Santos Cerdán: el arquitecto en la sombra de grandes hitos políticos de Pedro Sánchez
La fulminante caída de Santos Cerdán marca algo más que el final de una etapa dentro del PSOE. Su destitución no solo responde a un escándalo con graves implicaciones judiciales, sino que encierra un golpe directo a la estructura que ha sostenido buena parte del proyecto político de Pedro Sánchez. Cerdán no fue un dirigente más: fue el hombre que, desde la discreción y la absoluta lealtad, ejecutó algunas de las operaciones más delicadas, polémicas y determinantes de la reciente historia del socialismo español.
La trayectoria política de Cerdán ha estado intrínsecamente ligada a la de Sánchez desde antes incluso de que este conquistara por primera vez el liderazgo del PSOE. Fue uno de los operadores clave en las primarias de 2014, cuando el todavía desconocido diputado madrileño se impuso a Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias.
Pero más allá de los inicios cuestionables, lo que queda claro es que Cerdán se convirtió en un pilar indispensable del “sanchismo”. Fue uno de los fieles que sostuvo al líder socialista durante su caída en 2016 y su posterior resurrección política en 2017 frente a Susana Díaz. Durante aquellas primarias que reconfiguraron el rumbo del partido, Cerdán no solo organizó la campaña interna: fue quien anunció el recuento de avales y supervisó directamente, junto a Koldo García, su custodia y validación, según consta en diversas fuentes internas, citadas por El Mundo. Aquel momento simbolizó el inicio del poder real de Sánchez y el ascenso imparable de su núcleo duro.
Ya en el Gobierno, y tras la salida de José Luis Ábalos, Cerdán asumió el tercer cargo más poderoso del partido en 2021 con un perfil tan silencioso como estratégico. Su posición como secretario de Organización le colocó en el corazón de todas las operaciones políticas más sensibles, incluyendo la más arriesgada de todas: la negociación con Carles Puigdemont y Junts para asegurar los apoyos parlamentarios necesarios tras las elecciones generales de 2023.
Sánchez desvincula la crisis del Gobierno
Fue Cerdán quien voló a Bruselas, quien mantuvo los contactos directos con el entorno del expresidente catalán y quien pulió, punto por punto, el texto de la ley de amnistía. Sin su intervención, la investidura de Sánchez no habría sido viable. Pocos dirigentes dentro del PSOE tenían la autonomía, la confianza del presidente y el conocimiento interno para ejecutar esa misión con la discreción requerida. Aquel fue su último gran encargo, y uno de los más controvertidos del ciclo político actual.
Cerdán era, además, el enlace con baronías autonómicas, el gestor de conflictos internos y el ejecutor de las decisiones más impopulares en Ferraz. No buscaba protagonismo mediático, pero su poder real dentro del partido era innegable. Por eso su caída no solo afecta a Sánchez por la vía de la imagen o la responsabilidad política indirecta: lo golpea en el centro de gravedad de su estrategia de poder.
Sánchez ha querido proyectar su “decepción”, insistiendo en que no tuvo conocimiento previo del contenido del informe de la Guardia Civil y que rompió con Cerdán en cuanto supo de los hechos. La distancia que hoy Sánchez intenta marcar con su ya ex número tres choca con años de confianza, delegación y complicidad política.
Aunque el presidente ha intentado reducir el alcance del escándalo derivado del caso Koldo a la esfera interna del PSOE, desligándolo del Ejecutivo, las consecuencias políticas de esta ruptura no pueden ignorarse. La figura de Cerdán sintetizaba la continuidad del “sanchismo” en sus momentos más complejos, desde las mociones de censura hasta las alianzas parlamentarias más frágiles. Su destitución abre una etapa de incertidumbre no solo en el partido, sino también en la relación con los socios de Gobierno, que ya exigen un “reseteo” profundo.
Cerdán no fue un simple colaborador defenestrado por una crisis. Fue el artesano de decisiones políticas clave, el operador indispensable en los momentos críticos y el ejecutor de estrategias que definieron la deriva del PSOE en la última década. Su abrupta caída no se puede comprender sin valorar antes el papel estructural que jugó para que Sánchez pudiera llegar —y mantenerse— en el poder. Ahora que ha desaparecido del tablero, el presidente deberá redibujar su mapa de lealtades y reorganizar su núcleo duro, sin olvidar que el desgaste político no solo se mide por lo que se hace, sino también por quién se cae. @mundiario





