Oye, May, not to worry

Theresa May, primera ministra británica. / RTVE
Theresa May. / RTVE

Son cada vez más y más intensas las voces británicas contra el Brexit y la posibilidad de que tras unos nuevos comicios el Gobierno que suceda a May pliegue velas, renuncie a abandonar la Unión Europea y plantee negociar un nuevo acuerdo. 

Oye, May, not to worry

La primera ministra británica, Theresa May, es la monda: tras pedir el divorcio con cajas destempladas a la Unión Europea pretende ahora seguir acostándose con los 27 al menos durante otros dos años, para lo que ofrece mantener su aportación económica al quebrado matrimonio.

Hace falta tener rostro y necesidad de cama para realizar semejante propuesta a quienes ha ninguneado y colmado de infidelidades.

Claro que la conservadora May formula esta interesada oferta cuando, como era previsible, su país camina hacia una situación económica límite y cuando en las últimas elecciones una buena parte del electorado le ha dado la espalda. A la fuerza ahogan, que reza el dicho.

Son cada vez más y más intensas las voces británicas contra el Brexit y la posibilidad de que tras unos nuevos comicios el Gobierno que suceda a May –la derrota de los separatistas parece ahora más previsible– pliegue velas, renuncie a abandonar la Unión Europea y plantee negociar un nuevo acuerdo.

Solo se trata de un incipiente supuesto optimista –el empecinamiento británico ha escrito numerosos renglones torcidos en el libro de la Historia–, pero serviría para apuntalar, si no con hormigón sí, al menos, con travesaños de madera, el agrietado edificio de la UE en un momento crítico de Occidente, plagado de dirigentes chabacanos, ideologías crispadas o vaciadas de contenido y graves fracturas sociales.

En cualquier caso, aunque se concretara esa bienvenida hipótesis, el Reino Unido tendría que pagar una alta factura, que, por citar solo a los dos más influyentes, ni la canciller alemana, Ángela Merkel, ni el presidente francés, Emmanuel Macron, pueden condonar. Sobre todo Merkel.

No sería la primera vez que la gran soprano de la UE contestara al inquilino del número 10 de Downing Street con un not to worry, expresión inglesa que en lugar de no te preocupes, como sería su traducción literal, también quiere decir no voy a olvidar lo que has hecho. No es para menos.

Oye, May, not to worry
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