La energía nuclear no es verde pero sí es segura y la tercera que menos dióxido de carbono emite

Central nuclear. / Pixabay
Central nuclear. / Pixabay

La energía eólica terrestre y marina, la energía nuclear y la hidráulica son las que menos emisiones de dióxido de carbono - principal gas de efecto invernadero - emiten.

La energía nuclear no es verde pero sí es segura y la tercera que menos dióxido de carbono emite

Cuando un ingeniero formado en física nuclear, resistencia de materiales, mecánica, electricidad, instrumentación y protección radiológica participa en una tertulia con otras personas formadas, mayoritariamente, en periodismo y, a veces, ni eso, simplemente son tertulianos, y lo hace explicando de manera muy clara y didáctica el funcionamiento de las centrales nucleares y argumentando, no en base a opiniones subjetivas, sino a hechos fehacientes, por qué la energía nuclear es la tercera que menos emisiones de dióxido de carbono emite por detrás de las dos eólicas (la terreste y la marina), lo normal sería asumir que quien habla sabe más que nosotros y que nuestras ideas basadas en ningún estudio sino en corrientes de opinión, generalmente politizadas, son erróneas. Incluso, lo normal sería poner en valor sus conocimientos, pero no, en España se contesta: “normal que un ingeniero nuclear defienda eso”. 

Vivimos en la era de la incredulidad y la negación de la realidad para adentrarnos en la credulidad de cualquier meme absurdo o frase ingeniosa que con pocas palabras pretende sentar cátedra sobre temas complejos. Y no. Lo complejo no se explica con una frase y para entender lo complejo hacen falta muchas palabras, tantas como las que albergan las 336 páginas de un libro publicado en el 2020 y titulado La energía nuclear salvará el mundo, escrito por Alfredo García (@operadornuclear en Twitter), Jefe de Sala de Control de uno de los turnos rotativos de la central nuclear de Ascó (Tarragona) cuyo trabajo consiste en dirigir y supervisar a los dos Operadores, el de Reactor y el de Turbina, así como a los auxiliares, en todas las maniobras, trabajos y emergencias que se puedan dar en la operación de la central.

Hoy ese libro está de rabiosa actualidad al albor del proyecto legal que la Comisión Europea ha puesto en circulación a principios de este año 2022 y que pretende modificar la clasificación de las energías que pueden considerarse sostenibles. Este plan europeo prevé otorgar el reconocimiento de verde a las centrales nucleares que ya están en marcha y a las que se construyan al menos hasta 2045, así como a las plantas de generación de electricidad con gas (al menos hasta 2030).

Los científicos del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ya detallaron en 2014 qué energías emitían más dióxido de carbono en todo el ciclo y cuáles menos.

emisiones. / IPCC

El carbón se lleva el premio gordo, seguido de la co-combustión biomasa, gas natural y biomasa. Estos cuatro son los que más emisiones de dióxido de carbono - principal gas de efecto invernadero - emiten frente a la energía eólica terrestre, la marina y la energía nuclear más la hidráulica que son los que menos emiten.

El Gobierno de España se ha apresurado a rechazar la propuesta de la Comisión Europea de incluir la energía nuclear y la generación por gas natural en la tabla de clasificación de opciones verdes en el marco comunitario. En una nota del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico apunta a que deben tomarse decisiones en base a la evidencia científica y que “las emisiones de metano de la generación por gas natural y la cuestión de los residuos de la energía nuclear ponen en cuestión la inclusión de ambas tecnologías dentro de la taxonomía verde de la UE”, sin explicar o argumentar más. Argumentos que deberían ser obligatorios más cuando en 2017 se creó una comisión de expertos sobre transición energética que en su informe Análisis y propuestas para la descarbonización indicaban que “la contribución de los generadores nucleares al funcionamiento seguro del sistema eléctrico es de gran relevancia, dado su tamaño y ubicación en nudos importantes de este. Así, considerando su alto índice de disponibilidad, su aportación de inercia, capacidad de regular la tensión y la frecuencia, y en caso necesario, también para reducir su potencia, los convierte en instrumentos muy valiosos para la garantía de suministro”.  Recogiendo también que la vida útil de una central nuclear no es de 30 años como dice el mito, ya que, a día de hoy, en Estados Unidos, referente normativo y tecnológico de España, tiene 98 reactores nucleares activos de los cuales 90 tienen licencia para operar hasta los 60 años y varios se están preparando para solicitar licencia para 80.

Si seguimos la literalidad de la definición de energía verde: energía limpia no contaminante y 100% renovable, la energía nuclear no cumpliría con la tercera máxima (100% renovable) ya que el uranio es un tipo de energía no renovable; en cuanto a limpia y no contaminante, mientras se sigan cumpliendo con las medidas de seguridad establecidad y de almacenamiento (que ahora veremos cómo son), cumpliría. Pero si la Comisión Europea va a modificar la literalidad de la definición... Sin duda, lo más correcto sería no hacer juegos de magia y apostar de cara por un mix de producción entre energía nuclear y renovables que es lo que solicitan los que realmente saben de esto. Por tanto, el Gobierno de España acierta con su negativa pero bien es sabido que también se niega a apostar con firmeza y madurez por la energía nuclear. Ni arre ni so.

La energía nuclear no es energia verde, por tanto el Gobierno de España acierta con su negativa pero bien es sabido que también se niega a apostar con firmeza y madurez por la energía nuclear. Ni arre ni so.

Respecto al tema de los residuos de la energía nuclear, podemos encontrar de 3 tipos: residuos de muy baja actividad (RBBA), residuos de baja y media actividad (RBMA) y residuos de alta actividad (RAA), habitualmente combustible usado.”

“Los residuos de muy baja actividad (RBBA) provienen generalmente del desmantelamiento de centrales nucleares y dejarán de ser radiactivos en menos de cinco años. Los residuos de baja y media actividad (RBMA) suelen ser herramientas, ropa de trabajo, instrumental médico y otros materiales utilizados en algunas industrias, hospitales, laboratorios de investigación e instalaciones nucleares. Los radioisótopos de los residuos de RBMA tienen un período de semidesintegración menor de treinta años. Y finalmente, los residuos de alta actividad (RAA) contienen unas considerables concentraciones de isótopos radiactivos con períodos de semidesintegración superiores a los treinta años, en algunos casos miles de años. La mayor parte de estos residuos está formada por los elementos combustibles usados en las centrales nucleares.”, explica Alfredo García en su libro. Los últimos, que son los que preocupan a todo el mundo, se gestionan de dos modos: mediante el reciclaje del combustible (ciclo cerrado) o almacenando los residuos (ciclo abierto) en distintos tipos de almacenes: ATI, ATC o AGP.

Los ATI (almacenes temporales individualizados) se basan en la utilización de contenedores para almacenar en seco, en una atmósfera inerte de helio, los elementos combustibles usados después de haber sido enfriados al menos cinco años en las piscinas de combustible. La vida útil de estos almacenes es de entre 60 a 100 años ampliables y son sumamente resistentes: la prueba está que los ATI de Fukushima resistieron sin daños tanto el terremoto como el posterior tsunami.

Los ATC son almacenes temporales centralizados que sirven para mantener almacenado con seguridad el combustible nuclear usado hasta implantar una solución definitiva. Puede almacenar unas 6700 toneladas de residuos nucleares durante un período de 60 años, ampliables. La refrigeración de este combustible usado se realiza por circulación natural de aire, sin necesidad de alimentación eléctrica. Estos almacenes pueden tener una forma de cámara o bóveda de 283 metros de largo, 78 m. de ancho y 26 de alto.

Los AGP son los almacenes geológicos profundos y se trata de la solución definitiva de almacenamiento de los residuos que no se reciclan. En este caso los residuos se colocan en el interior de unas cápsulas fabricadas a partir de metales nobles y materiales cerámicos, titanio, aleaciones de titanio, aceros inoxidables, aceros con bajo contenido en carbono o cobre.  Un AGP, una vez sellado, no necesita supervisión ni mantenimiento y por tanto no tiene gastos. Estos residuos deberán permanecer bajo tierra 10.000 años, algo factible ya que existen lugares en nuestro planeta que han permanecido geológicamente estables durante millones de años y 10.000 años es muy poco tiempo en términos geológicos. Pero con los reactores de cuarta generación que ya están funcionando en algunos países y que coparán todas las centrales próximamente, los residuos no durarán 10.000 años, sino 300 y, además, serán residuos de media y baja intensidad.

Quienes tengan clara su oposición contra la energía nuclear la mantendrán aunque no tengan argumentos de peso para ello, solo porque, en España, hace tiempo que todo se ha politizado y ni la ciencia ni lo verdaderos expertos pintan nada en esta fiesta.

España, como no quiere custodiar parte de sus residuos nucleares en territorio peninsular, en concreto, los de Vandellós I, paga a Francia para que los custodie en territorio galo. Por ello, España paga 76.618,14 euros/día, lo que equivale ya, y supera, los 110 millones de euros gastados y sumando. Enresa, la empresa pública que debería encargarse de gestionar dichos residuos en España, prevé la puesta en marcha de un ATC y estima que recuperará la mayor parte del dinero en 2028, cuando regresará ese material. Para entonces la factura superará los 300 millones. Pero lo cierto es que esa previsión se lleva dando desde hace más años de lo esperado… Y mientras, seguimos pagando.

Ni las centrales nucleares pueden explotar como una bomba atómica, sobre todo porque el enriquecimiento de uranio para producir fusiones en una central es de entre el 2% al 5% y para una bomba atómica es mayor del 90%; ni la energía nuclear causa más muertes que otras energías: 7 millones mueren cada año en el mundo debido a la contaminación atmosférica (datos de la OMS), en gran parte debido a los combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas natural y gas licuado del petróleo) frente a las 0,07 muertes por unidad de energía generada considerando toda clase de accidentes nucleares: laborales, industriales… Las centrales nucleares tampoco aumentan el riesgo de cáncer, según un estudio epidemiológico realizado en España en el entorno de las centrales nucleares.

En fin, se podría seguir con los mitos en torno a las centrales nucleares, ampliamente documentada su falsedad, incluyendo los accidentes como el de Cheróbil, Fukushima o el de Three Miles Island, de los que también se habla en La energía nuclear salvará el mundo, pero damos por hecho que quienes tengan clara su oposición contra la energía nuclear la mantendrán aunque no tengan argumentos de peso para ello, solo porque, en España, hace tiempo que todo se ha politizado y ni la ciencia ni lo verdaderos expertos pintan nada en esta fiesta. @opinionadas

La energía nuclear no es verde pero sí es segura y la tercera que menos dióxido de carbono emite
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