El órdago de Junts pone en riesgo la legislatura: ¿una moción de censura a la vista?

La consulta a la militancia independentista sobre dar luz verde a la ruptura con el PSOE pone al Gobierno de Sánchez en un momento crítico que puede dar pie a que el PP construya una mayoría alternativa de derechas. El Gobierno mantiene su confianza.
Santiago Abascal (Vox), Alberto Núñez Feijóo (PP), Míriam Nogueras (Junts) y Aitor Esteban (PNV). / Mundiario
Santiago Abascal (Vox), Alberto Núñez Feijóo (PP), Míriam Nogueras (Junts) y Aitor Esteban (PNV). / Mundiario

La legislatura de Pedro Sánchez se tambalea al borde del colapso. Carles Puigdemont, desde Waterloo, ha decidido someter a consulta interna en Junts la ruptura con el PSOE, una decisión que, de materializarse, pondría fin al acuerdo de investidura firmado en Bruselas hace casi dos años. El expresidente catalán, según fuentes de su entorno citadas por El Mundo, busca “abandonar en vía muerta” al líder socialista, escenificando un divorcio político que deje al Gobierno sin margen de maniobra en el Congreso.

La dirección de Junts celebrará el próximo lunes una reunión en Perpiñán (sur de Francia), en el aniversario de la declaración unilateral de independencia de 2017, para sellar su estrategia. Puigdemont quiere que la militancia valide el paso definitivo: dejar de ser socio de Sánchez y oponerse sistemáticamente a sus iniciativas parlamentarias. En la práctica, esto supondría aislar al Ejecutivo y dejar la legislatura sin apoyo suficiente para aprobar leyes o unos eventuales Presupuestos.

Las relaciones entre el PSOE y Junts están rotas desde hace semanas. Los mediadores en Suiza dan por cerradas las conversaciones y el último encuentro previsto pende de un hilo. Los posconvergentes acusan al Gobierno de incumplir los compromisos adquiridos: la amnistía aún no se ha aplicado plenamente, el catalán sigue sin ser oficial en la Unión Europea y el traspaso de competencias en inmigración fue rechazado en el Congreso. Todo ello ha deteriorado la confianza hasta niveles inéditos.

En este contexto, el vicepresidente de Junts, Toni Castellà, abrió la puerta a una moción de censura “instrumental” que permita desalojar a Sánchez y convocar elecciones anticipadas. La propuesta, en apariencia teórica, ha sido reforzada por la portavoz Míriam Nogueras, que evitó descartarla tajantemente: “lo que hará Junts no lo decidirá nadie por Junts”. Aunque el partido mantiene distancias con el PP y Vox —recordando que fueron quienes “aplicaron el 155 y enviaron a la Policía el 1-O”—, la posibilidad de una alianza coyuntural para provocar un adelanto electoral ya no se descarta del todo.

El PP abre la puerta a pactar con Junts

Mientras tanto, en el Partido Popular crece la expectativa. En Génova, el mensaje es que, si Junts decide romper definitivamente con Sánchez, Alberto Núñez Feijóo está dispuesto a “escuchar”. El líder popular no contempla llamar a Puigdemont, pero sí admite que “si los que estaban con Sánchez ya no están con Sánchez, entonces tienen algo que contar”. El PP insiste en que no hay contactos formales, aunque mantiene abiertas líneas de comunicación parlamentarias discretas. La dirección popular no descarta explorar una mayoría alternativa “dentro de los límites constitucionales”, incluso con apoyo externo de Junts, si la legislatura queda herida de muerte.

El problema para la derecha es aritmético, aunque las formaciones conservadoras son mayoría en el Congreso. El PP necesitaría los votos de Vox y de otros grupos minoritarios, pero la ruptura total con el PNV y las reticencias de los independentistas dificultan cualquier mayoría estable. Aun así, en Génova no descartan un escenario de transición política: una moción de censura que permita el relevo de Sánchez por un perfil técnico y la convocatoria inmediata de elecciones generales.

El ambiente en Cataluña también empuja a Puigdemont hacia la ruptura. Junts pierde terreno ante Aliança Catalana, el partido ultranacionalista de Sílvia Orriols, que le disputa el voto independentista con un discurso más radical sobre inmigración y seguridad. Varios alcaldes de Junts, reunidos esta semana en Bruselas, exigieron endurecer la línea política para frenar la fuga de votantes. Este giro interno presiona a Puigdemont a distanciarse del PSOE y reforzar su perfil soberanista.

El Gobierno mantiene su confianza

La Moncloa, por su parte, intenta transmitir “tranquilidad”. Fuentes del Ejecutivo aseguran que Sánchez no se dejará arrastrar por “chantajes” y que sigue comprometido con el diálogo. “Llevamos siete años gobernando en minoría, sabemos hacerlo”, repiten los ministros. Sin embargo, el deterioro de la relación con Junts, las dificultades para aprobar los Presupuestos y los escándalos judiciales que salpican al PSOE dibujan un panorama cada vez más incierto.

La consulta de Junts puede convertirse en el punto de inflexión de la legislatura. Si la militancia aprueba la ruptura, Sánchez quedaría en minoría absoluta y el Gobierno pasaría a depender de una geometría parlamentaria insostenible. En paralelo, el PP vería una oportunidad inédita para forjar una alianza de derechas que, con el respaldo o la abstención de Junts, podría desalojar al presidente del Gobierno antes de 2027.

El tablero político español entra en una fase crítica. Junts mide su ruptura con el PSOE como un golpe de efecto en clave catalana, mientras el PP observa el movimiento como una posible puerta de entrada al poder. Entre la desconfianza y la aritmética, el futuro de la legislatura pende ahora de una consulta interna en el partido de Puigdemont que podría redefinir por completo el mapa político nacional. @mundiario

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