillez. No siempre lo conseguimos, y en ese caso o lo explicamos de forma demasiado compleja o simplificamos tanto que perdemos veracidad. Lo considero un verdadero arte, que intento aprender de mis referentes, comenzando por Carl Sagan y terminando por los excelentes divulgadores que tenemos en España en todos los campos de la ciencia y la tecnología. Los lectores de mis libros, artículos, publicaciones y entrevistas dirán si lo consigo, aunque solo sea en parte de mis explicaciones. @opinionadas en @mundiario

 

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