Montero plantea un plebiscito sobre la sanidad y lanza a Sánchez para reactivar al votante progresista

Con el objetivo de movilizar a cientos de miles de votantes ausentes en comicios autonómicos, el PSOE articula una estrategia que pivota sobre los servicios públicos y el liderazgo del presidente del Gobierno para aprovechar cualquier resquicio de Moreno.
María Jesús Montero, ministra de Hacienda en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. / Hacienda
María Jesús Montero, ministra de Hacienda en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. / Hacienda

La candidata socialista María Jesús Montero encara las elecciones andaluzas del 17 de mayo como una batalla decisiva por la sanidad pública frente al modelo del presidente Juanma Moreno. Con el objetivo de movilizar a cientos de miles de votantes ausentes en comicios autonómicos, el PSOE articula una estrategia que pivota sobre los servicios públicos y el liderazgo de Pedro Sánchez en un contexto de desgaste contenido del Partido Popular.

La estrategia de Montero es nítida y pasa por simplificar el debate electoral hasta convertirlo en una disyuntiva clara entre modelos. Su discurso afirma que “nos jugamos la salud y la vida”, en una apuesta calculada para situar la sanidad pública en el centro del tablero político andaluz. “Vengo a rescatar a los ciudadanos del desgaste de los servicios públicos”, dijo la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda en la sede del PSOE-A de San Vicente rodeada de varios cargos de su Ejecutiva y líderes provinciales.

El enfoque responde a una lectura concreta del contexto, donde los sondeos sitúan la sanidad como la principal preocupación ciudadana, mientras la gestión del Gobierno de Moreno empieza a mostrar signos de desgaste tras escándalos como las irregularidades en los cribados de cáncer de mama, aunque aún insuficientes para provocar un vuelco electoral. Por ello, Montero ha afirmado que tiene un “plan urgente para salvar a la sanidad pública andaluza” si logra ser presidenta de la Junta de Andalucía porque “ya conocemos el proyecto de desmantelamiento de los servicios públicos y de privatización sanidad”.

Sin aportar datos, Montero ha dicho que el barón popular impulsa un modelo de copago en la sanidad pública andaluza. “Me consta y Moreno Bonilla sabe que me consta. Tengo datos, conversaciones y sé en lo que está trabajando. Yo no necesito trasladar bulos y mentiras. Él sabe a quién le consultó y a quién se lo dijo. Él sabe que yo lo sé. Y hasta ahí le puedo decir”, ha dicho a los periodistas, para ahondar en el “colapso sanitario” en Andalucía “no aguanta ni un día más, cada semana que pasa se le hace a Moreno Bonilla más cuesta arriba”.

El factor decisivo: 400.000 votos ausentes

Montero intenta así convertir una debilidad estructural del PSOE andaluz —la falta de movilización en autonómicas— en una oportunidad. El objetivo es activar emocionalmente a un electorado que sí responde en elecciones generales, pero que se abstiene en el ámbito regional.

El dato clave que guía toda la campaña socialista es la existencia de unos 400.000 votantes que apoyan al PSOE en generales, pero no en autonómicas. Ese diferencial explica, en gran medida, la pérdida de la hegemonía histórica del partido en Andalucía. "Que el electorado sea consciente de lo que nos jugamos", ha aludido la líder de los socialistas andaluces.

La candidata socialista tiene por delante el reto de reactivar. Su discurso insiste en que la abstención tiene consecuencias directas sobre los servicios públicos, una narrativa que conecta con la idea de “referéndum sanitario”. Sin embargo, por delante tiene movilizar sin generar rechazo en un electorado desanimado y cansado de transformar preocupación en voto, algo que las encuestas todavía no reflejan con claridad.

Pedro Sánchez como activo electoral

En este contexto, la figura de Pedro Sánchez emerge como elemento central de la estrategia. Lejos de esquivar su vínculo con el Gobierno central, Montero lo reivindica como palanca de movilización, pese a los pocos resultados que beneficiaron en Extremadura y Aragón a Miguel Ángel Gallardo, imputado en la causa contra el hermano del presidente David Sánchez, y Pilar Alegría, exportavoz del Gobierno y ministra de Educación. Ambos no pudieron desvincularse de La Moncloa, y Montero ha sido la número dos del presidente del Gobierno desde su primer mandato hace ocho años.

La estrategia parte de la premisa de que, si una fracción del electorado solo se activa en clave nacional, la campaña debe nacionalizarse parcialmente. La implicación directa del presidente del Gobierno busca replicar el comportamiento electoral de las generales en el ámbito autonómico.

No obstante, esta apuesta entraña riesgos. La oposición ha intentado convertir esa cercanía en un punto débil, atando la candidatura de Montero a la gestión estatal. El éxito de la estrategia dependerá de si el PSOE logra que el balance nacional sume más de lo que resta en clave andaluza. @mundiario

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