Lo que anuncia Sánchez y replica Junqueras, un diálogo del teatro absurdo

Teatro del absurdo (640x480)
Personajes en la escena.
Cotejando las manifestaciones de Pedro Sánchez y las de Junqueras parece el libreto de una obra del teatro del absurdo más onírico que real.
Lo que anuncia Sánchez y replica Junqueras, un diálogo del teatro absurdo

Si analizamos las diversas declaraciones del doctor Pedro Sánchez y el jefe de filas de Esquerra Republicana de Cataluña, Oriol Junqueras, observaremos que darían pie de una magnífica obra del llamado “Teatro del absurdo”; es decir, “una obra sin explicación lógica y sin sentido”, a la que los españoles hemos de asistir atónitos. Esta forma de teatro, vigente entre los años 40 y 60 del pasado siglo, fomentada por autores europeos y norteamericanos se caracteriza por la falta de sentido de las tramas, la repetición de diálogos contrapuestos y la creación de un clima fuera de la realidad, pero que cuestiona la sociedad y al propio raciocinio que se cree posee el ser humano.

Veamos la escena: Coloquemos a los dos personajes principales, como suele ocurrir en aquel teatro, en dos cabinas separadas, desde la que dialogan: Junqueras dice: El indulto es un triunfo que demuestra algunas de las debilidades de los aparatos del Estado. Los que dicen que los indultos no servirán a la independencia se equivocaron”.  Desde otra cabina, asimismo aislado, el doctor Pedro Sánchez replica: “Es una decisión política de utilidad pública para fomentar la convivencia en Cataluña y no es tanto una medida de gracia para unos presos, que ni se han arrepentido ni solicitado el indulto, sino para la sociedad catalana anular los 13 años de condena a Junqueras [¡qué casualidad que también sean 13 los votos en los que manda para que Sánchez esté estable en la Moncloa!] y no es un autoindulto. El reciente gesto de Junqueras, renunciando a la vía unilateral [pero no a sus objetivos] demuestra que podemos empezar un tiempo nuevo en Cataluña”.

Pasa por la escena un hombre menudito montado en un patinete con la estelada y la barretina gritando en catalán: “Catalunya no té rei i no tinc ganes de saludar-lo, ni vaig als actes públics organitzats pel president del govern opressor de Madrid” (“Cataluña no tiene rey y no me da la gana de saludarlo, tampoco voy a los actos públicos que organice el presidente del gobierno opresor de Madrid”), a la que sigue otra niña, esta vez, Laura Borrás, con un aro, repitiendo el estribillo.

Mediante un juego de luces aparece otro sujeto, vestido de chándal, como referencia de su oficio de entrenador deportivo, que resulta ser el Ábalos que mientras juega con una pelota con la bandera de España dice: “Los indultos son una prueba de espíritu deportivo, como cuando en el fútbol se lanza el balón fuera para que recupere la iniciativa el contrario. No es preciso el arrepentimiento por jugadas peligrosas. Hay que ser generosos, y se repiten, ya veremos lo que dice el árbitro”.

Cuando la obra parece detenida, pues los personajes no dicen nada, aparece un foco que emite un fuerte destello, mientras suena a todo volumen, casi inaguantable “El Segadors” y sobre la escena aparece la imagen de Puigdemont que crece hasta ocupa todo  el escenario, en tanto cae lenta y majestuosamente el telón.

Y de este modo sigue la función ante la atónita mirada de los espectadores, en este caso el pueblo español, que no entiende nada. Pero eso no importa. No importa nada. @mundiario

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