Los recortes limitan el acceso a la esperanza de vida que prevén los científicos
Cuando la ciencia ofrece mayores posibilidades de aumentar la esperanza de vida, los recortes sociales impuestos so pretexto de la crisis pueden cortar a la mayoría el acceso a esa ilusión.
Después de sus conversaciones sobre el futuro, que habían inaugurado el entrenador Josep Guardiola y el cineasta Fernando Trueba, los mensajes publicitarios del Banco Sabadell –envueltos desde entonces en una cierta imagen de seriedad intelectual– se preguntan estos días cuánto vamos a vivir y reproducen fragmentos de un ciclo de conferencias impartido por médicos e investigadores científicos de prestigio que coinciden en sus expectativas optimistas respecto a la ampliación de las esperanzas de vida de la humanidad.
Naturalmente, el optimismo de los conferenciantes parte de los grandes avances presentes y previsibles en el tratamiento de enfermedades, sobre todo por la vía de la regeneración y reposición de órganos a partir de las células madre, una línea de investigación que abre un enorme espacio de posibilidades de curación de dolencias hoy consideradas incurables y de corrección de determinados desgastes causados por el envejecimiento. Desde la actual media de edad en torno a los ochenta años (en los países desarrollados, claro), el tope puede situarse en los ciento veinte años, pero uno de los expertos se aventura a prolongarlo veinte o treinta años más en cuanto sea posible obtener “piezas de recambio” del propio organismo de cada cual. Por supuesto, no sólo hablan de vivir más sino de vivir mejor (que es cuando el banco aprovecha para ofrecer sus planes personalizados de futuro, que no todo va a ser divulgación científica).
Perspectivas optimistas, como de ciencia ficción a punto de cumplirse, pero previsiblemente muy limitadas en su aplicación. Limitadas primero, como ya apuntaba, a los países desarrollados: en 2007 no llegaba al veinte por ciento de la población mundial el número de habitantes de los países donde la media de edad estaba en torno a los ochenta años y, naturalmente, no toda la población de esos países gozaba del mismo índice de longevidad. Y limitadas, en segundo término, por la cobertura sanitaria en los diferentes países y en los diversos estratos sociales en cada país. Por hablar sólo de la asistencia sanitaria: las limitaciones crecen a medida que se tienen en cuenta otros factores (higiene, alimentación, accidentes laborales y de todo tipo… ) que aumentan los índices de desigualdad.
En estas perspectivas optimistas parecen creer profundamente, por ejemplo, los inspiradores de la reforma del sistema de pensiones en España, que establecieron un ritmo de prolongación de la vida laboral, en función de un calendario sorprendentemente preciso sobre la progresión implacable de las esperanzas de vida en las próximas décadas. El gobierno aceptó el calendario que retrasa la incorporación de los trabajadores a la categoría de pensionistas, recortando así por delante el tiempo en el que se cobra la pensión, a la vez que intenta recortar el tiempo de cobro también por detrás con la contención de las retribuciones muy por debajo de cualquier previsión de inflación (con lo que eso va a representar de deterioro en la calidad y en la esperanza de vida de los pensionistas).
Recortes en las pensiones y en los salarios en general, recortes en sanidad con todo tipo de pagos suplementarios y recortes en las dotaciones para asistencia a personas dependientes, entre otros recortes destinados a aligerar el gasto público en partidas sociales (para que no falte nunca o dinero para ayudas a los banqueros incompetentes e irresponsables), son maneras indirectas de recortar las esperanzas de vida de la mayoría. Sin olvidar que la investigación científica pública (incluida la biomédica) es otro de los apartados presupuestarios más recortados, en un país en el que la iniciativa privada no se distingue precisamente por su apoyo a la ciencia.
Claro que siempre habrá clínicas en Estados Unidos (privadas, naturalmente, que hasta Obama ha tenido que aplazar su calendario de democratización de la sanidad) para el tratamiento regenerativo de los cuerpos privilegiados de cualquier parte del mundo. Vivir más, vivir mejor, pero sólo al alcance de los que ya viven más y mejor.