Venezuela: la gasolina de Irán le da un último oxígeno al régimen de Maduro
La dinámica y la tensión política en el país más inestable de América del Sur, Venezuela, ha entrado en un letargo del cual no se avizora un fin cercano debido al shock social que ha generado la pandemia de coronavirus la población venezolana. Lo que para la nación representa el golpe de gracia a su devastada economía, sacudida por la mala gestión, la negligencia, la hiperinflación y la corrupción, es un nuevo espacio de subsistencia política para el régimen de Nicolás Maduro, que aún mantiene el control total del territorio venezolano y busca mantenerse incólume en el único ‘hábitat’ donde tiene cierta inmunidad por el respaldo armado que le brinda la élite militar que lo sostiene en el Palacio de Miraflores, la sede del Gobierno nacional en la capital, Caracas. Venezuela e Irán se unen como regímenes totalitarios para hacer frente a la sofocante presión económica de EE UU.
La crisis económica, política y social del país ya no tiene parangón. La alianza ideológica, energética y diplomática entre dos regímenes autoritarios; el venezolano, encabezado por Nicolás Maduro y el iraní, encabezado por el líder supremo de la revolución islámica, el ayatolá Ali Jamenei, ha generado un esquema de intercambio de intereses por la intermediación financiera de los mecanismos de poder que posee el gobierno (de facto) de Venezuela: el oro y el petróleo.
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Venezuela se convirtió en el nuevo epicentro de las tensiones geopolíticas entre las dos potencias nucleares que se disputan el control del Medio Oriente: Estados Unidos e Irán, que busca evitar una expansión en la influencia y el control militar estadounidense con el de Israel en la zona de intereses energéticos, militares y políticos que los iraníes tienen a su alrededor a escasos kilómetros, sobre todo por su estratégica posición en el Golfo Pérsico –una zona de importante posicionamiento militar y bélico para el dominio de la región– y su control en el Estrecho de Ormuz –donde circula el 30% del tráfico mundial de petróleo–.
Una crisis energética en plena pandemia
En vista de esas importantes cualidades que posee la nación persa como un agente de suministro energético esencial en la supervivencia logística del control territorial del régimen de Maduro, Venezuela podría pasar por una nueva fase en el acelerado ciclo de crisis que ahora se mezcla con la pandemia de Covid-19 para crear una espiral de desgaste social y económico mucho más grande que la que ya existía en el país desde la llegada de Maduro al poder en 2013.
La nación sudamericana ha mutado progresivamente hacia una dinámica interna en la que existe una economía paralela al estamento formal y legal que se mueve en moneda nacional, el bolívar (devaluado y consumido por la hiperinflación), pero el mayor segmento de la población y del país se ha insertado en un esquema de generación de rentas y flujos de capital denominados en dólares provenientes de vías lícitas e ilícitas, tales como: la prestación de servicios profesionales al extranjero, la repatriación de capitales, las inversiones en moneda estadounidense en efectivo y las remesas, por un lado, mientras que la otra cara del tablero es el espacio de convivencia de la dinámica emanada del contrabando de gasolina, el contrabando de oro, la reventa e intercambio de dólares y pesos colombianos traídos por la frontera de manera ilegal, entre otras actividades.
El cerrado ajedrez que afronta Maduro
Precisamente, en medio de una ola de sanciones financieras emitidas desde el centro de poder occidental instalado en la Casa Blanca, la capacidad del régimen de Maduro para captar ingresos en dólares por la exportación petrolera es nula, pues el cerco de EE UU bloquea las exportaciones e importaciones de PDVSA, el traslado de crudo venezolano por parte de la estatal petrolera rusa Rosneft, mantiene congelados los activos y capitales del Estado venezolano en cuentas bancarias en el sistema financiero internacional, que es controlado por Washington, e impide cualquier transacción en dólares con destino u origen en Venezuela.
Y al haber congelado y confiscado su mayor activo en Estados Unidos, la filial productora de crudo y gasolina de PDVSA en Texas, Citgo Petroleum Corporation (con valor de 15.000 millones de dólares), el Gobierno venezolano ya no puede importar los 30.000 barriles diarios de gasolina que solía traer de EE UU, aunado a que el bloqueo a Rosneft obligó al Gobierno de Rusia a cesar sus ventas y exportaciones de gasolina a Venezuela, así como ocurrió de la misma forma con India y China, a quienes Washington presionó para no vender aditivos de refinación ni exportar combustible con destino a la nación caribeña.
Entonces, la única pieza que le queda en el tablero a Maduro es Irán, un país con el cual Venezuela empezó a tener relaciones diplomáticas y comerciales, principalmente basadas en petróleo, a partir del 2009 por iniciativa del que para ese momento estaba al mando del Palacio de Miraflores, Hugo Chávez.
Once años después, Caracas encontró en Teherán (la capital de Irán) un aliado junto al cual evadir las sanciones con las que EE UU busca generar la mayor asfixia financiera y económica posible a los regímenes de Nicolás Maduro y Hasan Rohani, presidente iraní, pues ambos son catalogados por Washington como Estados forajidos y patrocinantes del terrorismo, aunque el enfoque de la política exterior de estadounidense en Venezuela se centra más en que, según información de inteligencia del Departamento de Estado y, posiblemente, la CIA, Venezuela es un puente en la ruta del narcotráfico mundial desde América hacia Europa y desde Sudamérica hacia Estados Unidos, así como también aunado al hecho de que la Casa Blanca ha detectado focos de corrupción y lavado masivo de dinero en grandes estructuras de capital del Gobierno y la estatal petrolera venezolana PDVSA con grandes flujos de dólares en los últimos siete años.
Y ahora el foco de la Casa Blanca, el mayor polo de poder económico, geopolítico, tecnológico y militar en Occidente, se posa sobre el régimen de Maduro al haber registrado pagos de los envíos de gasolina de Irán a Venezuela con oro perteneciente a las arcas públicas patrimoniales del Banco Central venezolano.
Las maniobras forzadas por la gasolina iraní
Las principales firmas y agencias de rastreo del tráfico marítimo mundial y de transporte de petróleo, como Eikon Refinitiv, calculan que los cinco supertanqueros iraníes que se dirigen rumbo a Venezuela, de los cuales ya llegó el primero este lunes, almacenan un millón y medio de barriles de gasolina que podrían abastecer el consumo interno por aproximadamente 1 a 2 meses.
Los expertos estiman que el valor de esas cargas asciende a los 45 millones de dólares, lo que, al haber sido pagado con oro venezolano propiedad de las arcas de la nación, se traduce en unas 30.000 onzas del metal dorado, tomando en cuenta que el precio internacional de cada onza de oro se cotiza actualmente en 1.500 dólares.
Esto equivale a casi una tonelada de oro que el gobierno de Maduro habría extraído ilegalmente de las bóvedas del Banco Central de Venezuela para saldar la deuda por ese servicio energético de Irán, que a su vez busca liquidez para sobrevivir al impacto económico de la pandemia, y al estar sancionado por EE UU con la prohibición de ejecutar cualquier transacción en dólares a través del sistema financiero internacional, el Gobierno iraní busca obtener el oro para vender en el mercado y obtener dólares o euros en efectivo a fin de burlar los bloqueos estadounidenses, tal como ha venido haciendo el régimen de Maduro desde mayo de 2019 con la venta a Rusia y Turquía de 14 toneladas de oro, solo en ese momento, por unos 570 millones de dólares o su equivalente en euros en efectivo.

El monitoreo del sitio especializado Marine Traffic rastreó al primer buque iraní cargado de gasolina, el Fortune, cerca de las costas de Venezuela, exactamente en la Península de Paria, ubicada al oeste de la isla Trinidad y Tobado en el Mar Caribe y a pocos kilómetros del Océano Atlántico, que tuvo que atravesar durante un mes desde el Golfo Pérsico para llegar a territorio venezolano.
¿Está Maduro en un laberinto?
Por lo tanto, con Rusia, India y China fuera del juego por las sanciones de EE UU, el régimen de Maduro solo cuenta con el petróleo y combustible de Irán para llenar el vacío que dejó en sus mermados inventarios y en su colapsada industria petrolera la súbita salida de Rosneft, el salvavidas ruso de Maduro debido a la presión de la Administración de Donald Trump.
Aunque el combustible iraní esté previsto para durar un máximo de dos meses, su llegada a Venezuela puede significar dos elementos clave en la crisis combinada que atraviesa el país entre su desgaste económico de larga data y el shock de la pandemia de coronavirus. Por un lado, ante la escasez absoluta de los inventarios de gasolina nacional, el combustible recién llegado del Medio Oriente, seguramente, profundizará el esquema del monopolio de la reventa de gasolina, dominado por la Guardia Nacional y la Policía Nacional venezolana, que amplía las redes y conexiones de los flujos de dólares en efectivo que este lucrativo sistema de generación de rentas provee, para suministrarla a civiles que la revenden a más personas urgidas del combustible para abastecer sus vehículos y poder movilizarse a fin de buscarse el día a día en este nuevo período de subsistencia que ha modificado el sistema de vida humana y social en un país devastado por la corrupción y la mala gerencia de la economía.
En el plano externo, la ayuda de Irán, mostrada así por el aparato de propaganda del chavismo, pero que en realidad es una venta transcontinental de gasolina y gas en condiciones especiales, podría ser el factor que impulse a EE UU a inducir una nueva ronda de sanciones financieras y comerciales contra más funcionarios de la cúpula de Maduro y contra cualquier otra nueva transacción energética que en el futuro vaya a realizar Venezuela con Irán una vez que pasen dos meses y en julio vuelva a dejar de existir la gasolina en la población civil venezolana, lo cual modifica todo el sistema comercial y empresarial al impactar en un incremento de precios y costos por los gastos en compra ilegal de combustible que deben hacer los comerciantes y grandes proveedores que surten la oferta alimentaria y de bienes esenciales en el país.
La posible respuesta de EE UU
Sin embargo, no se descarta la posibilidad de que Washington opte por emplear una estrategia mixta: sancionar a Irán mediante el bloqueo militar de sus envíos de gasolina desde el Golfo Pérsico y congelar más activos de su gobierno en cuentas externas para ahogarlo financieramente y, por otro lado, erigir un cerco naval en el perímetro de las aguas internacionales que limitan con las aguas territoriales venezolanas, donde EE UU tiene desplegada una misión de la Armada y del Comando Sur para vigilar y cortar cualquier movilización de cargamentos de drogas en el Mar Caribe con salida o trayectoria colindante con Venezuela.
Más allá de las especulaciones y advertencias de Irán y Venezuela sobre cualquier intento de agresión o disuasión por parte de los buques estadounidenses para impedir la entrada de los iraníes a territorio venezolano, Washington no iba a arriesgarse a detonar una escalada militar o probable guerra naval muy cerca de su territorio, en un año electoral y con el enorme gasto que implica el financiamiento de un conflicto marítimo justo en medio de una recesión y una agresiva crisis sanitaria que sacude a Estados Unidos debido a la pandemia.
Por lo pronto, Venezuela continúa inmersa en una dinámica de supervivencia interna y de polarización económica cada vez más acelerada por el efecto de la dolarización, el monopolio de la gasolina, la reducción de la actividad comercial, el desgaste social y el represivo control militar-policial que ejerce el régimen de Maduro en las calles del país. La otrora potencia petrolera enfrenta dos pandemias: la de la crisis económica-social y la del coronavirus. Entretanto, el chavismo permanece anclado de forma absolutista al poder del que se ha convertido en su perpetuo ecosistema político-financiero; Miraflores. @mundiario