Sánchez y el Primero de Mayo: del homenaje a los trabajadores al ataque frontal contra el PP
El presidente del Gobierno convierte el Día del Trabajo en un campo de batalla político para acusar a la oposición de desmarcarse del plan contra los aranceles de Trump por “sumisión” a los lobbies energéticos.
El 1 de Mayo, históricamente reservado para honrar las luchas obreras y celebrar los derechos conquistados por los trabajadores, se transformó este 2025 en un arma política de alto voltaje. Pedro Sánchez aprovechó la simbología de la fecha para lanzar una ofensiva directa, aunque sin nombrarlo, contra el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, al que acusó de traicionar el interés general por someterse a los intereses de las grandes empresas energéticas. Lo que parecía una jornada de reivindicación social se convirtió en una batalla más del ya crónico enfrentamiento entre el Gobierno y la oposición.
La carta de cuatro páginas que el presidente y líder del PSOE dirigió a la militancia socialista mezcló homenaje obrero, balance de gestión y un duro ajuste de cuentas con los populares. El desencadenante: la negativa del PP a apoyar el real decreto diseñado por Moncloa para paliar los efectos de los aranceles impuestos por Donald Trump, cuyo segundo mandato ya ha generado inestabilidad en Europa. Sánchez interpretó esa negativa no como una discrepancia técnica, sino como una muestra del “nulo compromiso con el país” y la “sumisión” del PP a los intereses de “los de arriba” frente al “interés de la mayoría”.
Consciente de la carga simbólica del Primero de Mayo, Sánchez tejió un relato que fusiona pasado, presente y futuro: apeló a la tradición socialista de defensa de los derechos laborales, ensalzó los avances logrados bajo su mandato —desde el alza del salario mínimo hasta la reducción de la temporalidad— y, al mismo tiempo, advirtió del peligro de retroceso si la derecha vuelve al poder de la mano de la ultraderecha. En este marco, el rechazo del PP al Plan de Respuesta y Relanzamiento Comercial frente a la guerra arancelaria no es una simple diferencia de criterio: es, en palabras de Sánchez, “una falta de proyecto de país”.
Lo que subyace en esta disputa es el pulso por el relato económico y energético de España. El PP condicionó su apoyo al decreto a la prórroga de las centrales nucleares —una línea roja para el Ejecutivo, que recuerda que el calendario de cierre fue pactado con las empresas del sector en 2019— y a la eliminación del impuesto sobre la producción eléctrica.
Para el Gobierno, esas exigencias no tienen nada que ver con los aranceles y responden a intereses corporativos. Para el PP, la negativa del Ejecutivo a negociarlas demuestra su “incapacidad” de ayudar a los sectores productivos, una acusación que Génova remató con un vídeo en el que mezclaba ataques personales, referencias familiares y teorías sobre clientelismo político.
Que tu esfuerzo sirva. #1DeMayo #DiaDelTrabajador pic.twitter.com/DvlxQLKlbq
— Alberto Núñez Feijóo (@NunezFeijoo) May 1, 2025
Feijóo contraataca a Moncloa
Mientras Sánchez busca liderar la respuesta europea a la guerra comercial abierta por Washington, con un paquete de más de 14.300 millones de euros (aumentado tras la incorporación de unas cuantas propuestas del PP) para los sectores afectados, Feijóo optó por desmarcarse y reivindicar, en su propio mensaje del Primero de Mayo, una vuelta a la “eficiencia” del gasto público y al “funcionamiento normal” del país. Aunque sus palabras evitaban los rifirrafes directos, su mensaje de fondo cuestionaba el relato oficial: que las estadísticas económicas no reflejan la realidad de la calle.
La paradoja es que el PP critica el deterioro del mercado laboral justo cuando sus propios gobiernos autonómicos, como el de la Comunidad de Madrid, presumen de liderar la creación de empleo. El discurso de Génova, que alerta de la “cronificación” de sueldos bajos, contrasta con los datos ofrecidos por el Gobierno: más de 2.7 millones de empleos creados desde 2018, récord de afiliación a la Seguridad Social y previsiones de crecimiento en 2025 alineadas con las del FMI.
En este cruce de acusaciones, el Día del Trabajador se diluyó como fecha de unidad social. La pugna partidista copó el espacio mediático, relegando a segundo plano las reivindicaciones sindicales y las manifestaciones obreras. La ministra María Jesús Montero aprovechó la concentración en Sevilla para cargar contra el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, por especular sobre un ciberataque como causa del apagón del lunes. Pilar Alegría acusó al PP de votar “contra España”, mientras Óscar López tachó a los populares de ““lobby” de las nucleares.
En suma, Sánchez ha vuelto a utilizar una fecha simbólica para reforzar su narrativa: él, como defensor de la mayoría social, frente a una oposición sometida a las élites económicas. El riesgo de este enfoque es claro: convertir cada cita cívica en un frente de batalla partidista erosiona el valor común de las instituciones y festividades compartidas. Pero, en términos estrictamente estratégicos, el presidente del Gobierno ha conseguido lo que buscaba: hacer del 1 de Mayo una plataforma no solo para reivindicar su gestión, sino también para desnudar al adversario ante la opinión pública. @mundiario


