Montero se despide del Gobierno para disputar Andalucía y Sánchez prepara una remodelación clave
La salida de María Jesús Montero del Ejecutivo marca un punto de inflexión en la legislatura de Pedro Sánchez. Mientras la dirigente socialista se lanza a la batalla electoral en Andalucía con un discurso centrado en la sanidad pública, el presidente encara una inminente remodelación del Gobierno tras la marcha de una de sus figuras más influyentes durante los últimos ocho años.
El último Consejo de Ministros de la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda, breve en contenido, estuvo marcado por una despedida que trascendió lo institucional que pareció más bien el arranque de campaña del PSOE de cara a las elecciones andaluzas.
Sánchez no escatimó elogios hacia quien ha sido uno de los pilares de su Ejecutivo desde 2018. Su reconocimiento público —admitiendo que apenas la conocía cuando la incorporó al Gobierno— subraya el peso adquirido por Montero con el paso del tiempo: de perfil técnico a figura central en la arquitectura política del sanchismo.
Lejos de limitarse a un discurso de despedida, Montero convirtió su intervención en un auténtico mitin de campaña después en la sede del PSOE en San Vicente. La clave de las elecciones andaluzas está en movilizar a cientos de miles de votantes progresistas que se abstienen en los comicios autonómicos. Ese diagnóstico —proclamado primero en La Moncloa y ratificado posteriormente en Sevilla— define toda su estrategia. La candidata socialista asume que el problema no es tanto convencer como activar. Y lo hace desde una narrativa que combina experiencia de gestión y apelación emocional al voto.
“Voy a por todas”, trasladó a sus compañeros de gabinete, en una declaración que refleja tanto la dificultad del reto como la determinación con la que afronta una contienda en la que las encuestas no anticipan un cambio de ciclo en el otrora feudo del PSOE, hoy en día gobernado por la mayoría absoluta del PP de Juanma Moreno.
Sánchez pierde a su número dos y abre una nueva etapa
El salto de Montero a la política andaluza aterriza en la confrontación de modelos del Estado de bienestar. Su campaña pivota sobre los servicios públicos, con la sanidad como eje central, en contraste con la gestión del presidente Moreno. La candidata socialista plantea las elecciones como un plebiscito al estado del sistema sanitario, apoyándose tanto en su trayectoria como gestora como en su formación médica. La promesa de un “plan urgente” para reforzar la sanidad pública busca consolidar ese marco de debate.
Frente a ello, el PP intenta reabrir el pasado de Montero como consejera de Sanidad de la Junta de Andalucía bajo los gobiernos de Manuel Chaves y José Antonio Griñán, salpicados por la trama de los ERE, lo que anticipa una campaña centrada en la confrontación de modelos y de relatos sobre la evolución del sistema sanitario andaluz.
Además, la salida de Montero supone una reconfiguración del núcleo de poder del Gobierno. Durante años, la vicepresidenta ha sido una figura clave en la gestión económica, en la interlocución territorial y en la cohesión interna del Ejecutivo. Ahora, Sánchez se enfrenta a la necesidad de redefinir su equipo en un momento políticamente delicado. La posibilidad de un “superministerio” económico vuelve a la mesa, con nombres como Carlos Cuerpo en las quinielas, aunque la decisión final permanece en manos del presidente.
Más allá de los nombres, la remodelación tendrá un impacto estratégico ya que redefinirá equilibrios internos y marcará el rumbo del Gobierno en la segunda mitad de la legislatura.
Andalucía, la madre de las batallas del ciclo electoral
El movimiento de Montero confirma que Andalucía se ha convertido en un escenario político de primer orden para el Gobierno central. No solo está en juego el control de la Junta, sino también la capacidad del PSOE de recuperar terreno en uno de sus históricos bastiones. La implicación directa de Pedro Sánchez en la campaña refuerza esa lectura.
La batalla andaluza será, en buena medida, un termómetro del estado del electorado progresista y de la eficacia de las estrategias de movilización para revertir la tendencia hacia la baja en las encuestas de cara a las generales, a más tardar, en 2027. @mundiario



