¿Podrá triunfar Sánchez donde fracasó ingenuamente Azaña en Cataluña?

Sánchez, Ortega y Azaña. / Mundiario
Ortega fue más allá que Azaña y ahora Sánchez. / RR SS.
Se precisa mucha fe, ante las desafíos de los independentistas, pese a los indultos, para confiar que Sánchez acierte.
¿Podrá triunfar Sánchez donde fracasó ingenuamente Azaña en Cataluña?

Desde la mejor buena voluntad que se le pueda echar al asunto, pese a las reiteradas, e impertinentes manifestaciones de los justiciables dirigentes independentistas, como Jordi Sánchez, que no sólo reitera sus objetivos primarios, que afirma que el indulto que le van a otorgar –y que no ha pedido--no lo mueve un ápice de sus posiciones y, sobre todo, que volvería hacer lo que hizo, digo que pese a todo esto, uno quiere esperar y ponerse a la expectativa, por si de verdad la concordia, el diálogo y la razón se imponen en el caso de Cataluña, en la perspectiva de llegar a parte alguna.

Pero no ayuda a ese clima, sobre todo luego de lo que el propio Sánchez dijere y apoyare en su día, de las acciones contra el independentismo que, desde el propio Gobierno, cuyas decisiones y actos son de responsabilidad colectiva, por un lado, se pida la exoneración plena del fugado Puigdemont y sus camaradas de aventura y que se reconozca a Cataluña el derecho a decidir separarse de España. Pero eso ya no es lo peor –pese a que no sabemos si al doctor Sánchez le ha procurado alteración en el sueño--, sino la perversa acusación que han lanzado los ministros Ábalos y Calvo, considerando que el trance que vivimos lo provocaron no los que se alzaron contra la Constitución, sino quienes la defendieron con las medidas que la propia Constitución y el Código Penal previene para los delitos contra la misma (y que el PSOE apoyó en su momento). ¿Qué habría que haber hecho? Y, pese a todo lo que se arguye, ¿qué habría pasado si en Francia, Alemania, Bélgica o Italia, se hubieran producido actos semejantes? ¿Se habrían aplicado las leyes pertinentes y la defensa de su Constitución? Pues, por lo visto, se cree que no.

Pero al margen de todo eso, nos preguntamos si realmente tiene visos de que Sánchez triunfe donde fracasó la Restauración y la II República y últimamente lo que perversamente de llama “el régimen del 78”, pese al entusiasmo con que fue aceptada en Cataluña la vigente Constitución, gracias a la cual aquella comunidad recuperó un privilegiado régimen autonómico, muy superior al común del resto de España, salvo el propio Pais Vasco.

El optimismo de Azaña

Ya he citado otras veces el famoso discurso de Ortega en el debate del Estatut de Cataluña en 1932, cuyo realismo fue el contraste con el optimismo, luego amargamente defraudado de Azaña que llegara a decir a los catalanes: “Ahí tenéis vuestro Estatuto, ahora gritad conmigo “Viva España”. Y hay que volver al modo en que Azaña expresó su amarga experiencia de la que dejó testimonio escrito.

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Los otros indultados por la II República.

Sánchez no parece constatar, como lo advirtiera Ortega, que el nacionalismo catalán que es el de siempre. Volvamos a Azaña. Copio y cito: «El Presidente está muy irritado por los incidentes a que ha dado ocasión el paso de Aguirre por Barcelona: Aguirre –dice Azaña- no puede resistir que se hable de España. En Barcelona aceptan no pronunciar siquiera su nombre. Yo no he sido nunca-agrega- lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas, me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos o quien fuere. Pero esos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco. Y mientras, venga poderes, dinero y más dinero”» Fragmentos de Manuel Azaña sobre el POUM y Andreu Nin en sus Memorias de guerra (1936-1939) Antología de textos realizada por Luis Alonso. (Todas las citas corresponden a la edición de Memorias de guerra (1936-1939) de Editorial Grijalbo Mondadori. Barcelona,1996)

¿Hay alguna diferencia con el presente? Nos preguntamos ayer qué puede ofrecer Sánchez a Junqueras dentro de la Constitución que sea aceptable para el resto de los españoles. ¿Qué? ¿Acaso reponer los contenidos inconstitucionales del Estatut de 2006, u otro todavía mejor?

Por eso, nuevamente, desde la perspectiva histórica emerge el dictamen riguroso de Ortega. Pese a sus repetidos privilegios, Cataluña, desde Prat de la Riba al mismísimo Cambó (éste lo hizo ante Alfonso XIII), los catalanes han explotado su victimismo ante el resto de España. Curiosa paradoja la de su burguesía, tan patriótica que armaba batallones de voluntarios para mantener las últimas colonias, y tras perder éstas, léase, sus mercados, exigieron trato especial para mantener sus beneficios, aunque se dañaran las exportaciones de otras regiones del Estado, mediante la política arancelaria que el mismísimo Franco respetó.

El discurso de Ortega

Le vendría bien a Sánchez leer el famoso discurso de Ortega del 13 de mayo de 1932, que a mi entender sigue teniendo plena, plenísima vigencia. Estimaba Ortega que Cataluña correspondía a un caso de “nacionalismo particularista, un sentimiento que se apodera de un pueblo o colectividad y le hace desear ardientemente vivir aparte de los demás pueblos o colectividades”, cuando la evolución natural es precisamente anhelar lo contrario, buscando integrarse en una gran comunidad histórica como es la nación, decía don José.

Y añadía el ilustre pensador que frente al sentimiento de una Cataluña que no se siente española, existe el otro sentimiento de todos los demás españoles que sienten a Cataluña como un ingrediente y trozo esencial de España.  Y concluía que, si el sentimiento de unos es respetable, también lo debe ser el de los otros. Y de este modo llegamos a su conocida conclusión: “Es un problema que no tiene solución, y que unos y otros hemos de acostumbrarnos a conllevar”. Preocupaba a Ortega las consecuencias de este desencuentro en la soberanía nacional, si bien ya entonces dejaba la puerta abierta, dentro de su planteamiento, a una solución relativa y progresiva.

Superado ya el asunto de los indultos, ¿va a dar Sánchez con la solución para eso que se llama ahora “el encaje de Cataluña en España” o es el desencaje de España? pues no olvidemos que el País Vasco está a la espera de un nuevo estatuto y que reclama al Estado una cuota de soberanía. Así de claro. @mundiario 

   

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