Sánchez baja la cabeza y pide perdón a España, pero no se va

La dimisión de Santos Cerdán, hasta ahora secretario de Organización y número tres del partido, sacude los cimientos del socialismo español y pone al descubierto una crisis ética de proporciones devastadoras. / Uno de los días más negros del PSOE.
Pedro Sánchez. / Mundiario
Pedro Sánchez. / Mundiario

Este 12 de junio de 2025 quedará marcado como uno de los días más oscuros en la historia centenaria del PSOE. La dimisión de Santos Cerdán, hasta ahora secretario de Organización y número tres del partido, sacude los cimientos del socialismo español y pone al descubierto una crisis ética de proporciones devastadoras. No es solo una dimisión: es la constatación de que la corrupción, ese virus que ha contaminado a tantos partidos y gobiernos en democracia, también ha alcanzado de lleno al corazón del aparato socialista.

Pedro Sánchez compareció con rostro compungido desde la sede de Ferraz, pidió perdón a la ciudadanía y aseguró que “nunca debimos confiar en él”, en referencia a Cerdán. Una frase que, aunque sincera, llega tarde. El informe de la UCO, que vincula a Cerdán con la gestión de más de 600.000 euros en comisiones ilegales, no solo pone en duda la integridad de uno de los hombres más cercanos al presidente, sino que deja heridas profundas en la credibilidad del PSOE y de su liderazgo.

Lo que revelan las grabaciones recogidas por la Guardia Civil no es una simple sospecha: son conversaciones explícitas sobre mordidas, adjudicaciones sospechosas y reparto de dinero. Esas cintas, donde se escucha a Cerdán pedir dinero o aconsejar que todo se escriba en papeles “para romper después”, huelen a cloaca política, a esa vieja política que Sánchez prometió dejar atrás. Que además reaparezca el nombre de José Luis Ábalos y su exasesor Koldo García como piezas clave de esta trama, no hace sino confirmar que el llamado caso Koldo no era un caso aislado, sino posiblemente la punta de un iceberg de prácticas inaceptables.

Sánchez ha reaccionado anunciando una auditoría externa de las cuentas del partido y una reestructuración de la ejecutiva federal. Es lo mínimo. Pero el daño está hecho. El presidente, que no se va, insiste en que no conocía el informe hasta esta misma mañana y descarta elecciones anticipadas porque, según él, “esto no va de mí, ni del PSOE, va de un proyecto político”. Sin embargo, las palabras ya no bastan. El PSOE se juega algo más que un proyecto político: se juega su propia identidad como partido decente y útil para los ciudadanos.

El PP pide la dimisión de Sánchez

Frente a este terremoto, el PP ha pedido la dimisión del presidente y nuevas elecciones, aunque por ahora descarta una moción de censura. Alberto Núñez Feijóo ha hablado de “extrema gravedad”, y lo es. También califica de “insuficientes y decepcionantes” las explicaciones de Sánchez sobre Cerdán. Pero conviene recordar que la oposición tampoco está libre de manchas. No se trata solo de hacer leña del árbol caído, sino de exigir ejemplaridad y limpieza a todos los partidos que aspiran a gobernar.

Feijóo pide adelantar las elecciones y califica de “insuficientes y decepcionantes” las explicaciones de Sánchez sobre Cerdán

Lo que más duele a los militantes y simpatizantes socialistas no es la caída de un dirigente más. Lo que duele es la traición a una confianza depositada durante años en nombres que prometieron regeneración y transparencia. Duele ver cómo un partido con más de 140 años de historia, que ha sido motor de avances sociales en España, se tambalea por la falta de controles internos, por una ceguera voluntaria ante los indicios y por una lealtad mal entendida a personas que usaron el poder para enriquecerse.

El PSOE necesita mucho más que auditorías. Necesita una catarsis. Una limpieza a fondo. Una refundación ética. Y esa responsabilidad no es solo de Pedro Sánchez, sino de toda la militancia y de quienes siguen creyendo en la política como servicio público, no como vía de enriquecimiento. Porque si no se corta de raíz esta gangrena, no habrá proyecto que sobreviva. Y porque, en política, el perdón no sustituye a la rendición de cuentas. @mundiario

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