A largo plazo todos calvos, lema de la clase política

Un calvo. / Pixabay
Un calvo. / Pixabay

Y se desentienden, por interés propio o por falta de coraje, de la necesidad de acometer reformas urgentes.

A largo plazo todos calvos, lema de la clase política

Se acuerdan de nosotros en las campañas electorales, y entre una y otra se limitan a aparentar que trabajan, como ellos dicen, para  la ciudadanía y lo que realmente hacen es polemizar entre ellos, en muchas ocasiones de forma barriobajera. Supongo que ustedes habrán reparado en que me estoy refiriendo a la clase política, o a la casta política, como en otros tiempos -¡qué lejos están!- decían el señor Iglesias y sus correligionarios.

Pasan los años y los grandes problemas que tiene España se van pudriendo hasta que, en algún momento, la peste resulte insoportable. Ellos los conocen, pero o no se atreven a adoptar medidas enérgicas, porque generarían descontento en la plebe, o a ellos les interesa mantener el estatus actual para seguir mangoneando cuando la tortilla da la vuelta. Veamos algunas de ellas, a las que usted, lector, podrá añadir otras.

Reforma del sistema educativo mediante un amplio consenso, que proporcione estabilidad y eficacia a la formación de niños y jóvenes.

Reforma del régimen autonómico para conseguir  la máxima eficiencia de los recursos y la igualdad de servicios para todos los españoles.

Reforma del sistema de pensiones para garantizar su subsistencia y la equidad de las prestaciones en función de las cotizaciones individuales -con un margen para la solidaridad.

Reforma del sistema de elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial, con el objetivo de propiciar  la independencia real del poder judicial.

Reforma de la ley electoral, que tenga en cuenta la proporcionalidad y la necesidad de un porcentaje mínimo de votos en el ámbito de todo el Estado para obtener representación en el Congreso.

Medidas para hacer frente al problema demográfico.

Naturalmente, algunas de estas reformas implican la reforma de la Constitución; pero el escollo fundamental no sería éste, sino   la incapacidad de los partidos políticos para consensuar las modificaciones precisas.

Alguna vez habrá que hacerlo, porque hasta ahora nos hemos librado de algunas consecuencias negativas derivadas de los remilgos a la hora acometer esas reformas. Pongo un ejemplo: la línea sucesoria. ¿Qué habría sucedido si los reyes hubieran tenido un descendiente varón después de las infantas?

...pero ellos siguen pensando que, a largo plazo, todos calvos. @mundiario

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