Reino Unido, a punto de una debacle política sin llegar a conseguir un líder sólido
Liz Truss se ha rendido, finalmente no es una dama de hierro como lo fue en su momento Margaret Thatcher, la única mujer que ha logrado permanecer en el cargo de primera ministra por un tiempo prolongado. Después de ella estuvo Theresa May, que se mantuvo en el máximo puesto del Gobierno entre 2016 y 2019. Tras las polémicas del Gobierno de Boris Johnson llegó al mando Truss, que no ha podido sostener el caos que hay en la política británica y ha dimitido tras 44 días en el puesto.
La primera ministra compareció a las puertas de Downing Street para anunciar ante los medios y la opinión pública su dimisión. “No puedo cumplir el mandato para el que me eligieron. He anunciado al rey mi decisión de dimitir”, afirmó en su declaración que la confirma como la primera ministra que menos tiempo ha durado en el cargo, también la última que nombró Isabel II antes de su fallecimiento.
Oficialmente sigue siendo la primera ministra tras acordar con el Partido Conservador, que practicamente forzó su salida, permanecer en el puesto hasta que se elija un sustituto en algún punto de la próxima semana, la fecha máxima ofrecida para acabar con la crisis.
Ante la crisis, la oposición de laboristas y liberal-demócratas se han apresurado a llamar a nuevas elecciones frente al propósito de los tories de elegir nuevo primer ministro. “El Partido Conservador ya no tiene un mandato para seguir gobernando”, declaró el líder de los laboristas, Keir Starmer. “La ciudadanía británica merece tener voz a la hora de decidir el futuro del país, y poder comparar el caos creado por los tories con los planes de la oposición para salir de este enredo”, añadió. Y a sus demandas se sumó Nicola Sturgeon, la ministra principal de Escocia, quien exigió nuevas elecciones, cuestión que considera “un imperativo democrático”.
La salida de Truss, nada sorprendente
En apenas un mes en el cargo, ya la primera ministra había logrado ganarse como enemigos a la mayoría de sus diputados tories, al Banco de Inglaterra, a los mercados y las principales instituciones económicas del país. Su caía en picada comenzó en el momento en que decidió sacar adelante su histórica rebaja de impuestos, valorada en más de 60.000 millones de euros, que según las máximas instituciones económicas del país amenazaban con causar un agujero en las cuentas públicas.
We delivered on energy bills and on cutting national insurance.
— Liz Truss (@trussliz) October 20, 2022
We have continued to stand with Ukraine and to protect our own security.
And we set out a vision for a low tax, high growth economy – that would take advantage of the freedoms of Brexit. pic.twitter.com/fi6rtdBRAf
Truss decidió sacrificar a su amigo y apoyo el ministro de Economía, Kwasi Kwarteng, que fue sustituido por Jeremy Hunt. Llegó a pedir disculpas a los conservadores, pero nada fue suficiente y ya se daba por entendido que Truss no llegaría a Navidad. En general, la opinión púiblica perdió toda confianza en Truss, que no sacó adelante un plan de Gobierno sólido y empezó a delegar funciones para intentar sostenerse en el cargo. El día anterior, Truss se había defendido ante la Cámara de los Comunes alegando que era una "luchadora, no una persona que se rinda”, y poco después su ministra de Interior, Suella Braverman, anunciaba su renuncia alegando un error administrativo, que sonaba más a excusas que a otra cosa.
Para concretar su salida, Truss se reunió con en Downing Street, con Graham Brady, el diputado encargado de organizar las mociones de censura internas o la convocatoria de nuevas primarias.A dicha reunión también acudieron Thérèsse Coffey, vice primera ministra, y el presidente del Partido Conservador, Jake Berry. Para calmar los ánimos, Brady prometió reglas claras y precisas para concertar la elección del próximo primer ministro, quedará por ver si el Partido Conservador logra salir del caos en el que está sumergido y también ha arrastrado a toda la política británica. @mundiario



