Pedro Pablo Kuczynski: El rehén del fujimorismo

Pedro Pablo Kuczynski siempre mostró que tiene un gobierno debil - Twitter
Pedro Pablo Kuczynski siempre mostró que tiene un gobierno debil. / Twitter

El presidente Pedro Pablo Kuczynski demostró debilidad desde el primer momento ante el fujimorismo que no descansara hasta buscar su vacancia del cargo, opina el autor. 

Pedro Pablo Kuczynski: El rehén del fujimorismo

Cuando Pedro Pablo Kuczynski se situó en la segunda vuelta con Keiko Fujimori, se sabía que ambos eran idénticos en todo: ideología, propuestas, cuadros. Uno representaba el fujimorismo económico, mientras la segunda era el lado político. En esa disyuntiva, la población tuvo que elegir al ‘mal menor’ como siempre ocurre cada cinco años en Perú. El 5 de junio, PPK fue el elegido por poco. A partir de entonces, se creyó que este economista reconocido en el mundo sería el estadista que pudiera sacar de la crisis dejada por la administración de Ollanta Humala. Expectativa había no solo en los peruanos, sino en el mundo.

Sin embargo, casi al finalizar este año, lo único que este gobierno puede resumirse es una sola palabra: Fracaso. Así de contundente porque el presidente Kuczynski, primero, cometió un grave error en conformar un Gabinete lleno de tecnócratas liderados por Fernando Zavala, que no tuvieron ningún manejo político en momentos que se las cosas se complicaban. Una primera prueba: el escándalo de Carlos Moreno –asesor en temas de salud del jefe de Estado- involucrado en corrupción. La reacción fue tardía y lo sacaron ante los gritos de la oposición que ya gestaban el primer golpe.

Este que llegó, a finales del 2016, con el exministro de Educación, Jaime Saavedra, quien fue censurado. El Gobierno –en el tema Saavedra- mostró su primera debilidad política: no hubo defensores acérrimos que se enfrentaran a la mayoría fujimorista y su aliado el Apra que ya había tomado su primera víctima. El presidente PPK demostró su debilidad. Le avisaron que lo buscaría su vacancia en el 2018. Y así fue.

El trayecto de los ministros de Kuczynski fue en una curva descendente: el ministro de Transportes, Martín Vizcarra, renunció por el tema Chinchero; el ministro de Economía Alfredo Thorne por el audio con el excontralor Edgar Alarcón; la caída del Gabinete Zavala por la negativa de confianza de mantener a la ministra Marilú Martens que tuvo un triste papel en la huelga de los maestros que duró cerca de tres meses. Sumado al incumplimiento de las promesas de campaña del gobierno.

Todo esto influyó para que el gobierno de PPK se fuera debilitando ante el poderío fujimorista en el Congreso, que no le perdonaba nada al Ejecutivo. Con ese panorama, se avizoraba que debía haber un golpe letal para la actual administración con un jaque mate que llegó este mes: la Comisión Lava Jato publicó que Odebrecht pagó asesorías a la empresa del presidente. Ante su fragilidad, se planteó su vacancia. Kuczynski se salvó por unos cuantos votos, que tuvo recompensarlo con la liberación de Alberto Fujimori, preso 25 años por las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta.

A partir de este cambio político, varios funcionarios renunciaron, el sector antifujimorista criticó al régimen, y el fujimorismo se convirtió en su nuevo aliado. Claramente, el presidente PPK ha cedido el poder a esa mayoría que no pudo lograr el poder, primero, en el 2011, y ahora, en el 2016.  Su debilidad –tantas veces señalada- ensombrece aún más sobre el futuro que tendrá el Perú de cara al 2021.

La explicación en parte porque –cuando en el 2000 se derrotó a la dictadura fujimorista- se tenía el compromiso de que la institucionalidad del país no podía retroceder y caer en manos de una corriente política que buscó perpetuarse en el poder y brindar una imagen distinta a la ciudadanía, que no estaba enterada de los casos de corrupción y violaciones a los derechos humanos gestados en los sótanos del Servicio Nacional de Inteligencia, liderado por Vladimiro Montesinos. Pero, con el caso Odebrecht, los lideres que buscaron ese sueño democrático como Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala también están involucrados en graves casos de corrupción. 

En estos días, Kuczynski ha manifestado que está terminado de escoger a su gabinete de la reconciliación nacional que integre a todos los partidos políticos. El presidente –con esta declaración- no entiende que la liberación de Fujimori ha partido en dos al Perú. Los bloques democráticos que lucharon en los noventa rechazan esta alianza que solo afianza el poder del fujimorismo, que –aparte- perpetró el último golpe de Estado que acabó con la docencia político, para reemplazarlo por el populismo ante los electores.

La consecuencia que se observa es la inexistencia de partidos y líderes políticos fuertes, la debilidad de las instituciones del Estado, la manipulación política de la justicia, el direccionamiento legislativo de importantes leyes para beneficios particulares, un presidente que no gobierno, una lideresa que dirige en las sombras el país. Un legado, en pocas palabras, triste y patético que nos deja Pedro Pablo Kuczynski, quien así como va es –muy poco probable- que llegué al 2021 ya que-ahora- todo lo reportará a don Alberto, que lo tiene como su rehén político.

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