Suenan tambores de guerra en Corea con la excusa del control de las armas nucleares

Los conflictos bélicos, que en el siglo XX costaron 187 millones de muertos, esconden oscuros negocios y se cimentan sobre la mentira, según el análisis del almirante retirado Miguel Fernández.

Paracaidistas españoles en una misión internacional

Ahondar en la retórica de las guerras es introducirse en un "hermoso" vergel en el que uno puede acabar creyendo que las guerras son buenas, es decir, necesarias o que sistemáticamente esconden oscuros negocios, o, una tercera posibilidad, puede el ciudadano acabar perdido en el laberinto del lenguaje colateral, tratado por los editores John Collins y Ross Glover en la obra Lenguaje colateral. Claves para justificar una guerra, obra que se editó en 2003. Este último aspecto fue abordado en su día por M. de Montaigne cuando dice que "la mayor parte de los problemas de la humanidad se deben a cuestiones de gramática". El almirante retirado Miguel Fernández y Fernández (Vigo, 1940), distinguido oficial que prestó servicios a la OTAN, testigo privilegiado, como el mismo reconoce, en largas sesiones del Comité Militar de dicho organismo en Bruselas, escribe un documentado ensayo Los negocios de las guerras en la revista FerrolAnalisis (27) (Club de Prensa de Ferrol) en el que dice que para justificarlas tal vez haya que recurrir al consejo que Deep Throat (Garganta profunda) le dio al periodista del Watergate Bob Woodward "Follow the money" (Siga el dinero).

La mentira y la provocación

Sobre esta premisa elabora su análisis y entre otros, citas los siguientes casos en los que se entra en guerra a caballo de la mentira o de estrategias provocadoras. Por ejemplo, el ataque de Japón a Pearl Harbour en 1941, registrado sin que los buques de las flotas de EEUU alcanzasen a verse y con ausencia de portaaviones en el puerto, pone de manifiesto que "el ataque era conocido y fue más bien tolerado y provocado" como excusa para incorporarse a la 2ª Guerra Mundial. La entrada en el conflicto de Vietnam (1964/75) se produce después del "incidente del Golgo de Tonkin" en el que dos destructores de los EEUU fueron atacados por lanchas rápidas norvietnamitas. EEUU perdió la guerra y posteriormemte se supo, por boca de los tripulantes de los propios destructores, que el citado ataque fue un puro invento. Lo mismo sucedió en Irak en donde se inventó la mentira de las armas de destrucción masiva, Afganistán, etc. Todos los conflictos se movieron por intereses: armas, petróleo, drogas y con la palabra impostada, la farsa y la manipulación por delante. Curiosamente, en ese mismo número de la publicación de pensamiento y cultura mencionada, Federico Aznar Fernández-Montesinos, oficial de la Armada, profesor del Centro Superior de Estudios de la Defensa se ocupa de otro aspecto que complementa el cuerpo argumental de Fernández y Fernández.

Violencia organizada del nuevo siglo

Bajo el título Violencia organizada del nuevo siglo introduce al lector en las claves de la guerra como fenómeno social y subraya que asi como el número de guerras ha ido descendiendo desde el siglo XVI, su poder destructivo ha ido in crescendo. "Si el siglo XIX, llamado el siglo de la diplomacia, se saldó con 15 millones de muertes, el siglo XX, el del orden internacional, lo hizo con 187 millones. He ahí la enseñanza que puede extraerse de los dos trabajos realizados por ambos militares: las guerras son un ejercicio de poder que esconden sucios negocios con un altísimo coste de vidas humanas. Estos días asistimos a una escalada dialéctica de claro tono belicista entre las dos Coreas y EEUU, con las armas nucleares de telón de fondo. La "carrera" continúa.

 

 

 

 

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