Sánchez amarra el apoyo del PNV con nuevas cesiones, pero Pradales exige “orden” y resultados

El Gobierno cierra acuerdos clave sobre Talgo y nuevas transferencias, pero el lehendakari advierte de que los compromisos siguen sin cumplirse en su totalidad y reclama que el presidente “ponga orden en su Gobierno”.
Imanol Pradales, lehendakari de Euskadi y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. / La Moncloa
Imanol Pradales, lehendakari de Euskadi y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. / La Moncloa

Pedro Sánchez continúa su ronda de contactos para reforzar los apoyos que sustentan su mandato, vapuleado por las derivadas judiciales del caso Cerdán, y en esta ocasión ha optado por afianzar los lazos con uno de sus socios más estables: el PNV. La reunión celebrada este martes en La Moncloa con el lehendakari Imanol Pradales se ha saldado con varios avances en materias sensibles como la cesión de competencias y la intervención del Estado en la operación de compra de Talgo por un consorcio vasco. Sin embargo, el respaldo de los nacionalistas vascos no es incondicional: Pradales ha dejado claro que la relación con el Gobierno necesita mayor concreción, ritmo y coherencia interna.

El encuentro bilateral —que se prolongó durante más de tres horas— permitió desbloquear algunas de las cuestiones acordadas durante la investidura de Pedro Sánchez, como el inicio de la cesión de las prestaciones familiares no contributivas, la creación de una subcomisión para el control vasco de los aeropuertos y el respaldo de la SEPI a la compra del 29,7 % de Talgo. Pero el lehendakari se ha mostrado insatisfecho con la parcialidad de los avances, y ha lanzado un mensaje inequívoco al presidente: “que ponga orden en su Gobierno”.

El Gobierno central valora los acuerdos alcanzados como “fructíferos” y encuadrados dentro del compromiso con el desarrollo autonómico. Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial, ha insistido en que “más autonomía es más España no menos España”. Sin embargo, desde el Ejecutivo vasco el diagnóstico es más matizado. Pradales ha agradecido todos los “avances relevantes”, pero ha lamentado que son “menos de lo acordado y deseado”, especialmente en lo relativo a la transferencia de las prestaciones contributivas por desempleo y a la plena ejecución del artículo 18 del Estatuto de Gernika, pendiente desde hace más de cuatro décadas.

Este último aspecto —la gestión económica de la Seguridad Social— sigue siendo un punto sensible. Aunque se ha iniciado el traspaso de las prestaciones no contributivas y del seguro escolar, el control de las contributivas sigue bajo la tutela del Ministerio de Trabajo, dirigido por Yolanda Díaz. Pradales, sin mencionarla directamente, ha deslizado críticas al socio minoritario del Ejecutivo, advirtiendo de que se puede “seguir observando concepciones centralistas” en algunas carteras del Gobierno y falta de coordinación entre ellas. En su opinión, “el reloj corre” y la legislatura exige un ritmo mayor.

Talgo, la baza estratégica del encuentro

Uno de los resultados más tangibles de la cumbre fue el compromiso del Gobierno para que la SEPI respalde con 75 millones de euros al consorcio vasco liderado por Sidenor, que pretende adquirir casi el 30 % del accionariado de Talgo. Este movimiento busca frenar la entrada de capital extranjero en una compañía clave para la industria ferroviaria, que además tiene una fuerte presencia en Euskadi.

Aunque Pradales no ha confirmado el importe final de la participación estatal, sí ha celebrado que el pacto con Sánchez facilitará el cierre de la operación. Talgo —con una planta en Álava y una red de proveedores vascos— es vista por el Ejecutivo autonómico como una pieza clave para el desarrollo industrial del País Vasco, y su adquisición por un grupo local garantizaría el arraigo territorial y la viabilidad económica de la empresa.

Como era previsible, las cesiones a Euskadi han despertado el rechazo de la oposición. El PP, por boca del vicesecretario de Coordinación Autonómica y Local y Análisis Electoral, Elías Bendodo, ha calificado el traspaso de competencias como “una patada a la unidad de España, a la democracia y a la solidaridad entre los españoles” y ha acusado a Sánchez de estar “entregando las llaves del crecimiento, la unidad y la libertad a quienes quieren romper España”. Desde Génova consideran que estos pactos son una moneda de cambio para alargar artificialmente la legislatura.

Pero incluso dentro de los socios del Gobierno, el tono no es de complacencia. El lehendakari ha evitado amenazas directas, pero ha advertido que “la confianza cuesta mucho ganarla y muy poco perderla”. La reválida de esta relación se producirá a final de año, en una nueva reunión de la comisión bilateral en la que el PNV espera obtener más transferencias. La premisa de los jeltzales parece ir en la línea de que, sin resultados palpables, el apoyo del partido vasco no puede darse por garantizado.

Nuevas vías de negociación

Además de los acuerdos sobre la Seguridad Social y Talgo, el Gobierno y el Ejecutivo vasco han abierto otras líneas de trabajo. Una de ellas es la posible gestión autonómica de los aeropuertos vascos, para lo que se creará una subcomisión con un plazo de cuatro meses para presentar sus primeras conclusiones. También se acordaron avances en salvamento marítimo y medios patrimoniales vinculados a competencias previamente transferidas.

El Gobierno vasco, por su parte, ha recordado su exigencia de que España siga defendiendo la oficialidad del euskera, el catalán y el gallego en las instituciones europeas, y espera que este asunto se someta a votación este mismo viernes, manteniéndose como prioridad en la agenda diplomática.

La reunión entre Pedro Sánchez e Imanol Pradales se salda con un equilibrio inestable entre logros concretos y expectativas insatisfechas. El PNV no se desmarca del Ejecutivo, pero endurece su tono. Sánchez consigue tiempo y respaldo en un momento de vulnerabilidad política, pero queda condicionado a cumplir los compromisos adquiridos. Si el presidente pretende llegar al final de la legislatura con la mayoría intacta, deberá garantizar que las promesas a sus socios se traducen en hechos verificables.

Por ahora, la alianza con el PNV sigue viva, pero su continuidad dependerá de algo más que de reuniones largas o palabras bienintencionadas: el pragmatismo vasco exige resultados y coherencia en la acción de Gobierno. Y en esa tarea, el presidente tiene aún mucho por hacer. @mundiario

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