El PP y Vox chocan por la inmigración: el ala dura marca el paso y los sectores moderados recelan
La inmigración se ha convertido en el nuevo campo de batalla entre el Partido Popular y Vox. Lo que antes era un terreno en el que Génova evitaba confrontar directamente con Santiago Abascal, ahora se ha transformado en una disputa abierta, con Alberto Núñez Feijóo decidido a asumir la iniciativa y a desgastar al partido a su derecha. Sin embargo, esta estrategia no está exenta de riesgos internos: mientras el ala dura del PP aplaude el endurecimiento del discurso, los sectores más moderados del partido observan con inquietud un giro que podría comprometer la imagen centrista que Feijóo busca mantener.
Durante el fin de semana, el líder del PP oficializó un plan migratorio que supone un endurecimiento de sus postulados. Entre las medidas anunciadas destacan un visado por puntos que favorezca a inmigrantes “culturalmente próximos”, la expulsión de extranjeros que delincan —tengan o no papeles—, el refuerzo de las fronteras y la limitación del acceso a subsidios públicos. Una hoja de ruta que Génova no descarta llevar al Congreso en octubre para marcar perfil propio.
La estrategia incluye confrontar abiertamente con Vox. Feijóo acusó a Abascal de ofrecer “soflamas” frente a las “soluciones” del PP, mientras dirigentes como el secretario general Miguel Tellado y la vicesecretaria de Organización Alma Ezcurra redoblaron el ataque. “La solución no es ni regularizarlos a todos ni echarlos a todos al mar”, dijo el líder del PP en una frase lapidaria.
El discurso no ha dejado indiferente a Vox. Abascal y su equipo reaccionaron con dureza, acusando al PP de “copiar” sus planteamientos y de recurrir a las “mentiras” para tratar de debilitarles. José Antonio Fúster, portavoz nacional, fue más allá al señalar que los populares incurren en “contradicciones” al intentar ubicarse entre la regularización masiva del PSOE y las medidas restrictivas de Vox.
Los ultraconservadores insisten en que el PP carece de coherencia en materia migratoria y utilizan declaraciones pasadas de barones como el andaluz Juanma Moreno —quien defendió la acogida de menores extranjeros— o la madrileña Isabel Díaz Ayuso —que habló de “obligación moral” en materia de atención humanitaria— para evidenciar lo que consideran un discurso poco sólido. “En Vox no cambiamos nuestro discurso según digan las encuestas. No estamos en robar un puñado de votos a un partido u otro”, dijo Fúster.
El recelo en los sectores moderados del PP
Si bien en la dirección nacional se presenta esta ofensiva como una estrategia para “recuperar la bandera del orden y la seguridad”, en el seno del PP no todos comparten la orientación. Los sectores más moderados, vinculados a comunidades donde la inmigración se percibe más como una oportunidad que como un problema, temen que el endurecimiento cierre la puerta a votantes de centro y reavive tensiones internas.
Para algunos dirigentes, el nuevo enfoque puede poner en riesgo el difícil equilibrio que el partido trata de mantener: marcar distancias con Vox sin perder el perfil institucional y de gestión que atrae a votantes socialdemócratas desencantados.
Vox espera que el PP se desgaste
En Bambú, la sede de Vox, la lectura es que, cuanto más se acerque el PP a sus tesis, más expuesto quedará a contradicciones internas. “No hay un término medio entre proteger las fronteras de España o mantener las fronteras abiertas”, insistió Fúster. Los de Abascal están convencidos de que los populares no podrán sostener en el tiempo un discurso de dureza sin renegar de sus propios barones moderados. La formación ultraconservadora confía en reforzar este argumento en los parlamentos, los medios y, sobre todo, en las redes sociales, donde movilizan a un electorado joven cada vez más receptor a su mensaje.
El giro migratorio del PP es, en esencia, un intento de neutralizar a Vox en su terreno más rentable en las encuestas. Feijóo busca diferenciarse de Abascal y al mismo tiempo proyectar solvencia de Gobierno. Sin embargo, la estrategia tiene doble filo: puede erosionar la credibilidad del PP si se percibe como una simple copia, y al mismo tiempo abrir una brecha interna entre quienes apuestan por la línea dura y quienes recelan de abandonar la senda moderada.
La inmigración ya no es solo un tema electoral, sino la vara de medir la pugna entre PP y Vox. Para los de Abascal, es la oportunidad de evidenciar las contradicciones del rival; para Feijóo, un terreno donde mostrar liderazgo y disputar banderas. La pregunta es si el PP podrá mantener su cohesión interna y ampliar su base electoral mientras se adentra en un terreno tan polarizado. El desenlace de esta batalla definirá no solo la relación entre ambos partidos, sino también el rumbo de la derecha española en los próximos años. @mundiario