Podemos intensifica su pulso con el Gobierno y genera inquietud en el bloque de investidura
La estrategia de Podemos de mantener un pulso constante contra el Gobierno de Pedro Sánchez ha comenzado a generar un notable malestar en La Moncloa y entre los socios de la investidura. El partido liderado por Ione Belarra se ha instalado en una posición de abierta confrontación no solo con Sumar, sino también con el PSOE, con quien compartió asiento en el Consejo de Ministros de la legislatura pasada.
La tensión no es nueva. Podemos ya anunció hace meses que no se consideraba parte del bloque de investidura, coincidiendo con el estallido del caso Koldo y con su rechazo al incremento de la inversión militar en un contexto de rearme europeo por la amenaza de Rusia. A ello se suma la exigencia de una ruptura total con Israel tras la ofensiva en Gaza, una causa que los morados han convertido en eje central de su discurso, pese a que el Ejecutivo ha reconocido al Estado palestino, ha impulsado la suspensión parcial del acuerdo comercial con Tel Aviv en la UE y ha anunciado un embargo de armas aún pendiente de ratificación.
El último episodio de confrontación se produjo esta semana, cuando Podemos presentó una denuncia por prevaricación contra el Ministerio de Economía. Según la formación, el departamento que dirige Carlos Cuerpo no habría detenido el comercio y tránsito de armas hacia Israel, incumpliendo las obligaciones legales derivadas de la normativa española y comunitaria. En su escrito, Podemos sostiene que desde octubre de 2023 hasta abril de 2025 se han formalizado al menos 40 adquisiciones vinculadas a empresas israelíes, por un valor superior a los 1.000 millones de euros.
Durante la sesión de control al Gobierno, Belarra endureció aún más su ofensiva. La dirigente acusó al Ejecutivo de mantener relaciones comerciales “con el genocidio” y de responder con represión policial a las movilizaciones ciudadanas en apoyo a Palestina. Su tono desafiante llevó a la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, a replicar que España ha sido uno de los países con una posición más valiente en la defensa de los derechos palestinos, y lanzó que “no entiendo bien por qué si algo es válido cuando se participa del Gobierno, cuando se va esas políticas ya no valen”.
“Es injusto que diga que este Gobierno no ha tenido una posición valiente con Gaza. Es la única persona en el orden internacional que piensa que España ha sido tibia. Pueden tener estrategia política, pero no falten a la verdad”, criticó la también ministra de Hacienda, quien intentó abordar el endurecimiento de la oposición de Belarra al decir que desde el PSOE “no estamos entendiendo la posición de Podemos ni en este tema ni en otros”.
Podemos complica las cuentas del Gobierno
El distanciamiento no solo preocupa en el PSOE. Entre los aliados parlamentarios, formaciones como ERC reconocen que negociar con Podemos se ha vuelto “imposible”. La negativa de los morados a apoyar la cesión de competencias migratorias a Cataluña —pactada entre socialistas y Junts— anticipa un nuevo choque en el Congreso, y sus exigencias de máximos como intervenir el 40 % del mercado inmobiliario complica cualquier acuerdo para los Presupuestos Generales de 2026.
En este contexto, voces de la izquierda, como Antonio Maíllo, coordinador federal de Izquierda Unida, han acusado a Podemos de actuar con el objetivo de “derribar” al Gobierno. La propia Moncloa comparte esta preocupación: aunque la formación de Carles Puigdemont es la que más a menudo frustra votaciones clave, el Ejecutivo percibe que Podemos se ha instalado en el “no a todo”, un escenario que sitúa en riesgo la estabilidad de la legislatura en la que Sánchez necesita de los votos de todos sus socios todo el tiempo.4
La situación es especialmente incómoda para el PSOE porque, a diferencia de Junts, Podemos formó parte del primer Gobierno de coalición progresista en democracia. Esa cercanía hace que las críticas resulten más difíciles de digerir. Los contactos se mantienen, pero no logran reconducir una relación marcada por la desconfianza.
El pulso de Podemos abre un nuevo frente en un bloque de investidura ya tensionado por las exigencias de Junts y las divisiones internas de la izquierda. Con los presupuestos en el horizonte y una legislatura en equilibrio, el Ejecutivo afronta el desafío de evitar que las disputas políticas terminen por desestabilizar definitivamente la mayoría progresista. @mundiario





