La justicia alemana podría rechazar la extradición de Puigdemont por la ausencia de violencia o intimidación
En unas semanas veremos si el juez español recibe la primera censura a su imaginación a la hora de crear delitos de rebelión inexistentes. Porque aún hay jueces en Kiel. Aún hay jueces en Berlín.
La ley penal alemana castiga como delito de alta traición conductas similares al delito de rebelión del Código Penal español. Pero exige violencia o intimidación, en todo caso, como el delito de rebelión en el Estado español. Lo que ocurre es que la justicia en Alemania es ferozmente independiente. El relato de la violencia imaginaria del auto de Llarena va a ser examinado rigurosamente. Llarena podría sufrir el revés que no recibirá de sus compañeros de Sala.
El magistrado Llarena activó la euroorden de detención contra Puigdemont y los miembros exiliados de su Govern. Por tanto, la policía alemana ejecutó su arresto, que un juez habrá de ratificar o dejar sin efecto. En cualquier caso, si Puigdemont rechaza su entrega al Tribunal Supremo reclamante, será la justicia de Schleswig - Holstein la que decida si hay que ejecutar la extradición o no, en el plazo máximo de los sesenta días determinado por la Decisión-Marco del Consejo de 2002 que reguló la euroorden.
Alemania castiga conductas semejantes al delito de rebelión español. El artículo 81 de su Código penal castiga entre diez años y veinticinco años (efectivos) los delitos de alta traición contra la República Federal y entre un y diez años los delitos de alta traición menores. El artículo 83 castiga también los actos preparatorios de estos delitos. Por eso algunos opinadores urgentes destacaron la diferencia entre los regímenes penales alemán y belga, en abierto prejuicio del President catalán.
Claro es que la ley penal alemana, al tiempo que la española desde 1995, exige para que exista alta traición ya violencia, ya intimidación (force o threat of force, en la traducción inglesa oficial del Ministerio federal de Justicia ). O sea, que los abogados de Puigdemont ante la justicia alemana podrán combatir el relato del auto de procesamiento de Llarena.
Porque la resolución judicial emitida el viernes último por el Tribunal Supremo (que acordó el procesamiento de trece políticos catalanes por delito de rebelión), no justificó de manera ninguna la existencia ni de violencia ni de intimidación en las conductas desarrolladas por los distintos agentes políticos y sociales del procès. En este sentido, Llarena considera que ese requisito de violencia se cumplió con la actitud de los manifestantes del 1-O, cuando toda Europa y el mundo entero pudimos ver que la única violencia ese día fue determinada violencia policial.
En Alemania tanto la justicia estatal de Schleswig - Holstein como la justicia federal son independientes e interpretarán estrictamente los conceptos de violencia e intimidación. En unas semanas veremos si Llarena recibe la primera censura a su imaginación a la hora de crear delitos de rebelión inexistentes. Porque aún hay jueces en Kiel. Aún hay jueces en Berlin. @mundiario